Palito Ortega cumple 80 años: La felicidad que conquistó el mundo, Evangelina, Sinatra y la foto con Los Beatles que no fue


El hombre atiende desde su hogar en un barrio cerrado en Tortuguitas. El mano a mano cara a cara quedará para otro momento en el que las condiciones sanitarias lo permitan. Cuenta que en unos días le dará fin al descanso para regresar a la ciudad y retomar sus actividades. Nada fuera de lo normal, excepto que Ramón Bautista “Palito” Ortega está a punto de cumplir 80 años, aunque su fórmula parece consistir en no darse demasiado por enterado del paso del tiempo y seguir mirando hacia adelante como si nada.

-¿Por qué en un barrio cerrado y no en tu tu estancia en Luján, que es un lugar maravilloso?

-Sí, el lugar es increíble, pero como el tema de la seguridad se puso tan difícil en los últimos tiempos, cuando tenés chicos, nietos, en un country estás más seguro. A Luján voy semana por medio, uno o dos días… Pero nunca terminó de ser un lugar para estar mucho tiempo. Excepto cuando estuvo Charly, que me quedé más que lo habitual. Pero es más campo, más rústico todo.

A punto de alcanzar los 80, Palito Ortega no parece estar pensando en algo parecido al retiro ni mucho menos, y para 2021 ya tiene programado el lanzamiento de un nuevo disco. Foto Prensa Sony

Apenas Palito menciona a Charly, la idea de que no deben ser muchas las personas que hicieron un recorrido semejante al suyo se hace presente con el recuerdo de las veces que uno escuchó a García extendiéndole el certificado de defunción artística al ídolo popular, con ese “¡chau Palito!” que solía soltar al cantar sobre “las estrellas que hemos perdido” en el Mientras miro las nuevas olas de Serú Girán.

Nacido en 1941 en el Ingenio Mercedes, en las afueras de Lules, en Tucumán, Ramón Bautista empezó a trabajar cuando era muy pequeño, y además de lustrar zapatos reparó bicicletas, limpió tumbas y repartió y vendió diarios, hasta que decidió que su destino era triunfar sobre los escenarios, y aún adolescente se embarcó en la aventura de probar suerte en Buenos Aires.

De ahi en más, todo fue más que lo que alguna vez había soñado; de vender café en la puerta de Radio Belgrano pasó a codearse con personajes como Charles Aznavour, Ann Strasberg, Carlos Alonso, Aníbal Troilo y Frank Sinatra.

Palito Ortega y Evangelina Salazar se casaron el 2 de marzo de 1967, y la ceremonia fue seguida por una multitud de fans de la pareja. /Foto de archivo

Palito Ortega y Evangelina Salazar se casaron el 2 de marzo de 1967, y la ceremonia fue seguida por una multitud de fans de la pareja. /Foto de archivo

Además, sus canciones fueron grabadas por varias de las voces más relevantes de América Latina y sus melodías adoptadas por grandes orquestas de distintos lugares del mundo; protagonizó el primer casamiento transmitido por la televisión argentina, entrenó con el River de Ángel Labruna del ’75, se hizo director de cine, tuvo cuatro hijos y dos hijas, se fundió trayendo a Sinatra al país y volvió a su provincia como gobernador; dejó de lado la política para volver a la música y hoy juega a ser un crooner que se da el gusto de grabar grandes clásicos del rock, el repertorio romántico y el swing.

Y en el medio, como si ese mínimo resumen fuera poco, le dio una mano al mismo Charly que tantas veces lo había ninguneado para que intentara sacarse de encima algunos de los demonios que fueron minando su camino. Algo que el rock le agradeció otorgándole un reconocimiento que le había negado durante décadas. Todo, envasado en los 79 años que lleva vividos con inusitada intensidad y, también, discreción. 

-¿Cómo se ve todo desde el umbral de los 80? ¿Ves algo distinto a lo que veías en otros cambios de década?

