Un año de coronavirus: la epopeya de la ciencia para conseguir la vacuna


2020 empezó con el reporte de casos de una neumonía atípica en la ciudad china de Wuhan que encendían la alarma global. Apenas 10 días llevó secuenciar el código genético del agente que la provocaba y que empezó a propagarse por el mundo: un nuevo integrante de la familia de los coronavirus, el SARS-CoV-2. Con esa información disponible, científicos de diferentes países se embarcaron en la tarea de desarrollar candidatas a vacuna contra Covid-19. El número de casos y muertes creciendo en forma exponencial imprimieron una prisa inédita que desembocó en un logro histórico: tras obtener resultados preliminares más que satisfactorios en los ensayos clínicos, varias vacunas eficaces y seguras empezaron a aplicarse en población general a menos de un año de iniciada la pandemia.

Nunca una vacuna había pasado tan rápido de las mesadas de laboratorios a los brazos de las personas. Se calcula que un proceso normal demanda de 5 a 10 años, e incluso hay virus, como el VIH, que lleva entre nosotros casi cuatro décadas, para el que no hay vacuna (una se encuentra en fase avanzada de investigación clínica). Anthony Fauci, el mayor experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos, quien se ganó la condena del ex presidente Donald Trump por contradecirlo en diversas oportunidades, estimaba que el desarrollo demandaría no menos de 12 a 18 meses.

Pero la peor pandemia del último siglo alteró todo lo que conocíamos como normalidad.

¿Se resignó seguridad? No. La seguridad de las vacunas se prueba desde las primeras fases de investigación -en caso de no verificarse, no se avanza- y continúa incluso después de que son administradas a la población, a través del sistema de vigilancia de efectos adversos.

¿Qué fue entonces lo que permitió acelerar tanto el proceso? Por un lado, hubo investigadores que desempolvaron proyectos contra los virus del SARS y el MERS –otros integrantes letales de la familia de coronavirus-, pero que luego de que esos brotes fueran controlados habían sufrido una pérdida de interés.

Por otro, los fabricantes de vacunas hicieron correr en paralelo procesos que en otro momento ocurren en forma sucesiva. De hecho, se empezó a producir a riesgo, antes de que los estudios clínicos hubieran arrojado resultados positivos. La amplia colaboración internacional, abultadas inversiones, cronogramas acelerados, alianzas estratégicas, uso de tecnologías innovadoras y la expansión de la capacidad de manufactura fueron algunos de los factores que hicieron posible el hito.

Además, se utilizaron plataformas de vacunas ya probadas con anterioridad y, en el caso de otras innovadoras, como las basadas en ARNm (las de Pfizer-BioNTech y Moderna) fueron elaboradas utilizando un método que estuvo en desarrollo durante varios años, lo que permitió adaptarlo a la urgencia de la pandemia.

Cada adulto mayor vacunado es una alegría familiar. Foto Juan José García

Cada adulto mayor vacunado es una alegría familiar. Foto Juan José García

Plataformas pioneras y viejas conocidas

Así, el SARS-CoV-2 se convirtió en el primer agente infeccioso en tener fórmulas autorizadas basadas en ARNm, la última tecnología en vacunas y que, se espera, ayuden a dar respuesta rápida ante futuras pandemias.

Este tipo de vacunas se basan en un enfoque pionero que utiliza ARN para generar la proteína Spike (esas “puntas” que el virus usa para unirse a las células humanas e invadirlas), que por sí sola desencadena una respuesta inmunitaria contra el coronavirus. La vacuna de Pfizer-BioNTech (llamada Comirnaty) fue la primera en obtener luz verde en países occidentales, luego de que los resultados preliminares de fase 3 arrojaran una eficacia del 95%. En Argentina -que tuvo un aporte sustancial en la última fase de investigación clínica-, fue autorizada para su uso de emergencia, pero no se llegó a un acuerdo con la compañía para el suministro de dosis.

También se desarrollaron vacunas basadas en plataformas más conocidas:

  • Las inactivadas, que utilizan el virus previamente inactivado, de modo que no provoca la enfermedad, pero genera defensas en el organismo. Las elaboradas en China por Sinovac y Sinopharm usan esa tecnología.
  • Las basadas en vectores virales, que utilizan un virus distinto al SARS-CoV-2 y genéticamente modificado que tampoco produce enfermedad y genera una respuesta inmunitaria segura. La Sputnik V, del laboratorio Gamaleya, combina dos adenovirus (causantes del resfrío común), el 26 en el primer componente y el 5 en el segundo. La de Oxford-AstraZeneca usa un adenovirus de chimpancé. La de Janssen (de Johnson y Johnson) es de una sola dosis y usa el 26.
  • Y las basadas en proteínas, como la de la estadounidense Novavax, utilizan fragmentos inocuos de proteínas o estructuras proteicas que imitan el virus causante de Covid-19, con el objetivo de generar una respuesta protectora en el organismo.

