Una ex número 1 junior y una doblista: las historias de Pavlyuchenkova y Krejcikova, las sorprendentes finalistas de Roland Garros


Roland Garros tendrá nuevamente una campeona impensada. Tras la sorprendente consagración de Iga Swiatek en 2020, este año el trofeo se lo llevará la checa Barbora Krejcikova, una de las mejores doblistas del mundo que se negó a ser encasillada en ese rol, o la rusa Anastasia Pavlyuchenkova, ex número 1 junior llamada a ser la heredera de Maria Sharapova pero que superó unos cuartos de final de un Grand Slam recién en París, a los 29 años.

En agosto de 2005, Sharapova se convertía en la primera rusa en dominar el ranking de la WTA mientras una nena de 14 años asomaba como la nueva promesa del tenis de su país. Se trataba de Pavlyuchenkova, quien al año siguiente terminó como número 1 del mundo junior, tras ganar seis títulos, entre ellos el Abierto de Australia y el US Open. Sin embargo, cuando en 2007 empezó a codearse con las profesionales, el tenis se convirtió en su pesadilla. Hasta ahora, que volvió a meter a una rusa en una final de Grand Slam tras seis años.

“Guau, lo deseaba tanto que ya no sé lo que siente, son muchas emociones, estoy muy contenta pero también muy cansada. Es mi primera final, tengo ganas de divertirme, de jugar bien, y poco importa el resultado”, dijo este jueves en París, tras vencer a Tamara Zidansek (85°) por 7-5 y 6-3. Ya tiene 29 años y 52 participaciones en Grand Slams, lo que la convierte en la tenistas que más grandes disputó para acceder a una final. Hasta ahora, el récord era de la italiana Flavia Penneta (49).

El beso de Pavlyuchenkova. La rusa quiere hacer historia en Roland Garros. Foto EFE/YOAN VALAT

A lo largo de su carrera, la 32° del mundo había disputado hasta en siete ocasiones los cuartos de finales de los diferentes Grand Slams. Esta vez, la historia fue distinta en París: avanzó a semifinales, donde se impuso a una rival seis años menor para buscar su 13° trofeo como profesional, y ya se aseguró volver al top 20 -ranking que no tiene desde enero de 2018-, aunque podría ser 14° de ganar en el polvo de ladrillo francés.

Además, será la primera rusa en una final en París desde que en 2014 lo hiciera Sharapova y la primera en cualquier Grand Slam desde Australia 2015, cuando también Sharapova perdió con Serena Williams. Pasaron seis años y 24 Grandes.

Seguramente, este es un presente que Pavlyuchenkova no imaginaba hace cuatro años, cuando atravesó una fuerte crisis personal. “No disfrutaba jugando al tenis, no disfrutaba haciendo nada. No sabía si debía seguir porque me sentía atrapada, agotada. Estuve así dos años, sin saber qué hacer para superarlo”, contó el año pasado en Behind The Racquet.

En la final chocará con otra mujer que debió pelear contra los pronósticos para llegar hasta ahí: la checa Barbora Krejcikova, de 25 años y 33 del ranking de la WTA, donde se destaca su posición en dobles, como la séptima del mundo. “Con 22 años me habían etiquetado como una especialista”, dijo hace un tiempo, cuando confesó su frustración al no poder despegar en el circuito como singlista porque había llegado a la cima del ranking de dobles.

El beso de Barbora Krejcikova. Quiere ser la segunda checa en ganar en París. Foto EFE/EPA/YOAN VALAT

El beso de Barbora Krejcikova. Quiere ser la segunda checa en ganar en París. Foto EFE/EPA/YOAN VALAT

“Todo el mundo me puso una etiqueta de jugadora de dobles, pero nunca pensé en no jugar en individual. Con 22 años ganamos nuestros primeros Grand Slam, en ese momento pensé que no quería ser una especialista con 22 años. Quería jugar individuales, trabajar duro, mejorar mi juego. Quería jugar contra las mejores en el circuito de singles. Pero era frustrante ver que no podía llegar”, reconoció.

Hace nueve meses, Krejcikova estaba fuera del top 100 y, tras su actuación en Francia, se pondrá entre las mejores 25 del planeta. “Ahora me siento feliz, aprecio mucho haber llegado hasta aquí, ver que puedo hacerlo bien rodeada de todas estas atletas increíbles. Es muy agradable cuando tengo un punto de partido y consigo cerrarlo, ahí es cuando levanto las manos y disfruto del momento. Siento que estoy donde quiero estar, donde siempre quise estar”, reforzó.

En todo este tiempo, su mente jugó un rol clave. Tal es así que en la previa del partido contra Sloane Stephens, con el que consiguió clasificarse por primera vez a los cuartos de final de un Grand Slam, sufrió un ataque de ansiedad.

“A falta de media hora me encerré en una habitación a llorar. Tuve que encerrarme en la sala del fisioterapeuta y hablar con mi psicólogo, ahí empecé a llorar. Me sentía muy mal y no entendía por qué”, reveló.

Este jueves, cuando levantó un match point y venció a la griega Maria Sakkari por 7-5, 4-6 y 9-7 en 3 horas y 18 minutos, quedó a un paso de inscribir su nombre en la historia, ya que puede convertirse en la segunda checa en ganar el torneo, después de que en 1981 lo hiciera Hana Mandlikova. Dueña de un juego que la llevó a destacarse en soledad, también buscará la final en el cuadro de dobles femenino, junto a su compatriota Katerina Siniakova.



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