-Inevitablemente, uno siempre va haciendo un resumen. Un repaso. Si tomo como referencia mi punto de partida, evidentemente hubo muchos acontecimientos importantes en mi vida, pasaron muchas cosas. Sobre todo logros, no sólo profesionales sino personales, como padre de familia, abuelo… Son cosas en las que a a veces uno no repara mucho, porque la vida va pasando y te vas haciendo cargo de diferentes cuestiones. Pero es bueno, a veces, hacer una reflexión y darte cuenta de hacia dónde la vida te fue llevando y a qué lugares llegaste. Para mí fue muy enriquecedor haber viajado a tantos lugares como viajé, haber conocido a tanta gente, haber estado profesionalmente en sitios que, si bien era muy fantasioso a la hora de imaginarme cosas cuando era pibe, hicieron que todo se quedara muy corto al lado de lo que fue pasando.

-Entonces, ni hace falta preguntarte el resultado del balance.

-No. El peso a favor es muy grande. En mi caso, profesionalmente he tenido todas las satisfacciones posibles y más allá también; y al mismo tiempo me veo rodeado de seres queridos, veo que cada uno de mis hijos tomó un camino, veo a mis nietos, y todo con Evangelina, una mujer que me acompañó con tanto amor a lo largo del camino.

-Siempre destacás la dedicación que Evangelina puso en la crianza y cuidado de sus hijos. ¿Alguna vez sentiste que te estabas alejando demasiado de lo que sucedía en tu casa?

-Hubo un momento en el que pasaba por casa como una visita. Llegaba, sacaba la ropa de la valija, agarraba otra y seguía adelante. Esa fue una etapa muy agitada de mi vida, porque no sólo eran giras por el interior del país, sino que también viajaba mucho al exterior. Y esas ausencias son más difíciles, porque la distancia es mucha. Pero el gran cable a tierra siempre fue ella. La que se hizo cargo y se puso al hombro todo, mientras yo iba y venía. Y hoy me doy cuenta del amor de los hijos. Yo creo que ellos hasta se podrían agarrar a piñas por mí; pero por la madre te matan. Especialmente los varones.

El festejo por los 50 años de casados de Palito y Evangelina reunió a todos los nietos de la pareja. Foto Movilpress

El festejo por los 50 años de casados de Palito y Evangelina reunió a todos los nietos de la pareja. Foto Movilpress

Palito habla del aquí y ahora, pero lo cierto es que no todo fue color de rosa a lo largo de su trayectoria, y Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario debieron atravesar etapas en las que su padre era mucho más maltratado que elogiado y reconocido. Y a la distancia, admite que “a veces debe haber sido más difícil para ellos que para uno mismo”.

“Siempre hemos tratado, en lo posible, de mantenerlos al margen de la agitación de nuestra profesión, aunque no siempre se puede lograr. Entonces, no les ha sido fácil. Para uno es distinto, porque la viene peleando de abajo desde hace mucho”, explica el músico y compositor.

Pero, finalmente, dice creer que todo está en su justo lugar. “Ellos se dieron cuenta de dónde veníamos, de dónde venía yo, especialmente… Se dieron cuenta de que hubo un sacrificio, un trabajo, si bien no tuve todas las posibilidades de una formación “, sigue, y se le hace inevitable volver al día de 1956 en el que llegó a la estación de Retiro, sin conocer a nadie, y se quedó allí todo el día sin saber bien qué esperar.

Luis, Julieta, Emanuel, Rosario, Martín y Sebastián Ortega, los seis hijos de Palito y Evangelina, a quien el cantante siempre señala como la gran responsable del cuidado con que crecieron.

Luis, Julieta, Emanuel, Rosario, Martín y Sebastián Ortega, los seis hijos de Palito y Evangelina, a quien el cantante siempre señala como la gran responsable del cuidado con que crecieron.

“Toda esa historia es bueno tenerla como referencia. Porque las cosas siempre llegan por algo, y a mí me costó mucho todo. Me parece que, sin hablar demasiado del tema, ellos se dan cuenta y saben perfectamente del sacrificio, de lo que significó ganarse un lugar en la vida”, dice.