Los resultados preliminares de eficacia han superado también las expectativas: varían del 66% al 95% (y llegan hasta el 100% para prevenir enfermedad grave). Al comienzo de la pandemia, la FDA -la agencia regulatoria estadounidense- había puesto como piso el 50% de eficacia para la autorización.

Fue el "mejor regalo anticipado de cumpleaños", afirmó Margaret Keenan, de 90 años, la primera persona vacuna en el Reino Unido fuera de ensauos clínicos.  Foto Jacob King/ vía REUTERS

Fue el “mejor regalo anticipado de cumpleaños”, afirmó Margaret Keenan, de 90 años, la primera persona vacuna en el Reino Unido fuera de ensauos clínicos. Foto Jacob King/ vía REUTERS

El temor por las variantes

Como todos los virus, al entrar en contacto con los huéspedes (animales, humanos), el nuevo SARS-CoV-2 muta. En el Reino Unido, Río de Janeiro y Manaos (en Brasil) y Sudáfrica los sistemas de vigilancia detectaron variantes significativas que encienden temores sobre el aumento de la transmisibilidad y la protección que puedan conferir las vacunas.

“La aparición de variantes sirve como un poderoso recordatorio de que los virus por su propia naturaleza mutan, y que la respuesta científica puede necesitar adaptarse para seguir siendo efectivos contra ellos”, señaló la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un comunicado en el que informaba sobre la eficacia mínima de la vacuna de AstraZeneca contra la variante detectada en Sudáfrica (la B.1.351).

A raíz de eso, la vacuna no será utilizada en ese país, donde la variante B.1.351 es dominante. La fórmula de Novavax también mostró menor capacidad protectora frente a ella.

“Estos resultados confirman que debemos hacer todo lo posible para reducir la circulación del virus, prevenir infecciones y reducir las oportunidades para que el SARS-CoV-2 evolucione dando como resultado mutaciones que pueden bajar la eficacia de las vacunas existentes”, sigue la OMS y destaca que “los fabricantes deben estar preparados para adaptarse a la evolución viral del SARS-CoV-2, incluida la posibilidad de proporcionar futuras inyecciones de refuerzo y vacunas adaptadas, si se considera que es científicamente necesario”.

Inició de la vacunación a mayores 80 años en ciudad Buenos Aires. Foto: Andrea D’Elia

Inició de la vacunación a mayores 80 años en ciudad Buenos Aires. Foto: Andrea D’Elia

v 1.5

Las vacunas en el mundo

Cantidad de dosis aplicadas cada 100 habitantes.
Se cuentan dosis únicas y puede no ser igual al número total de personas vacunadas.

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Fuente: OWID
Infografía: Clarín

Por el momento, la variante B.1.351 es la que más preocupación genera en relación a este tema. Las otras reportadas no estarían condicionando la eficacia de las vacunas más utilizadas. Pero mientras haya circulación habrá mutación, por lo que vacunar cuanto antes al mayor número de personas posible puede contribuir a evitarlo.

Acceso, el gran desafío

Ese objetivo, no obstante, está complicado. Las dificultades y limitaciones para la producción a escala global de un recurso que necesita todo el mundo al mismo tiempo generan cuellos de botella.

En Argentina, si bien se esperaban al menos 10 millones de dosis entre enero y febrero de la Sputnik V, el número que efectivamente llegó fue mucho menor. Rusia adujo dificultades en la producción, que “provocan demoras entendibles” a las que “el mundo deberá adaptarse” por la alta demanda global. También será menor a la prevista la partida que arribará a través del mecanismo de compra conjunto de la OMS, el fondo COVAX.

Pero lejos está de ser un problema exclusivamente local. Las dificultades están afectando a las compañías que producen vacunas y que tienen como damnificados incluso a los países más desarrollados. La Unión Europea, por caso, denunció incumplimientos en los contratos con grandes farmacéuticas. No obstante, la peor parte la llevan los más pobres. En febrero, desde la OMS advirtieron que más de tres cuartas partes de las vacunas aplicadas hasta ese momento correspondían apenas a 10 países que representan el 60% del PBI mundial.

