Pandemia y crisis existencial: un ejercicio para redescubrirte


Estamos en el medio de otro desafío. Más de lo mismo, pero cansados y desesperanzados.

Sin siquiera haber podido dar vuelta la página del tema Covid-19 en nuestras vidas aún (a pesar de las campañas de vacunación a nivel nacional e internacional), ya estamos en una nueva ola. Y que cae sobre el impacto producido por la anterior: ansiedad, estrés, depresión.

Algunos autores ya hablan de traumatización y dejan en claro que hay cuatro grupos poblacionales (y que representan un número importante de la sociedad) especialmente expuestos: los sanitarios de primera línea, las personas mayores (algunos enviudaron, otros no pueden salir y viven en completa soledad), quienes pasan el duelo de haber perdido un ser querido víctima del virus y los adolescentes, que necesitan un contacto más próximo con sus pares para desarrollar los procesos de identidad que los sostienen.

También se enumeran, en varios artículos, las estadísticas catastróficas que el consumo de fármacos arroja: en España el 4,8% más de ansiolíticos y antidepresivos, según el Huffpost.

La pandemia disparó preguntas por el sentido de la vida. Foto ilustrativa Shutterstock.

Crisis existencial

Pero poco se habla de otra gran crisis: la existencial, la de sentido y dirección vital. La gente está triste: y el dolor de existir es una fuente potenciadora de sufrimiento.

Le pregunto a Gaspar Segafredo, psicoterapeuta que trabaja con un enfoque existencial, si nuestra crisis existencial es producto del hastío de la pandemia o de que ahora descubrimos el vacío y la forma insatisfactoria de vivir (quizás superflua y carente de sentido) que sosteníamos hasta que emergió esta tragedia mundial. Él piensa que son ambas cosas.

“Por un lado, dice, la crisis pandémica produce en muchas personas un corte en la cotidianidad, en los proyectos personales, en el modo de vida, y eso genera ansiedad y otras formas de malestar emocional. Sin embargo, como ocurre con toda crisis, también genera la oportunidad de tomar conciencia de cómo hemos vivido hasta el momento y de aquello que más valoramos”, dice Segafredo.

Y continúa: “La caída de la estructura cotidiana que nos sostiene permite darnos cuenta de que somos seres en devenir, como han revelado los filósofos existenciales. Es decir, que no estamos predeterminados y que nuestra forma de vida no tiene por qué regirse por patrones fijados por mandatos. De alguna manera la crisis es una invitación a revisar y recrear nuestra forma de vida, nuestro sentido vital”.

También caímos en la cuenta de que nuestra libertad no es absoluta. Nuestra libertad es situada.

“Todos tenemos condicionantes biológicos, psicológicos y sociales y en la pandemia muchos de ellos pueden haberse acentuado. El distanciamiento social es un claro condicionante que nos afecta a en varios sentidos, incluso anímicamente, cuando se vuelve también psicológico”, agrega Segafredo.

“Sin embargo, toda persona tiene un reservorio vital en la dimensión espiritual. Y esta es la que contiene nuestra voluntad y capacidad de sentido”.

Aconsejan conectar con "reservorios existenciales". Foto ilustrativa Shutterstock.

Aconsejan conectar con “reservorios existenciales”. Foto ilustrativa Shutterstock.

Siempre hay un espacio para la libertad

Como decía el psiquiatra existencial Víctor Frankl, quien padeció la violencia y locura de un campo de concentración en su juventud, “podemos encontrar también sentido en la vida incluso cuando nos enfrentamos, como víctima impotente, con una situación desesperada, con un destino que no puede ser cambiado. Lo que importa entonces es dar testimonio de la mejor y exclusiva potencialidad humana: la de transformar una tragedia en un triunfo personal, la propia desgracia en un logro humano. Cuando no somos ya capaces de cambiar una situación se nos plantea el reto de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y esto, que parece una proeza humana (y que en cierta forma lo es), también es posible cuando abrevamos en nuestros reservorios existenciales, o en nuestros refugios vitales. Es un proceso de autodescubrimiento, de “reconexión”, que se vuelve urgente para poder actualizar los valores escondidos en tiempos despiadados.

Ese proceso requiere que cambiemos de nivel: que nos movamos un poco hacia lo profundo, hacia adentro, que salgamos del drama diario más brutal y nos instalemos en aquello que nos puede volver a vitalizar, a creer.

Lo he visto en personas que están en excelentes puestos de trabajo, empresarios que incluso crecieron económicamente en esta pandemia y parecen tenerlo todo. De pronto aparece la pregunta por el sentido: ¿esto es lo que realmente quería? ¿sirve lo que tengo para ser más feliz, más aún en un tiempo donde la mayoría sufre y padece infelicidad? ¿qué es lo que quiero para mí y mi sociedad?

Cuando esa pregunta golpea a nuestra puerta no podemos distraernos más: hay que sacudir las certezas y explorar.

Respiraciones profundas, claves en el ejercicio. Foto Shutterstock.

Respiraciones profundas, claves en el ejercicio. Foto Shutterstock.

Un ejercicio para reconectar con nuestros valores

Quizás puedas encontrar un lugar tranquilo para sentarte un momento y meditar. Vamos a pedirte que cierres los ojos suavemente y tomes algunas respiraciones profundas. Luego, que reconozcas tu cuerpo: sus apoyos, las sensaciones que podés captar, tanto agradables, desagradables o neutras. Intentá poner aceptación en lo que vas descubriendo.

El próximo paso es que te tomes un momento para recordar momentos de fluidez (Flow) en tu vida, cuando vos te sentís más vos mismo/a, cuando hay una autenticidad y una plenitud emergentes que pueden ser inusuales, extraordinarias.

¿Una charla profunda con amigos? ¿un momento en el trabajo que te brinda un inmenso placer? ¿un cafecito al sol de la tarde o pasear con tu mascota por un parque?

Intentá identificar algunos momentos de ese tipo. ¿qué sentiste, qué te llenaba o daba satisfacción, qué te hacía sentir más vos mismo? Y luego: ¿qué cualidades o valores sentís que allí aparecían? ¿Valor, afecto, sensibilidad, alegría, empatía, autenticidad, solidaridad? Esas cualidades son tuyas. Eso sos vos. Y por lo tanto, es tu misión cultivarlas, darles vida en lo cotidiano.

Entonces la última pregunta: ¿cómo puedo yo nutrirme y nutrir a los demás de estas cualidades valiosas para mi vida? Como dice el profesional: “Pueden ser cualidades que salgan de nosotros mismos, que vayan más allá y nos den sentido de trascendencia”.

Eso sería genial, eso las potenciaría sin dudas, porque somos seres relacionales y eminentemente altruistas y nada nos da más felicidad que ayudar y conectar con los demás.

Finalmente para cerrar el ejercicio podés respirar algunas veces con profundidad y agradecerte este momento de profunda conexión con este “reservorio existencial” que quizás tenías abandonado.

Ojalá estas reflexiones te brinden algunos caminos más para transitar estos tiempos difíciles.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de “Mindfulness, la meditación científica”.



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