Y completa la idea: “Sandrini me decía: ‘Mirá pibe, uno en la vida puede llegar al éxito hasta por casualidad, pero nadie se mantiene en el éxito por casualidad’. Siempre me acordaba de eso. Y yo no sé qué pasó, cómo era el mecanismo de mi vida que me llevaba a agarrar una guitarra y escribir melodías que se difundieron por Europa. Porque yo escuché mis canciones en Alemania, en italiano… Y eso no es una casualidad. No sé si fue intuición, una noción de tomar ciertos climas y escribir una canción… La felicidad no nace porque haya estudiado tanta música hasta que después veía cómo simplificaba una melodía; o Corazón contento, o Sabor a nada. Y las escuché grabadas por la voces más increíbles. Entonces, algo hay. Algo pasó.”

-¿En algún momento te afectó la crítica por momentos despiadada que recibiste?

-No. Creo que la historia no es de los que hablan, sino de los que hacen. Hablar es una posición muy cómoda. Yo me pongo en observador y soy un genio. Ahora, metete vos a hacer lo que estás criticando u observando. Con este criterio me manejé siempre.

-Pero de manejarte con ese criterio a meterte en el barro de la política argentina hubo una decisión en el medio que no debe haber sido fácil de tomar.

-La historia real es que yo estaba muy bien en los Estados Unidos. Sinatra ya me había dado una mano del carajo, yo ya había consolidado una empresa y mandaba mucho material al Hospital de Niños de Tucumán que me conseguían amigos profesionales de la salud que tengo allí, en Miami. Hasta que me propuse llevarlo personalmente, para ver cómo lo estaban distribuyendo, cuidando… Así que viajé, fuimos con unos amigos que me esperaban al hospital y antes de volverme para Buenos Aires, mientras comíamos unas empanadas tucumanas, les pregunte cómo estaba la provincia.

Palito trajo a Frank Sinatra en 1981, y su aventura empresarial terminó en un fracaso comercial del cual el propio cantante estadounidense lo ayudó a recuperarse.

Palito trajo a Frank Sinatra en 1981, y su aventura empresarial terminó en un fracaso comercial del cual el propio cantante estadounidense lo ayudó a recuperarse.

-¿Qué te respondieron?

-La respuesta fue: “Acá es un desastre. Esta provincia se va a intervenir rápido, y acá va a ganar el general Bussi.” Me quedé mirándolos. ¿Me hablan en serio? “Bussi está asociado a la época más cruenta de la provincia”, respondí. “No, eso no importa. Acá la gente quiere un malo que venga y los castigue a todos”, me contestaron. Me fui pensando en eso…

-¿Ahí decidiste volver?

-No. No, hasta que me llamó un amigo y me dijo que el triunfo de Bussi era inevitable. Eso me motivó. Así que me instalé en la provincia, y a pesar de que algunos se lo tomaban con humor, me daba cuenta de que a medida que caminaba pueblo por pueblo tenía cada vez mayor adhesión. Arranqué con un 30 por ciento en las encuestas contra un 60 de Bussi, que se reía de mí, pero cuando se dieron cuenta ya lo había emparejado y poco después le sacaba unos cuatro o cinco puntos de ventaja.

-¿Por qué creés que la gente te votó?

-El asunto fue imponer el relato de que yo había salido de ahí, de un lugar en el que no teníamos luz eléctrica, en el que el agua había que ir a buscarla a un lugar que se llamaba “la surgente”. Es mi realidad. No ignoro eso. Y no muchos se lo creyeron, ni lo tomaron en serio ni con respeto. Y ahí está. Terminé la gestión sin una sola denuncia de sospecha de ningún acto de corrupción. Tuve un gabinete increíble, porque no me importaba de qué partido eran. Preguntaba quién era el mejor profesional ahí, quién era el que más sabía de cada tema y lo convocaba. En Economía, en Salud… Y creo que la gente se dio cuenta.

El represor condenado por delitos de lesa humanidad Antonio Domingo Bussi, junto a Palito Ortega y el entonces ministro de economía Domingo Felipe Cavallo, en el cierre de la gestión de Ortega al frente de la gobernación tucumana.

El represor condenado por delitos de lesa humanidad Antonio Domingo Bussi, junto a Palito Ortega y el entonces ministro de economía Domingo Felipe Cavallo, en el cierre de la gestión de Ortega al frente de la gobernación tucumana.

-¿Por qué no fuiste por la reelección?