Aerolíneas Argentinas realizó varios vuelos a Moscú en busca de dosis de Sputnik V. Foto: Télam

Aerolíneas Argentinas realizó varios vuelos a Moscú en busca de dosis de Sputnik V. Foto: Télam

Cambios rápidos de estrategias

Una de las estrategias para cubrir a más personas en menos tiempos es la que el Reino Unido implementó en forma pionera: vacunar a más personas con una dosis y estirar el intervalo hasta la segunda. Resultados de ensayos clínicos demostraron que completar el esquema a las 12 semanas (y no a los 21 días) incluso aumentó la eficacia en el caso de la vacuna de Oxford-AstraZeneca

Las vacunas de una sola dosis son otra alternativa que agilizará las campañas. México, por ejemplo, ya autorizó la de Cansino. Y el viernes la FDA dio luz verde a la de Janssen. Se espera que pronto la EMA, la agencia regulatoria europea, y administraciones de otros países se pronuncien en el mismo sentido.

Lo que viene

Otra novedad que probablemente veremos en los próximos meses serán los esquemas combinados, con dos vacunas diferentes. El laboratorio Gamaleya y AstraZeneca ya trabajan en estudios para probar sus vacunas en conjunto. Y fórmulas modificadas para ofrecer mayor protección contra las nuevas variantes.

También veremos más evidencia sobre vacunación pediátrica. Si bien niños, niñas y adolescentes son la población en menor riesgo, Pfizer-BioNTech ya iniciaron estudios clínicos en Estados Unidos en voluntarios de 12 a 15 años. Y la Universidad de Oxford anunció el mes pasado el inicio de ensayos para probar si niños y adolescentes de 6 a 17 años muestran una buena respuesta inmunológica a la vacuna desarrollada en conjunto con AstraZeneca (la ChAdOx1). Janssen también anunció ensayos en edad pediátrica.

Una caja que contiene la vacuna de AstraZeneca, en Alemania. Foto Kay Nietfeld/DPA/Bloomberg

Una caja que contiene la vacuna de AstraZeneca, en Alemania. Foto Kay Nietfeld/DPA/Bloomberg

La mejor herramienta

Las vacunas salvan de 2 a 3 millones de vidas por año. Y serán la mejor herramienta que tendremos contra Covid-19, una enfermedad para la que no se han hallado tratamientos específicos efectivos. Sólo los corticoesteroides -como la dexametosona– han demostrado reducir la mortalidad en pacientes graves. Estudios clínicos bien diseñados reventaron la burbuja creada en torno a la hidroxicloroquina -inflada al comienzo de la pandemia- y mostraron que otros, como lopinavir/ritonavir e interferón también tenían “poco o ningún efecto” sobre la mortalidad.

La administración de plasma de convalencientes, según dos estudios claves realizados en Argentina, no produce mejoría en pacientes con neumonía con criterios de gravedad, pero administrado en forma muy precoz en pacientes mayores de 65 años, puede reducir la progresión a enfermedad severa.

Vacunas eficaces y seguras a corto plazo, pueden contribuir a reducir la incidencia de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes Foto: Andrés D Elía

Vacunas eficaces y seguras a corto plazo, pueden contribuir a reducir la incidencia de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes Foto: Andrés D Elía

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la vacunación contra la Covid-19 como una herramienta de prevención primaria fundamental para limitar los efectos sanitarios y económicos devenidos de la pandemia. Como consecuencia, disponer de vacunas eficaces y seguras a corto plazo, que puedan utilizarse en una estrategia nacional, contribuirá a reducir la incidencia de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes relacionadas con la Covid-19 y ayudará a restablecer de manera gradual una nueva normalidad en el funcionamiento de nuestro país. El desarrollo de vacunas con estas características, su adquisición, distribución y administración supone un reto sin precedentes a nivel mundial. Su adecuada implementación constituye el desafío de vacunación más importante de las últimas décadas para nuestro país”, afirma el Ministerio de Salud en el Plan Estratégico para la vacunación contra Covid-19 en Argentina.

El desafío contempla la necesidad de conseguir un gran número de vacunas para administrarlas en le menor tiempo posible a millones de habitantes, lo que implica una enorme capacidad logística. En las heladeras y freezers de los vacunatorios convivirán fórmulas desarrolladas en Rusia, Estados Unidos, China, entre otros países, y elaboradas en diversos puntos del planeta; Argentina incluida, ya que accedió a la transferencia de tecnología de la vacuna de AstraZeneca y el viernes se anunció un acuerdo para la producción local de la Sputnik V.

Vacunas diferentes, con formas de conservación y administración diversas, un mix que ayudará a empezar a salir de la peor pandemia del último siglo. Pero no será fácil, ni rápido. 2021 no será el año que olvidemos la pandemia, pero si la vacunación avanza a buen ritmo y con mayor equidad a nivel global, podremos empezar a controlarla.

Las vacunas, en números



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