Una familia que integró la agricultura con la ganadería y apuesta a seguir creciendo pese a las medidas del Gobierno


Podría decirse que el norte argentino viene llevando adelante varias transformaciones productivas: el desembarco de la soja, el mayor protagonismo del maíz, la intensificación ganadera, la mixtura de todo y hasta el negocio forestal. La genética (vegetal y animal) y las nuevas tecnologías son la punta de lanza, pero también el conocimiento aplicado en las rotaciones y la sapiencia para saber dónde poner a “jugar” cada actividad para que pueda dar el máximo.

Aeroaplicaciones, agricultura y ganadería (esta última actividad hace apenas 7 años) son las tres patas de la empresa Agroalas, que la familia Seiler lleva adelante en el norte argentino en tres provincias: Salta, Santiago del Estero y Tucumán.

“En realidad, somos de Isla Verde, en el sudeste de Córdoba, pero mi padre (Santiago Seiler) se vino cuando tenía 19 años a trabajar como piloto de la empresa AgroAlas, y después de varios años de trabajo, en los años 90 compró la empresa”, recordó Federico Seiler, hijo de Santiago que hoy tiene 68 años.

Cuando Seiler compró la empresa le dio otro vuelo. A las aplicaciones aéreas de fitosanitarios, que ya habían sumado las siembras aéreas que acompañaban el desembarco de la siembra directa en la zona le fue sumando actividades. “Mi padre vio en el norte una tierra de oportunidades, le llamó la atención la dimensión de los campos que se podían aprovechar, animó y se vino”, contó Federico.

El feedlot tiene capacidad para 10.000 animales.

Seiler se envalentonó y empezó a hace agricultura hasta que en 2009 compraron un campo en Copo Quile, el sureste salteño, a 30 km de Rosario de la Frontera y comenzó el derrotero ganadero. Es una zona de 600 milímetros de suelos franco- arenosos, muy ricos en fósforo, que están en el límite para hacer agricultura pero son muy buenos para hacer ganadería.

“En realidad lo imaginamos para agricultura y cuando pudimos sembrar en 2013 nos fue mal, la verdad es que era un campo ganadero, por eso decidimos empezar a hacer una recría pastoril de verano que se termina con un encierre, además, el año pasado empezamos a hacer algunas pruebas con la cría, pero no nos da la superficie para, tenemos que incorporar otro campo, estamos en ese camino”, resumió Federico Seiler en diálogo con Clarín Rural.

En lo agrícola, la empresa tiene un esquema de 33% de soja, maíz y legumbres, mayormente poroto negro, con algo de poroto colorado. También tienen sembrado algo de azúcar.

¿Por qué carne?

La empresa ya estaba diversificada, sin embargo, hace una década decidieron sumar la ganadería. Por eso, surgió la pregunta: ¿Por qué ahora? “Coincidieron varias cosas, por un lado ese campo que compramos pensando que era agrícola y terminó siendo limitante para producir granos pero de excelente aptitud ganadera, por otro que siempre pensamos en poder agregarle valor a los granos que producimos y, finalmente, que a mí siempre me gustaron los animales, por eso hice fuerza para que apostáramos a esto”, resumió Seiler.

El campo de Copo Quile, sobre la ruta 34, destinado a ganadería tiene unas 1200 hectáreas de agricultura que se destinan a la producción de maíz grano, maíz picado y un porcentaje que va a la rotación para hacer sustentable la agricultura.

Vista aérea del feedlot, que está habilitados para Cuota 481.

Vista aérea del feedlot, que está habilitados para Cuota 481.

Compran terneros un promedio de 1500 terneros por mes (salvo noviembre que compran más porque en parte van a pasto) de 180 kilos, generalmente a criadores de la zona. Salta es una gran productora de terneros. Si es en verano mandan una parte a recriarse en el pasto, si es invierno van todos a los corrales.

“Una de las cosas que hace fuerte este campo es que podemos hacer una buena recría pastoril de verano, metemos 3000-4000 terneros en las pasturas y ganamos 60-70 kilos baratos, incluso ahora estamos desarrollando 500 hectáreas más para esto”, contó Seiler. Y agregó: “Es un buen porcentaje de terneros que suman kilos a pasto dentro de los 20.000 que producimos al año y eso hace que el sistema sea sustentable”.

Las pasturas son gatton panic, grama rhodes, y le dan al animal 400-500 gramos por día de ganancia de peso. “Una vez implantada la cuidamos y la podemos hacer durar 20-30 años acá en el norte”, contó Seiler.

Avanzado el otoño, cuando caen las primeras heladas y los animales se vienen al corral se terminan con un balanceado para llegar a los 400 kilos. Cuando están en los corrales sin haber pasado por el pasto reciben tres dietas: la de iniciación o adaptación; cuando ya se acostumbraron y tienen el plan sanitario van a dieta de recría que es fuerte en silo de maíz; y finalmente dieta terminación que es fuerte en grano.