-Porque no podía aprobar una reforma constitucional que me favoreciera a mí. No estaba de acuerdo. Así que, cuando estaba por terminar, les advertí que tuvieran cuidado porque Bussi estaba al acecho, y el peronismo era muy desordenado. Pero lo bueno en la vida es volver a pasar por los lugares en los que alguna vez fuiste protagonista con la cabeza bien alta. Ver que te saludan con respeto, con el mismo cariño. El problema es cuando no podés hacerlo.

La salida de la política, con Bussi a cargo de la gobernación tucumana y una derrota electoral frente a la Alianza, como parte de la fórmula presidencial encabezada por Eduardo Duhalde, volvió a poner a Ortega en el terreno de la música, en el que sin recuperar la masividad de los ’60 y ’70 logró mantener una vigencia sostenida por los éxitos cultivados durante aquellos tiempos como La felicidad, Yo tengo fe, A mí le pasa lo mismo que a usted, Sabor a nada, Viva la vida y la lista sigue.

Palito fue el encargado de entregarle el Gardel de Oro 2018 a Charly García, con quien en la era de la madurez forjaron una estrecha amistad. Fotos Emmanuel Fernández

Palito fue el encargado de entregarle el Gardel de Oro 2018 a Charly García, con quien en la era de la madurez forjaron una estrecha amistad. Fotos Emmanuel Fernández

Su gesto de amistad con Charly García le valió, además, uno recíproco de parte de grandes artistas del rock local que se sumaron a la grabación del álbum Cantando con amigos, tras lo cual Palito se planteó el objetivo de registrar a su estilo, en los discos Rock and Roll (2017), Románticos 60’s (2018) y Swing, un cancionero de rock, baladas románticas y standards que lo marcó a fuego desde chico.

Del último de los tres, que saldrá durante este 2021, ya fueron lanzados El mar, Te llevo bajo mi piel, y Algo tonto, el tema que Frank Sinatra grabó con su hija Nancy, y que Palito compartió con su hija Rosario. 

“Después de haber andado tanto por el mundo de la música, uno sabe que hay un repertorio que va a formar parte de una cosa clásica, porque son melodías de toda la vida; y este disco no es un disco que vaya a pasar de moda, porque estas canciones son eternas. Y lo hice con la misma inquietud que responde a un pibe que anduvo por todos los pueblos de Chile, como integrante de un circo y con una guitarra en la mano buscando siempre que le den un micrófono y un escenario para cantar o hacer algo. Este disco está dentro de ese criterio de hacer cosas que van a quedar para toda la vida.

-¿Es más fácil cantar estas canciones, que sabés que las van a comparar, o las propias?

-La comparación es inevitable, pero si uno se autolimita por estas razones termina haciendo la mitad de las cosas que tiene que hacer. Yo tuve ganas de hacerlo y lo hice. Este repertorio lo conozco muy bien. En un momento, tomando unas copas en una suite con Sinatra, lo hablamos con su arreglador, Don Costa. Y en principio lo iba a hacer con él, pero después me fui a Alemania, grabé otras cosas, pasaron los años y ahora los concreté, en algunos casos con sus propios arreglos. Don, todo el tiempo me decía que le ofreciera Sabor a nada a Sinatra. “Él la va a grabar”, me decía.

-¿Se la ofreciste?

-No. El pudor pudo más. En tantas noches tomando unas copas con él, en confianza, no me animé a decirle nada. No me atrevía. De todas maneras, las mejores versiones de estas canciones mías fueron hechas por los mejores del cancionero romántico latino. Así que esa parte de la expectativa que uno tiene cuando escribe una melodía, de quién la graba o no, está cubierta. 

Frank Sinatra con Palito Ortega. Pese a la confianza que lograron tener, el argentino nunca se animó a proponerle que grabara su tema "Sabor a nada". Foto Archivo Clarín

Frank Sinatra con Palito Ortega. Pese a la confianza que lograron tener, el argentino nunca se animó a proponerle que grabara su tema “Sabor a nada”. Foto Archivo Clarín

-Con las expectativas saldadas, ¿te queda capacidad de asombro?

