tres cordobeses que arriesgan su éxito privado para trabajar por sus comunidades


La semana pasada (11 de marzo) se cumplieron 13 años de la “revolución ¿revolución? 125”. Aquella épica para evitar que se impusieran retenciones móviles (se logró finalmente a través del congreso con el “no positivo” de Julio Cobos) fue un mojón importante y una alerta de que había que saltar las tranqueras hacia la participación política.

Pero más allá de este mojón que motivó a muchos a participar, hay otros que tienen la vocación política, la función pública y el servicio en sus venas. Clarín Rural consultó a tres referentes agropecuarios cordobeses para que cuenten su historia vinculada a la función pública, sus deseos de cambio, lo que los sorprendió, lo que creen que se puede cambiar desde su lugar hoy y el vínculo entre privados (el sector agropecuario) y lo público. En definitiva, Luis Picat (Intendente de Jesús María), Francisco Iguerabide (en la dirección de Desarrollo Sostenible en el Gobierno de Córdoba) y Germán Di Bella (al frente de una Secretaría en la Municipalidad de Río Cuarto), dejaron su posición de confort, ese lugar donde son reconocidos por su expertise a lo largo de los años, para sumarte a la aventura política.

“Mis primeros pasos en la función pública fueron, de casualidad, con la (Resolución) 125, cuando me incorporé, con una labor más bien técnica, como Director de Saneamiento en la Municipalidad de Jesús María, luego fui secretario de servicios públicos, entre 2008 y 2012”, contó a Clarín Rural José Luis Picat, quien desde 2019 es intendente de la ciudad del norte cordobés.

En 2015 se presentó como candidato a la intendencia, pero perdió por cuatro puntos. Entre 2015 y 2019 fue presidente de la Sociedad Rural de Jesús María y en 2019 volvió a la carga para ser jefe comunal. Y lo logró con el 54,3% de los votos, a través del frente Jesús María de Todos, una alianza entre la UCR y el vecinalismo independiente. Picat le ganó por casi 20 puntos a la que era la intendenta en busca de la reelección, Mariana Ispuzua (del PRO y el Frente Cívico).

Picat es productor agropecuario, referente en producción agrícola y porcina con la empresa familiar “La Quimera”. En 2018 inauguraron un biodigestor con el que autoabastecen sus necesidades energéticas. También es co-propietario del frigorífico porcino Qualitá, con el que exportan, entre otros sitios, a China y Rusia.

Luis Picat, intendente de Jesús María.

Consultado sobre qué lo había motivado a incorporarse a la función pública, Picat contó que “la primera vez fue algo más técnico, se necesitaba reforzar el área de ambiente”, pero en el caso de la intendencia “ví injusticias, malas administraciones y posibles mejoras que me motivaron a dejar de opinar en el café e involucrarme”.

“Cuando asumí la intendencia no me sorprendió nada respecto de lo que es la administración municipal, porque algo ya había estado antes, y respecto de lo que había que hacer, teníamos un buen diagnóstico, lo más difícil fue conseguir el equipo, profesionales con ganas de trabajar en un proyecto que no paga bien y de corto plazo, cuatro años”, contó Picat.

Sobre lo que pudo hacer y lo que gustaría hacer en los tres años que le quedan de gestión, Picat ponderó todo lo que tiene que ver con la eficiencia, con el aporte de una mirada privada como la que él tiene, “desterrando injusticias que se daban por vicios políticos, millones de pesos en gastos superfluos”.

Picat en la granja de cerdos.

Picat en la granja de cerdos.

En lo que le gustaría, fue a lo profundo de la participación ciudadana: “Queremos que a la ahora de evaluar a su intendente, su gobernador o presidente, un vecino-ciudadano pueda tener números claros, rendiciones de cuentas, porque muchas veces se evalúa lo que se hace pero no cómo se lo hace y a costa de qué, nosotros desde el municipio propiciamos que el vecino tenga el hábito informarse para luego juzgar con más herramientas”.

De Aacrea a la provincia

El padre de Francisco Iguerabide falleció cuando él tenía dos años. Pero le dejó, junto a su madre, que por entonces era maestra rural, el legado y la pasión por el campo. Hoy, lleva adelante una empresa familiar en sociedad con su madre. Mayormente trabajan campos en agricultura, algo propio y algo alquilado, en la zona de Laboulaye.

