una vida entre el éxito y la lucha contra la enfermedad de Parkinson


Con 29 años encima y Michael Fox entró en los ’90 con todo a favor. A los 29 años, las tres películas que protagonizó como Marty McFly de Volver al futuro (1985-1990) le habían dado una fama eterna, además de una abultada cuenta bancaria, llevaba tres años casado y su hijo se encaminaba a cumplir sus dos años, mientras él rodaba Doc Hollywood.

Cuando se tomaba un recreo para mirará por un ratito hacia atrás, se reencontraba con sus tres Emmys y un Golden Globe, que conquistó también como el lobizón que surfeaba en una van en Muchacho lobo (1985) y el humilde y ambicioso empleado de El secreto de mi éxito (1987).

El muchacho nacido en la ciudad canadiense de Alberta estaba en la cumbre de su carrera y su vida familiar bordeaba el mundo ideal. Nada podía fallar.

Michael Fox, en una imagen icónica del filme Volver al futuro, de 1985.

Pero falló.

Una señal y el peor pronóstico

La primera señal que le indicó a Fox que algo no andaba bien fue un dolor molesto en un hombro y, enseguida, el temblor en el meñique con el que despertó una mañana, en un hotel de Florida, le encendió las luces de alerta. Una especie de sismo conmocionaba aquel paisaje ideal solo interferido por una incipiente exagerada pasión por la cerveza.

El diagnóstico tardó un año en llegar, pero fue inexorable como la enfermedad a la que se enfrentaba: el temblor que iba ganando presencia en su cuerpo ahora tenía nombre y apellido, y de un plumazo el Parkinson llenó de nubarrones oscuros el futuro del actor.

De pronto, con la voz de su neurólogo advirtiéndole que no le quedaban más de diez años de carrera retumbando en su cabeza, las prioridades de Fox habían entrado en conflicto. Con el alcohol ganando protagonismo rápidamente, lo que se venía tenía pronóstico reservado.

El reencuentro de Christopher Lloyd y Michael J. Fox a 35 años del estreno de "Volver al Futuro". (Foto: @mrchristopherlloyd)

El reencuentro de Christopher Lloyd y Michael J. Fox a 35 años del estreno de “Volver al Futuro”. (Foto: @mrchristopherlloyd)

“Me fui aislando de mi familia”, recordó en alguna entrevista el actor, que también guardó en su memoria la noche de 1992 en la que regresó a su hogar en tal estado que ni siquiera atinó a llegar a su cama, para derrumbarse. Apenas si logró caer sobre un sillón, donde a la mañana siguiente lo encontró el amor de su vida, Tracy Pollan.

“Miré lentamente a mi mujer de los pies a la cabeza esperando encontrarla realmente enojada, pero no lo estaba. Estaba aburrida”, reveló Fox más adelante que le preguntó su esposa desde 1988, quien además le preguntó si era esa lo que quería para él. Santo remedio. “Me di cuenta que podía seguir adelante”, admitió.

A partir de entonces, el activismo para dar con la cura del Parkinson y también para buena parte de las investigaciones que contribuirán a mejorar la calidad de vida de muchísimos pacientes más allá de los Estados Unidos se convirtió en uno de los focos en la vida de Michael J. Fox, que institucionalizó con la creación, en el 2000, de la Michael J. Fox Foundation for Parkinson’s Research.

Al mismo tiempo, Fox inició un proceso de terapia que lo ayudó en su tarea necesaria de aceptar la situación con la que debería convivir por el resto de sus días, a tal punto que en 1998 decidió hacerla pública. 

El humor y el Parkinson. Michael J. Fox interpretaba a un alter ego, que padecía su misma enfermedad.

El humor y el Parkinson. Michael J. Fox interpretaba a un alter ego, que padecía su misma enfermedad.

Pero eso no hizo que abandonara la actuación, que mantenía entrenada a través de distintos roles en series de televisión como Boston Legal, The Good Wife, The Good Fight y Scrubs, y poniéndole su voz a varias producciones televisivas y largometrajes de animación, de los cuales Stuart Little, un ratón en la familia, fue el más exitoso.