– Sí, claro. Eso, gracias a Dios no lo perdí, porque siempre tengo muy presentes los orígenes. Muchas veces uno recuerda los maltratos, esa cosa que te hacen sentir quienes tratan de mostrarte que son superiores. Pero eso no te tiene que afectar. Si te dejás vencer por eso, sonaste. Te quedás lamentando toda la vida algo que te pasó. Hay que seguir, aún en los momentos más difíciles y frente los personajes más nefastos que te puedas imaginar. Si creés en vos, no hay posibilidad de que te hagan retroceder. Si te quedás esperando que todos te reconozcan en la medida, en la dimensión que vos creés que debe ser, estás perdido, porque hay gente muy indiferente, muy hipócrita… Pero hay también muy buena gente, que son los más. Y hay que andar y andar hasta encontrarlos, y dejar lo demás en el camino. Es muy pesada la carga cuando andás todo el tiempo con resentimiento y bronca. Te tira para atrás enormemente. Aún en las peores situaciones, golpeá otra puerta rápido y en una vas a entrar y encontrar los que estás buscando.

-En el Club del Clan eran muchos “nuevos valores” que empezaban a recorrer el mismo camino. ¿Por qué creés que sobresaliste?

-Porque llegué con mis propias canciones, con mis propias melodías. Mi voz era una voz chiquita, que me alcanzó solamente para decir lo que yo escribía, lo que yo quería. De no haber sido autor, a lo mejor me hubiese resultado sumamente difícil. Al ser autor escribía a mi medida y creo que interpretaba mis cosas de una manera que a lo mejor no lo podían hacer otros, excepto las canciones melódicas que le escribí a otra gente, que cuando los escuchaba las cantaban maravillosamente bien. El cantautor tiene una ventaja barbara, porque dependés de vos mismo.

El Club del Clan fue una plataforma de lanzamiento, para Palito, a jugar en plan solista en las grandes ligas. Y lo aprovechó al máximo. Foto Archivo

El Club del Clan fue una plataforma de lanzamiento, para Palito, a jugar en plan solista en las grandes ligas. Y lo aprovechó al máximo. Foto Archivo

-Alguna vez dijiste que en el momento en que uno empieza a tener éxito aparecen muchas tentaciones, pero que preferiste evitar ese camino. ¿Te costó elegir?

-No. En nuestra profesión tenés un montón de puertas abiertas. El tema es estar preparado para saber por cuál querés entrar, porque no es difícil equivocarte. Por eso siempre le agradezco a Dios haber empezado de muy abajo. Yo era ayudante en una orquesta: ayudaba a llevar los instrumentos. Ahí aprendí a ver, a observar y fui aprendiendo. Luego, con las primeras canciones me di cuenta que a la gente le gusta cantar con vos, que no se quiere quedar como espectadora. Entonces, como que todas mis melodías nacían con un estribillo para que la gente cantara. Para mí, la genialidad de Los Beatles es que sus primeras canciones no eran difíciles de cantar. Por ahí las hacía otro y le decían de todo, pero ellos lo hacían de manera genial (tararea Ob La Di Ob La Da y Yellow Submarine), submarino). ¡Repiten siempre la misma nota! Y cuando salieron con La vi parada ahí… (la tararea) Decía: “Puta madre, estos tipos son unos genios”. Era una melodía tan sencilla, pero que te pegaba en el pecho.

-¿Cómo fue eso de viajar a filmar a Londres y quedar metido en una escena con Los Beatles? ¿A quién se le ocurrió eso que parece totalmente delirante?

– ¡Jajaja! En nuestro mundo siempre aparece un loco que te da la sensación de que está delirando. Y apareció uno que me dijo que tenía la oportunidad de hacer una película en Londres, que se tenía que llamar El rey en Londres, y que ya le había comprado a Los Beatles los derechos para filmarle dos canciones, también a los Rolling Stones, a los Hooligans, a The Animals… Y yo, que los conocía a todos pensaba que me estaba cargando. Así que le dije que si lo ponía por contrato, lo hacíamos. Y lo hicimos.

– Contame esa experiencia.

