Qué es y cómo hacer un squirt


El cine porno lo popularizó en sus escenas y pronto se le empezó a buscar una definición “a puro placer” para alimentar el morbo. Hoy, cuando se habla del arte del “squirting” se lo asocia con una suerte de “eyaculación femenina”, un estado de éxtasis supremo que, dicen, puede generar excitación con tan sólo imaginarlo.

Muchos sexólogos, sin embargo, no le atribuyen ninguna “virtud” al squirt y hasta se centran en él como un trauma para el grupo de mujeres que lo vive de manera involuntaria, una experiencia un tanto “vergonzante” y molesta asociada con la sensación de “hacerse pis encima”.

Lo cierto es que no se da en todas las relaciones y las mujeres que la descubren hasta pueden sorprenderse al alcanzar esa sensación muchas veces desconocida y de la que poco se dice, o decía, también desde la ciencia.

Es que el squirting es un fenómeno fisiológico de investigación relativamente reciente: el término empezó a escucharse a nivel médico en 2001 y recién en 2015 un equipo de científicos del Hospital Parly II de Francia intensificó sus estudios respecto de esta reacción que tiene el organismo de algunas mujeres ante la estimulación sexual. Pero, ¿qué es y cómo hacer un squirt?

El squirt recién empezó a ser estudiado en 2001.

Qué es un squirt

Durante el proceso de excitación de una mujer se da la lubricación, un incremento del fluido vaginal que facilita la penetración del pene. También, al momento del orgasmo, puede darse lo que algunos llaman “eyaculación femenina”, la presencia de un fluido blanco -similar al semen- que se produce en las glándulas de Skene (conocidas como “próstata femenina”) y queda “camuflado” con la propia lubricación de la vagina.

En cuanto al squirt -nombre en inglés cuya traducción significa “chorro”- no se trata de la “eyaculación femenina” convencional ni es el homólogo de la eyaculación masculina ni nada que se le parezca: se refiere a una abundante -muy abundante- cantidad de líquido casi incoloro (compuesto por orina y otros fluidos) que puede ser expulsado en un momento ardiente de actividad sexual desde el orificio de la uretra.

Lo real es que son pocas las mujeres que experimentan espontáneamente esta reacción y muchas otras sueñan con aprenderla como un recurso más para proporcionarse placer.

Si poco se sabe del squirt femenino menos aún del squirt masculino, un fenómeno similar que se puede lograr manualmente con mucha paciencia, en este caso masturbando la cabeza del pene y luego, específicamente, frotando con fuerza el glande.

​Cuando se habla de squirt masculino tampoco se hace referencia a la eyaculación, sino a un proceso por el cual un hombre expulsa un “chorro” de líquido con un tono levemente amarillento, un olor un poco fuerte y con un sabor algo ácido similar a la orina.

Los succionadores de clítoris suelen provocar el squirt.

Los succionadores de clítoris suelen provocar el squirt.

¿Cómo hacer un squirt femenino?

Hacer un squirt femenino es cuestión de práctica y también hay varios factores que influyen como llegar a un muy alto nivel de excitación, dominar la técnica (dónde y cómo tocar, poder identificar las reacciones del cuerpo) y, tal vez la más compleja, tener la mente relajada. Puede ser un reto sexual en pareja, pero muchas deciden también experimentarlo solas mediante la masturbación.

La posición más indicada del cuerpo es acostada boca arriba y con las piernas abiertas. Además, la pelvis debe estar lo más relajada posible (se puede colocar una almohada para levantarla).

Si el desafío es de a dos, los juegos preliminares -besos, miradas, caricias- servirán para aumentar la sensibilidad de la mujer. Y antes de avanzar con la estimulación, la lubricación vaginal ayudará a incrementar el grado de placer.

Hay quienes buscan el squirt de forma individual.

Hay quienes buscan el squirt de forma individual.

La penetración se debe hacer con los dedos o se puede recurrir también a la ayuda de algún juguete sexual como puede ser el famoso “satisfyer” o succionador de clítoris.

Un momento decisivo para lograr un squirt en la mujer es la estimulación del llamado punto G, la zona situada a unos cinco centímetros de la entrada de la vagina, en su pared frontal (la más cercana al ombligo). También se puede combinar la acción con movimientos suaves y ligeros masajes sobre el clítoris con el dedo pulgar, alternando varias velocidades.

Otro paso para provocar el placer que derive en un squirt es la contracción de los músculos. Para ello, se debe llevar la pelvis hacia adelante apretando los glúteos. En minutos es probable que la mujer comience a sentir una sensación similar a cuando tiene ganas de orinar. Aquí es clave no detenerse y seguir relajada.

El squirt puede producirse tanto en el hombre como en la mujer.

El squirt puede producirse tanto en el hombre como en la mujer.

Cuando el squirt parezca inminente se puede continuar con la estimulación o quitar los dedos con velocidad y empujar los músculos de la vagina como queriendo parir (al mismo tiempo se puede estimular el clítoris o los labios externos) hasta conseguir liberar “el chorro”. Si se logra el squirt en la mujer y la fantasía permite imaginar que se trató de una “eyaculación”, ¡bienvenida también la experiencia!

Eso sí, en caso de que no ocurra, será cuestión de no frustrarse. Se puede volver a intentar todas las veces que se lo desee y, de no lograrlo, recordar que existen muchas otras deliciosas variantes para disfrutar de la sexualidad.



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