Cuando hace tres años terminó su presidencia en el movimiento CREA, fue convocado para la dirección de Desarrollo Agropecuario Sostenible del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia de Córdoba, a cargo de Sergio Busso.

Iguerabide en el campo.

Iguerabide en el campo.

Lo público me sirvió para tener otra mirada sobre lo privado, lo que vine haciendo toda mi vida”, resumió Iguerabide. Y añadió: “Veo gente muy valiosa en lo público y creo que, así como hay gente cerrada en lo público hay gente cerrada en lo privado, ambos tienen cosas en común y cosas diferente, por eso, yo creo que desde la función pública no tenés que pensar como privado, porque no vas a poder avanzar, hay que pensar en el intercambio de ideas, y que ese intercambio surja una tercer idea superadora”.

Consultado para que diferencie entre su actividad como privado y la actividad pública, Iguerabide reflexionó: “Por ahí en lo privado estamos más acostumbrados a los números y menos a las ideas, al revés de lo que sucede en lo público, pero, por otro lado, atrás de un proyecto o idea en lo público hay muchos intereses, por la diversidad de actores que hay en la sociedad”.

Continuando con la comparación, Iguerabide dijo que “la definición de logro en lo público y en lo privado es distinta, porque en lo público son mucho más chiquitos, al igual que el avance, pero el alcance de ese pequeño logro es mucho más grande”.

Iguerabide, junto al ministro de Agricultura de Córdoba, Sergio Busso.

Iguerabide, junto al ministro de Agricultura de Córdoba, Sergio Busso.

Y ejemplificó: “Es como manejar un barco, en lo privado tenés 10 o 20 personas pujando del timón, y si vos tenes fuerza lo movés, pero en lo público hay cientos de miles tirando del timón, si no consensuas no vas a mover el timón, pero cuando lográs moverlo, aunque sea poquito, el barco gira para cientos de miles, a diferencia del ámbito privado que vos hacés un poco de fuerza y movés el botecito familiar y das vuelta el barco, y a los únicos que impacta ese cambio es a los 10 que están adentro”.

Entonces, para el ex presidente de AACREA, “el error que muchos cometen es querer imponer las expectativas de giro de timón de lo privado en un lugar donde hay cientos de miles de intereses, entonces la estrategia para mover el timón y la magnitud para moverlo es totalmente distinta”.

“Si no ves eso, empezás a pensar que son todos unos burócratas, que no saben decidir, etc, y te frustrás y te enojás”, opinó Iguerabide, que confesó que subestimó la cantidad de gente que está tirando del timón en lo público, eso lo sorprendió, “pero en vez de enojarme, entendí y eso me permitió avanzar”.

Maíz, bioelectricidad y vocación de servicio

Germán Di Bella es ingeniero agrónomo, empezó como empleado de un tambo, fue vendedor de semillas y hace 12 años, junto a tres socios, imaginó que era posible convertir gran cantidad del maíz que se producía en cercanías de Río Cuarto en bioetanol. Así nació Bio4, que hoy tiene una hijuela que es BioEléctica que genera bioelectricidad con biogás y abastece directamente a decenas de hogares.

Desde diciembre de 2020, Di Bella forma parte del gabinete del intendente de Río Cuarto, Juan Manuel Llamosas como Secretario de Desarrollo Económico, Comercial e Industrial. “Siempre tuve empatía con lo social, de hecho en Bio4 me dediqué siempre a los recursos humanos, la institucionalidad, la RSE… luego la empresa misma me llevó a tener una exposición pública que siempre es seductora para los políticos y así es como llegó la propuesta de Juan Manuel (Llamosas)”, contó Di Bella.

Germán Di Bella, en un acto como funcionario.

Germán Di Bella, en un acto como funcionario.

Tengo libertad para tratar de hacer una municipalidad ágil, consensuando entre las distintas secretarías y fuerzas vivas de la ciudad”, contó. Su principal desafío es que la Secretaría que lidera sobreviva más allá de estos cuatro años. Esto significará que tiene estatus y relevancia para poder seguir haciendo cosas.

Siguiendo la lógica del barco el timón de Iguerabide, Di Bella consideró que “desde la función pública se pueden hacer muchísimas más cosas para cambiar la realidad de la gente que desde lo privado”. Y agregó: “Desde lo privado vos podés hacer acupuntura, en cambio, desde lo público bien dirigido es donde podés lograr el gran cambio”.