La familia, un pilar irremplazable

Claro que Fox no estaba solo; nunca lo estuvo, en la pelea cotidiana que emprendió contra un enfermedad de esas que hacen que quien la padece deba lidiar una y otra vez con el deseo de mandar todo al demonio y abandonarse a la voluntad del maldito Mr. Parkinson.

Junto al actor, haciéndole bastante más que el aguante, jamás dejaron de estar ni su amada Tracy Pollan, a quien conoció en 1982 cuando rodaban juntos la sitcom Enredos de familia, ni sus cuatro hijos: Sam Michael, que nació en 1989; las gemelas Aquinnah Kathleen y Schuyler Frances, de 1995; y Esme, modelo 1997.

Con la más pequeña ya en la universidad, la pareja ahora volvió a una especie de situación original, 30 años después. “Después de mucho tiempo tendremos que acostumbrarnos a ser nuevamente nosotros dos, tendremos que viajar y conocer nuevos lugares”, señaló Fox, quien en 2018 debió enfrentar otro desafió crucial.

Tracy Pollan y Michael J. Fox, una pareja que demostró que a veces sí, el amor es más fuerte. Foto Brent N. Clarke/Invision/AP

Tracy Pollan y Michael J. Fox, una pareja que demostró que a veces sí, el amor es más fuerte. Foto Brent N. Clarke/Invision/AP

Por entonces, al actor le encontraron un tumor en la médula espinal, que si bien no era cancerígeno le producía un gran dolor y, lo peor, crecía a pasos agigantados. “Si no me operaba, iba directo a una parálisis”, contó.

A la exitosa cirugía, le siguió una rehabilitación de cuatro meses que incluyó aprender a caminar casi desde cero. Nada que Fox no pudiera enfrentar, acostumbrado a la lucha cotidiana que mantiene desde 1991. Y llegó a aceptar participar en el filme See You Yesterday (2019), de Spike Lee.

El cierre de una etapa

Sin embargo, no le fue bien en la patriada. El día del inicio del rodaje, Fox, que había regresado solo de sus vacaciones familiares se cayó en la cocina de su casa de Nueva York y se fracturó un brazo.

Fue como otra señal. “Me rompí. Estaba apoyado en la pared de la cocina, esperando una ambulancia y me sentía como: ‘No puedo caer más bajo’“, contó después el actor.

Y agregó: “Fue el momento en el que me cuestioné todo. Me dije: ‘No puedo poner buena cara ante esto’. No hay una parte buena, no hay un lado luminoso. Todo es dolor y lamento. El Parkinson, la espalda, el brazo…”

Michael Fox presentó su nueva biografía a fines del año pasado, con una mirada un poco menos optimista que la que mantenía unos años atrás. Foto IG

Michael Fox presentó su nueva biografía a fines del año pasado, con una mirada un poco menos optimista que la que mantenía unos años atrás. Foto IG

Después de muchos años de plantarse frente a la adversidad, el actor comenzó a pensar que tal vez era el momento de tomar una decisión, y se planteó si tenía sentido mantener su discurso positivo: “¿Cómo voy a decirle a esa gente: ‘La frente en alto. Busquen el lado bueno. Todo va a salir bien’?”.

Se avecinaba el cierre de una etapa en su vida, que no tardó en llegar.

Mi memoria a corto plazo está destruida. Siempre tuve una gran facilidad para las frases y la memorización. Y tuve algunas situaciones extremas porque en el último par de trabajos que hice, interpreté papeles con muchas palabras y tuve problemas con ambos”, anunció el eterno Marty McFly en noviembre del año pasado, durante una entrevista que ofreció a la revista People.

La nota era a propósito de la publicación de su última biografía, No Time Like the Future,  que debió dictar en vez de escribir. A esta altura de su avance, la enfermedad se lo impide. 

No obstante, y pese a tener también que lidiar con delirios y cierto grado de demencia que lo hace ver gente allí donde no hay nadie, a confundir a sus gemelas y a buscar las llaves de un auto que hace años que ya no maneja, Fox dice que no cambiaría su vida por otra. Y así lo señaló, sin eufemismos, en una entrevista reciente.

“Todavía puedo pensar; con un poco de esfuerzo, me puedo mover; tengo una familia que amo, y me puedo comunicar, puedo expresar afecto y decirles que los quiero. Claro que elijo mi vida, ¿qué más podría pedir?”.

E.S.



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