– Lo grabamos en el Royal Albert Hall, donde habían estado ellos una semana antes. Inclusive dejaron la tarima y le pidieron a Ringo que dejara el bombo, que quedó detrás del telón. Hicieron un concurso para buscar dobles de Ringo y Paul… ¡En Londres! ¡No sabés la cantidad de Ringos y Pauls que aparecieron! Jajaja. Los hicieron aparecer en el escenario como si fueran Los Beatles y me saludan cuando yo entro al escenario. El tipo, además, había filmado los contraplanos del público, con las minas llorando, y los mechó mientras cantaba yo. Después podríamos haber ido a sacarnos la foto con Los Beatles, pero no la hicimos.

-¿En serio? ¿Por qué?

-Ellos no estaban en Londres; no sé si estaban en Liverpool, en Manchester o dónde. Teníamos que viajar, pero era fin de semana y yo dije que el fin de semana es para descansar. “Es el único descanso que tenemos en la semana… ¿Viajar solo para hacer una foto?”, dije. Algunos me querían matar, pero bueno, no viajé y no lo hicimos, pasaron los años y Los Beatles se convirtieron en esa cosa increíble que representan hoy en la historia.

-¡Tremendo!

-Pero en ese tiempo uno no se daba cuenta. Me gustaban las voces, las armonías, las melodías, que eran fáciles, que no tenían nada que ver con los grupos de rock a los que no les entendías nada. Estos tipos eran 2 + 2: 4, y no había con qué darles.

Palito habla del episodio casi sin cambiar el tono de voz, como si haberse perdido “la” foto con los Fab Four no fuera otra cosa que un capítulo más en una novela por momentos casi inverosímil, que sigue escribiendo al borde de sus 80. Y en línea con esa moderación que transmite en cada frase, a la hora de invocar a los que más extraña entre aquellos con los que compartió parte de su vida y hoy ya no están su búsqueda va más por el lado B que por el de los nombres rutilantes con los que se codeó.

“Tuve en el comienzo mismo una buena relación con Dino Ramos, con quien escribí casi todas las canciones que grabé al empezar mi carrera. Un actor cómico muy bueno que no tuvo la oportunidad en la televisión de haber desarrollado su talento. Después fue a México, a Barcelona… Un gran romántico de la vida, que escribió siempre muy bien. Después, hay gente que yo…”, inicia Palito un nuevo monólogo.

Enseguida viaja a lo más profundo de los años ’50. “Yo vendía café en la puerta de Radio Belgrano en Ayacucho y Posadas, donde llegaba un auto del que bajaba un músico que, pobrecito, era baterista. Y entraba a bajar un tambor, otro tambor, los platillos, un fierro, otro fierro… Entonces yo dejaba los termos en un lugar que tenía para guardarlos y lo ayudaba. Así, de a poco fui aprendiendo a armarla. Y lo mismo cuando terminaba. Entonces, un día me preguntó si me gustaba el instrumento, y por qué no estudiaba”, cuenta.

-¿Qué le respondiste?

-Que “sí, maestro, me gusta”, pero que con el café que vendía apenas podía pagar la pensión. Le conté mi historia y él me miraba. “Mirá pibe, si te gusta te voy a enseñar. Lo único que te pido es que no me hagas perder tiempo. Tenés que estudiar”, me dijo. Su nombre es Alberto Alcalá. Un baterista muy reconocido que hasta editó métodos. Vivía en avenida Juan B. Justo; me regaló una gomita redonda, que es donde se golpea y empecé a solfear. Hasta que me enganché con una banda para ayudar a armar y desarmar, y el guitarrista del grupo me empezó a enseñar los acordes, a cambio de una condición.

Después de 60 años de trayectoria, Palito asumió el rol de crooner, para versionar grandes canciones del repertorio del rock, romántico y del swing. Foto Prensa Sony

Después de 60 años de trayectoria, Palito asumió el rol de crooner, para versionar grandes canciones del repertorio del rock, romántico y del swing. Foto Prensa Sony

– Que era…

-En cada pueblo al que llegábamos, el enseguida se encargaba de preguntar donde quedaba el cabaret. Entonces, como le gustaban las copas, yo lo tenía que acompañar y ayudar a llegar de nuevo al hotel.

