Una PlayStation dentro de la TV: la moda de los televisores con consolas integradas que duró 30 años y desapareció para no volver


Hubo una época en la que el 2×1 era algo más que una estrategia para vender hamburguesas y pizzas. Cuando eran nuestros padres los que los pagaban, la moda de los combis nos entregó neveras con congelador, las furgonetas con carga y asientos, televisores con VHS o DVD y, aunque en menor medida, también teles con consola integrada.

Desde Odyssey hasta Dreamcast, pasando por clásicos como NES y cacharros más “modernos” como PS2, los fabricantes de televisores pronto vieron un filón en el auge de los videojuegos y, como ya habían hecho con otros avances del entretenimiento, decidieron integrarlos dentro de la televisión.

Una excusa para vender más teles

La idea de meter una consola dentro de una tele se la debemos a una compañía que siempre llevó lo de ir un paso más allá por bandera. Magnavox, creadores de la que también sería la primera consola comercial, ya llevaban años rompiéndose los cuernos para incluir los reclamos más variopintos en su gama de televisores.

Sin 4K o negros más negros que sirviesen de excusa para destacar entre la competencia, en Magnavox saltaron de las teles con mueble incorporado a las teles dentro de un mueble, y a partir de ahí fueron añadiendo mejoras que, pasando por cosas más terrenales como el color o los altavoces, acabaría en monstruos como un mueble gigante con radio integrada y tocadiscos.

Como era de esperar, el éxito de la Magnavox Odyssey les impulsó a crear también una televisión con consola integrada, permitiendo así que pudieses enchufar un par de mandos para, sin necesidad de ningún cacharro adicional, pudieses jugar a su particular Pong en tu salón de 1976.

La idea fue lo suficientemente llamativa para que, apenas un año después, una empresa finlandesa lanzase su propia versión, la Salora Playmaster, pero para ver explotar la idea tocaría esperar un poco más e irse algo más lejos. Los 80 y el mercado japonés estaban a punto de ir un paso más allá.

Integrada

La entrada de Nintendo en el negocio de las teles

Allá por 1983, a los ejecutivos nipones de Sharp se les ocurrió la grandísima idea de lanzar uno de sus televisores de 14 pulgadas -ojo ahí- en colaboración con Nintendo. En sus tripas, la Famicom que la gran N pondría a disposición del público en formato videoconsola.

Aunque no han trascendido datos sobre el número de unidades fabricadas o vendidas, es de esperar que lo poco que se pusiese en el mercado acabase volando, especialmente porque la My Computer TV C1, como se le conocía en las tiendas, era la mejor forma de disfrutar de la NES.

Por la calidad de imagen que ofrecía en comparación con las Famicom y NES conectadas de forma tradicional a un televisor, la televisión de Sharp era el cacharro que utilizaban los medios de la época para conseguir las mejores capturas posibles para sus revistas.

Sharp

Aunque tardó en aterrizar en suelo estadounidense -lo hizo en 1989 con un nuevo modelo que subía hasta las 19 pulgadas-, la idea debió funcionar mejor en Japón, lo que motivó que que Sharp repitiese la jugada con la Super Famicom TV SF1, un modelo que incluía la versión nipona de Super Nintendo en dos modelos de 21 y 24 pulgadas.

Los últimos coletazos

Con ideas similares se sumaron compañías como NEC, que creó un monitor con altavoces y un PC Engine integrados en una locura que acabó superando los 138.000 yenes (algo más de 1.000 euros al cambio), y luego volvió a intentarlo con varios modelos de su PC Engine GT, una tele portátil con la videoconsola de NEC integrada.

Ninguna consiguió un éxito desmedido en ese sentido, ni siquiera Phillips, que intentó en dos ocasiones integrar su mítico y vilipendiado CD-i en los televisores, primero en un modelo propio que sólo se repartió por Europa y luego en una colaboración con Bang & Olufsen en un mastodóntico sistema de entretenimiento.

Dreamcast

Los últimos coletazos del invento los pegaron Sega y Sony en el 2000 y el 2010. La primera rompió el molde con el mejor cacharro posible, una tele que miraba al iMac de la época para dar forma a una cabeza de Sonic con una flamante Dreamcast en su interior. Un bicho que no salió de Japón, donde costaba alrededor de unos 700 euros al cambio actual, y que desde entonces se ha convertido en objeto de coleccionista.

Con un diseño bastante más comedido cerraba la moda Sony con una Bravia de 22 pulgadas cuya base servía de PS2 integrada y lector de DVD. 300 pavos de tele que ahora nos puede saber a poco pero que en su época era todo un salto adelante. Y así, con esa última voltereta, la idea de unir televisión y videoconsola se abandonó por completo. Al menos hasta que el juego en la nube reformuló el concepto.

Bravia

Imagen | Chris Ainsworth



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