Primeras horas en Snowtopia, el resort comunista para pijos que elimina el factor dinero del género Tycoon


Hay una gran diferencia entre tener una buena idea y aterrizarla con éxito. Lo primero es difícil, pero lo segundo es arena de otro costal. El caso de Snowtopia (Steam) es el perfecto ejemplo de cómo algo que resulta de lo más prometedor puede ver cómo las sonrisas empiezan a borrarse conforme pasan las horas.

Con la intención de llevar el género de los Tycoon hacia una experiencia más distendida y relajante, la particularidad de este juego de gestión es no requerir gestión alguna. Bueno, al menos no en los términos a los que estamos acostumbrados.

Sin dinero se vive mejor

No esperes balances a final de mes o límites a la hora de construir porque te has quedado sin dinero. Ni siquiera pienses en los empleados, que aquí todo son voluntarios. El único límite lo pone tu imaginación y el pejiguero sistema de construcción del juego. En Snowtopia podrás montar el resort de esquí más loco que te venga a la cabeza sin preocuparte de si los ingresos del juego te lo permiten.

En su escueta colección de niveles con distintas dificultades -más sobre eso luego- el primer paso es crear una cabaña de constructores que empiece a dar forma a tus ideas. A partir de aquí el juego marca cierto ritmo en forma de tutorial.

Primero van los telearrastres o telesillas básicos que trasladan a los esquiadores hasta una zona más o menos cercana, luego toca dar forma a tus primeras pistas eligiendo qué camino seguirán, tras ello crear cabañas de limpieza de pistas y primeros auxilios, y por último dar forma a la red de restaurantes que los palilleros podrán visitar a pie de pistas o en las cumbres más altas.

En mitad de ese camino de dar forma a pistas y colocar entrañables casitas low poly, un árbol de tecnología que te permitirá ir desbloqueando nuevas opciones destinadas a mejorar la percepción de tu resort.

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Puedes mejorar los engranajes para provocar menos desgaste y que no haya que reparar los telesillas cada dos por tres, conseguir teleféricos que puedan transportar a más esquiadores más lejos, nuevos restaurantes… Añadidos que se van desbloqueando como churros sin reto alguno y que, al menos por ahora, tampoco parecen tener demasiado impacto en el juego.

La idea es innegablemente buena, pero no hay mucho más que rascar en un mundo en el que la gente sigue viniendo a tu parque aunque sea un desastre y se tengan que comer colas kilométricas. De hecho, parecen más centrados en la calidad de las pistas que en todo lo demás, y justo ahí es donde Snowtopia encuentra parte de su redención.

Buena idea, pero de poca profundidad

Porque sí, realmente cumple con su promesa, y a la hora de crear pistas que vayan bajando por la ladera hasta el centro neurálgico del resort, y no tener límites para darles forma, hay cierto rollo relajante.

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Una situación que sería aún más cómoda si el extremo de los telesillas que va en lo alto de las montañas no diese tantos problemas para permitir su colocación -hay que encontrar el punto exacto en el que el edificio se vuelve amarillo para poder colocarlo-, pero que en cualquier caso acaba siendo entretenida.

La clave está en que el parque crece en base a lo contentos que estén cada grupo de esquiadores. A más felicidad, más esquiadores de ese tipo y más voluntarios para seguir construyendo edificios.

Están los principiantes que demandan pistas verdes, los de las azules, las naranjas y las negras. Para todos ellos debes construir  pistas que tengan en cuenta su experiencia a base de juguetear con los desniveles del terreno.

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Así, una recta que cae en vertical puede ser un reclamo para los fans del riesgo, pero también puedes sortear esa altitud creando distintos bancales por los que los palilleros principiantes puedan bajar con calma haciendo cuña. Todo depende de cómo quieras aprovechar las limitaciones de espacio del juego.

Justo ahí es donde Snowtopia juguetea con una cierta sensación de dificultad, en el hueco que ceden unas montañas que no puedes terraformar frente a la necesidad de que las pistas lleguen hasta la zona central para que los esquiadores puedan volver a subir o acudir a otra zona del parque.

A partir de lo básico el juego amplía los escenarios con montañas con más o menos rocas, o con distintos centros alejados entre montañas que puedes acabar conectando, pero nunca va mucho más allá y en ningún caso supone un reto.

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Queda por ver cómo le siguen dando forma a la idea tras el lanzamiento en Acceso Anticipado y si en algún punto dan con el click que permita algo más de profundidad. Ahora mismo la emoción inicial no tarda en empezar a desinflarse y, para cuando ya has completado un árbol de tecnología una vez, las ganas de seguir adelante empiezan a decaer. 

Hasta que eso ocurra deberías acercarte a él sin mayores pretensiones que echar un buen rato. Ya sea como terapia relajante, para sobrevivir a la nostalgia de la temporada de nieve, o simplemente para divertirte creando pistas en las que ver cómo muñecos virtuales disfrutan de tus pistas. 



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