Germán Di Bella, presidente de Bio4.

Germán Di Bella, presidente de Bio4.

“Para mí es clave que un empresario pase por la función pública para entender mejor todo, es verdad que tiene un costo, porque, de un lado, los otros privados te dicen que estás en un partido con el que no están tan de acuerdo, y del otro, la gente tiene impaciencia porque llegaste hace dos meses y te juzgan como si estuvieses hace 5 años, pero para cambiar las cosas hay que meterse, porque si no siempre van a estar los mismos”, reflexionó Di Bella.

Relación con la sociedad ¿Por qué oligarcas?

Ambiente, salud, alimentación, maltrato animal, todo se mezcla al momento de opinar que “en el campo son todos oligarcas”. Es un reduccionismo y una generalización que, para algunos, el sector se ha sabido ganar por inacción tranqueras afuera, pero que está en camino a tratar de resolver.

“Ni muy, muy… ni tan, tan”, como decía mi abuela. Hay que abrir caminos de diálogo con los que se puede dialogar y tratar de avanzar mostrando que se pueden haber cometido errores, pero que se está dispuesto a evolucionar.

“Como parte del sector productivo te digo que falta un involucramiento del productor adentro de la sociedad, empatizar, no busquemos que la sociedad empatice con nosotros, vayamos nosotros a ellos involucrándonos en lo personal o desde instituciones como la Sociedad Rural, en los hospitales, los hogares, etc… porque si al productor le va bien tenemos que poder dejar algo en la ciudad en la que vivimos, algo más que impuestos”, opinó Picat.

Para Iguerabide, “no hay intencionalidad en la gente común cuando cree que somos oligarcas, es una suma de comunicaciones adrede en algunos casos, pero ratificada por algunas cosas que los productores agropecuarios hacen o han hecho mal”. Y agregó: “Hay comportamientos de los productores que refuerzan o alimentan esa idea”.

Entonces, para Iguerabide, hay que cambiar la bocha. “Si vos hablaras de las oportunidades que tiene país, de sociedades que avanzan, en vez de decir que al sector le sacan lo que le corresponde por ahí cambiaría la visión que tienen del colectivo campo, porque el otro piensa ¿A vos por qué te corresponde? ¿Por qué a vos sí y a mí no? ¿Por qué mi abuelo no tenía campo? Entonces te metes en problemas, aunque tengas razón”.

“El tema es que seguimos tironeando y acusándonos, y en vez de agrandar la pizza, nos seguimos mezquinando para ver quien agarra el pedazo más grande, con aceituna y morrón… para lograrlo, hay que pensar de una manera más generosa”.

“Como autocrítica, no hemos participado mucho, siempre pensamos que nacimos para levantarnos a las 5 de la mañana, con la helada, que nuestro trabajo es sufrido, lo que es en parte cierto, pero lo hemos contado siempre desde el sufrimiento, en vez de contarlo desde el orgullo que tenemos por trabajar con la naturaleza y cuidarla”, arrancó Di Bella su reflexión. Y prosiguió: “Me parece que, en muchos casos, hoy quizás lo estamos revirtiendo, no hemos mirado al otro, nos hemos enfocado en lo que hacemos y punto, pero además, hoy hay un tema de fundamentalismos, que es el gran error de las discusiones, hay que ponerle criterio a las cosas, escuchar al otro”, opinó Di Bella.

Como cierre, vale la reflexión de Iguerabide sobre por qué decidió enrolarse en lo público: “Son tres cosas: primero porque no me sirve de nada tener la casa más linda de Hiroshima, esto es, si puedo tengo que ayudar a generar cambios para todos; en segundo lugar, la interacción público-privada desde lo público te cambia, como te conté; y tercero, más íntimo y personal, porque yo me acordaba que cuando era chico la gente me veía por la calle en Laboulaye y me recordaba a mis abuelos, que habían sido médicos del pueblo, y yo quería también trascender como ellos y la verdad es que como productores eso no se logra, queda muy lejos eso de que alimentamos al mundo con lo que producimos, en cambio, si estás mirando los ojos de alguien al que le podés ser útil y lo ayudás a encontrar una oportunidad en su vida, eso te reconforta de una manera sublime”, reflexionó Iguerabide.

Y cerró: “Es mejor que muchos hagan un poco que esperar que unos pocos (que están en política) nos salven”.



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