La empresa familiar comenzó con las aplicaciones aéreas.

La empresa familiar comenzó con las aplicaciones aéreas.

“Desde que empezamos, el margen económico del campo fue siempre estable, lo cual es bueno, la ganadería te da una caja chica que es importante para cualquier empresa”, reconoció Seiler.

Sumar la cría

Con un feedlot de 10.000 cabezas de capacitad instantánea Seiler estima que necesitarían tener unas 30.000 madres para abastecerlo con cría propia. Algo imposible en el campo que tienen actualmente.

“El año pasado hicimos una compra grande de terneras de cabaña y yo me puse firme con que esa genética no podíamos venderla como carne, que teníamos que hacer todo el proceso para que sean madres y hoy están en el campo en el pasto pensando que las vamos a preñar pero la realidad es que no podemos sistematizar esto porque puede complicarnos el pastoreo de verano que tenemos con los terneros, nos complicaría la rentabilidad que nos da el pasto en ese porcentaje de terneros que mandamos a recriar al pasto”, relató Seiler.

Sin embargo, la idea está firme y cuando surja la oportunidad de comprar otro campo allí irán las madres para tener sí, el ciclo completo.

Seifer

Seifer

Entre las cosas que cambiaron, una fue que empezaron a comprar genética de calidad. “Esa decisión, que tomó mi padre, cambió todo, y hoy se nota porque ofrecemos una carne de un nivel superior, y los clientes lo valoran”, aportó Seiler. Y agregó: “Otra cosa para destacar es toda la tecnología que se puede poner al servicio de la producción, por ejemplo, con caravanas electrónicas para hacer una trazabilidad del animal y permite tomar mejores decisiones”.

También trabajan apuntalando las buenas prácticas ganaderas. “No sólo el plan sanitario, sino también el manejo de la hacienda, todo lo que pueda hacerse para mejorar el bienestar del animal es una gota que suma al final del ciclo”, opinó Seiler. Se refiere al trabajo con banderas en el arreo, mantener los horarios de comida por el acostumbramiento del animal y planificar.

El desafío social

Consultado sobre los retos que tiene por delante la ganadería en el norte argentino, sin soslayar lo político (que impacta en lo económico), Seiler apuntó directo a lo social, que incluye los recursos humanos para trabajar en el campo y el contexto en el que se desarrolla el negocio.

“Para mí, el nuevo desafío que tenemos es con la gente, el respeto por los horarios de trabajo, el acostumbramiento a convivir con las nuevas tecnologías, que quieran vivir en el campo, muchas cosas que antes se daban por sentadas y hoy empiezan a costar un poco, porque en muchos casos son conocimientos que eran hereditarios y hoy esos hijos eligen otra actividad”, opinó Seiler.

Incluso, Seiler consideró que en las facultades de agronomía deberían tener una materia de recursos humanos, “porque el manejo de la gente es clave para nuestro negocio futuro, es nuestro desafío más grande”.

“En el medio de la incertidumbre uno piensa en los hijos, es algo que no podemos manejar mucho, te diría que lo económico no es lo que nos desvela, pero sí nos preocupan los robos, de hacienda y en el pueblo, esas cosas que te hacen repensar lo que hacés”, lamentó Seiler.

El desafío económico

“Si vamos a hablar de lo económico los números ganaderos son finitos, pero por suerte no son negativos”, apuntó Seiler. Aunque advirtió: “Cuando los comparás con un negocio financiero cualquiera, otra persona, más fría, te dice que ni loco pone semejante cantidad de plata para tener un retorno del 10% en pesos, ´Llevala al banco´, te dicen, nosotros lo hacemos porque cerramos una integración y los beneficios van más allá de ese 10%”, relató Seiler.

“Después está lo político. Medidas como el cierre de exportaciones. Antes de maíz. Ahora la carne. La falta de reglas claras te sacan las ganas”, afirmó, con un tono de desazón, Seiler. Y agregó: “La gente de campo no manda la plata al exterior, toda la plata que hacemos la reinvertimos en más animales, en infraestructura, en máquinas, y la falta de confianza afecta todo eso”.

En el caso puntual del cepo a las exportaciones de carne, Seiler contó que ellos venden todas las semanas durante todo el año y, “lógicamente, no haber vendido dos semanas nos afectó, porque justo entran muchos vencimientos de la agricultura, cosas como esta hacen que en vez de llevar los animales a 500-600 kilos para exportación tengamos que quedarnos en 400, una pena”.

Hoy tienen todo integrado, incluso están habilitados para Cuota 481. Las aeroaplicaciones están certificadas con normas ISO y producen soja RTRS. En el norte, la ganadería juega sus cartas codo a codo con la agricultura, ocupando los espacios que a cada una más le conviene. “Los defensores a defender, los atacantes a atacar, cada negocio atiende su juego”.



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