Vivir con dermatitis atópica: qué es y cómo impactó la pandemia en la piel de los pacientes


El estado de los pacientes con dermatitis atópica empeoró en pandemia: la mitad de ellos no solamente sintió más picazón, sino que durmió menos, subió de peso, tuvo mayores niveles de estrés y discontinuó sus tratamientos.

Así se desprende de los datos de una encuesta con más de 500 participantes llevada a cabo por dos organizaciones de pacientes: la Asociación de Dermatitis Atópica Argentina (ADAR) y la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), que se dieron a conocer en el marco del Día Mundial de la Dermatitis Atópica.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta la piel. Las enfermedades atópicas son alteraciones en la respuesta de las defensas en diferentes órganos, como piel, pulmones, nariz, ojos y sistema digestivo, todos aquellos que tienen contacto con el exterior.

Si bien no hay datos oficiales respecto a las cifras en nuestro país, se estima que la padece el 10 por ciento de la población mundial. Es una enfermedad frecuente, que motiva un gran porcentaje de consultas dermatológicas.

Al rascarse, los pacientes pueden lastimarse aún más y aumentar el riesgo de infecciones.

En primera persona

Otro dato relevante es que suele aparecer en la infancia: el 85 por ciento presenta manifestaciones de la afección antes de los cinco años. Puede ocurrir que luego desaparezca, o que persista toda la vida.

En el caso de Martina, a quien si bien se le diagnosticó a los 9 meses por un brote, las placas tan características de la enfermedad comenzaron a aparecer con más intensidad a los seis años.

“Para Martina empezó a ser más difícil prestar atención en la escuela debido a la picazón, tuvo que cambiar su ropa por una que minimice los brotes. Incluso bañarse requiere un esfuerzo enorme para ella”, relata su mamá, María Alejandra Rubin, quien enfatiza la dificultad de encarar un cambio de hábitos radical producto de la afección.

Esta patoplogía se manifiesta desde la niñez en un 85 por ciento de los casos. Foto Shutterstock.

Esta patoplogía se manifiesta desde la niñez en un 85 por ciento de los casos. Foto Shutterstock.

La enfermedad, que no es contagiosa, cursa períodos de brotes de mayor o menor intensidad, y otros de calma. Quienes la padecen de manera moderada a severa suelen tener problemas para dormir y para realizar sus actividades cotidianas, siendo su síntoma más intenso la picazón intensa o el prurito, con irrtiación, enrojecimiento, dolor, costras e infecciones.

Es el caso de Gustavo, un paciente de 53 años al que le diagnosticaron dermatitis atópica hace aproximadamente siete. Según relata, comenzó con algunos síntomas, pero de un día para otro se aceleraron. “De pronto tenía todo mi cuerpo tomado, brotado. A esto se le sumó una alopecia universal en la que perdí todo el pelo”.

“Tenía un 70% del cuerpo tomado por la dermatitis, con manos y pies lastimados -continúa- Bañarme me costaba mucho, el agua me tocaba y era un dolor que me hacía llorar; mi mujer no dormía porque yo no podía parar de rascarme. Aumenté mucho de peso, no me reconocía la gente en la calle, empecé a no salir y me deprimí mucho”, resume.

La dermatitis atópica es considerada una enfermedad multifactorial, por lo que puede deberse tanto a factores genéticos (en su mayoría) como a ambientales o a defectos en las barreras que protegen la piel, así como a alteraciones inmunológicas.

La enfermedad en pandemia

“Partimos de la premisa de que este contexto tan adverso impactó en todos los seres humanos, pero los obstáculos pueden haber sido todavía más desafiantes para la comunidad de personas que conviven con una enfermedad crónica como ésta y en el contexto de nuestro país”, reflexiona Silvia Fernández Barrio, Presidente de AEPSO, respecto a las motivaciones para llevar a cabo el relevamiento.

Para poder jerarquizar el malestar experimentado por los pacientes respecto a su enfermedad durante la cuarentena, se les preguntó cuál era el sentimiento predominante. Así, la ansiedad apareció como el principal (52,9%), seguido de angustia (43,2%), cansancio (40,4%) y desgaste (39,6%).

Asimismo, durante la pandemia, el 55% de los pacientes calificó a su dermatitis atópica como moderada o alta. También aproximadamente la mitad de los participantes, manifestó que su enfermedad había empeorado, en comparación a la etapa previa a marzo de 2020.

Respecto a uno de los síntomas principales de esta patología, el 62,8% manifestó que la picazón durante la cuarentena fue (y sigue siendo) moderada o alta, un 41,3% más que antes. Es importante tener en cuenta que quienes experimentan picazón crónica e intensa tienen el triple de posibilidades de desarrollar depresión y el doble de experimentar ansiedad, según informan desde AEPSO y ADAR.

A su vez, el 18,1% de quienes se trataban discontinuó el tratamiento por motivos económicos, y 1 de cada 10 decidió sin consejo médico suspender la medicación por temor al COVID-19.

Seis de cada diez participantes manifiesta tener problemas para dormir. Foto Shutterstock.

Seis de cada diez participantes manifiesta tener problemas para dormir. Foto Shutterstock.

“También supimos de casos que estaban recibiendo tratamientos sistémicos y sufrieron interrupciones ‘burocráticas’ por el cierre de oficinas de las obras sociales y prepagas. Eso se restableció, pero daría la impresión de que los obstáculos persisten y nos preocupa el futuro del acceso a los tratamientos ”, plantea Fernández Barrio.

En el caso de Gustavo, su tratamiento logró efectos satisfactorios pero recientemente su cobertura médica dejó de cubrir los medicamentos, por lo que los brotes comenzaron de nuevo y el impacto en su calidad de vida, también.

El factor económico y la crisis desencadenada por la pandemia tuvieron su correlato en el tratamiento de la enfermedad: un 13 por ciento de los encuestados perdió su empleo, y un 7 por ciento dejó de contar con cobertura médica.

Obesidad, sedentarismo y estrés

En línea con lo que ocurrió con la población general, los participantes de la encuesta aumentaron, en promedio, 2 kilos en la pandemia, mientras que un 10 por ciento aumentó más de 10. También bajó la cifra de personas que realiza actividad física.

“A estos datos hay que prestarles atención, porque siendo una enfermedad sistémica e inflamatoria, está en estudio su vinculación con la obesidad y las complicaciones cardiovasculares, comorbilidades que ya fueron ampliamente demostradas en otras enfermedades como la psoriasis”, destaca Paula Luna, médica especialista en Dermatología y Dermatología Infantil del Hospital Alemán.

En tanto, 6 de cada 10 pacientes consideran que su nivel actual de estrés es elevado o muy elevado, un 34% más que en el mundo prepandemia. Por otro lado, también 6 de cada 10 afirman que la calidad de su sueño actual es regular o mala y para el 37,8% empeoró.

“Durante el inicio de la cuarentena muchos tratamientos en salud mental se vieron interrumpidos debido a que los psicólogos no habíamos sido declarados personal esencial y debimos detener los tratamientos. Por diferentes motivos muchos pacientes no han podido adaptarse a la telemedicina, lo que ha agravado aún más su situación”, analiza para cerrar Laura Resnichenco, psicóloga miembro de ADAR.



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