-¿Sólo le gustaban las copas?

-La noche en general. Ese tipo fue el primero que me enseño a hacer arpegios. Ahí empezó mi gran descubrimiento, porque se me amplió el panorama, al conocer las séptimas, las novenas, las aumentadas… Entonces, un acorde te dispara una idea. Eso es muy curioso. La felicidad la escribí a partir de haber escuchado una bocina en la calle.

-¿Cómo es eso?

-Era una de esas que tenían varios sonidos. Iba en el auto, escuché eso y empecé yo (tararea la melodía)”, llegué, agarré la guitarra y empecé a armarla. Cuando me encontré con Antonio Carrizo, con quien estaba rodando una película, le pregunté si la melodía le parecía infantil. Me miró y me dijo: “Pibe, ¡estás loco! Esto es un éxito”. Como la compañía me había pedido una canción para Paul Anka, que quería grabar en español, cuando la terminé se las llevé. Pero el presidente de la compañía cambió de idea. “Pibe, ¿vos estás loco? Esto me lo grabas mañana”, me ordenó. Y lo hice.

-Un golazo de media cancha.

-Sí. Tal vez en el momento uno uno se da cuenta de lo que va a venir. La canción salió como un balazo y no hubo forma de pararla. Y de ahí a llegar al Albert Hall de Londres en versión instrumental, a escucharla tocada por la orquesta de Ray Conniff en los Estados Unidos…

-Me quedó la intriga de qué hacías en el cabaret mientras esperabas a tu protegido. 

-En verdad, yo siempre tuve un poco la característica de ser un buen observador. observar. Y la gente de la noche, especialmente las mujeres, son muy fieles. Yo era el nene. Y me cuidaban. Es gente muy protectora, y siempre sentí esa protección. Gracias a Dios, me crucé con buena gente. La vida me trató bien. Además de que yo también me cuidaba. Yo nunca me emborraché en mi vida.

-¿Nunca?

-No. Lo vi todo ahí, pero nunca me llamó la atención. Soy amante de una buena comida y un buen vino, pero también sé parar después de un par de copas. 

-¿Te da miedo que la pandemia no te permita volver a encontrarte de nuevo con el público desde un escenario?

-Lo he pensado, curiosamente, porque estaba previsto que presentemos el disco. Pero ante la consecuencia de lo que está pasando con la gente, lo que me llama la atención es esta contradicción tan grande de ver un ese avance tan increíble de la ciencia, al poner un tipito caminando en la luna y que no sepamos cómo parar esta peste. No le encontré explicación al tema. Me da mucha pena la gente, especialmente los más vulnerables. Porque una persona con recursos enseguida recurre a un médico; la que no los tiene, a veces cuando lo hace ya es tarde. Me conmueven los chicos. Digo, “puta, ¿y si tiene temperatura y no tienen la posibilidad de que se lo detecten a tiempo?” Pero la mayor incertidumbre es que uno no sabe hasta cuándo iremos con esto. Dios quiera que la ciencia siga ahí empeñada en encontrar una salida.

Sin cuentas pendientes; Palito dice que logró mucho más de lo que alguna vez haya soñado, y que con eso no hace falta pedir más. Foto Prensa Sony

Sin cuentas pendientes; Palito dice que logró mucho más de lo que alguna vez haya soñado, y que con eso no hace falta pedir más. Foto Prensa Sony

-La información oficial dice que cumplís los años el 8 de marzo. ¿Qué hay de cierto en eso de que naciste el 28 de febrero?

-En realidad, en el campo te anotan el día que tu padre tiene libre en el trabajo. Yo nací en la casa número 24 del Ingenio Mercedes, y el tema es que la fecha que queda es la de cuando tu padre tiene tiempo para llevarte a anotar. En mi caso había que ir hasta Lules, así que ya habían pasado varios días cuando fue. Pero yo, por supuesto, lo celebro el 8 de marzo.

-¿Te queda alguna asignatura pendiente?

-Sería medio egoísta de mi parte pedir más. No sé si estaría bien. Fui muy fantasioso, cuando era chico, pero he logrado mucho más que lo que había imaginado. Qué más puedo pedir.

E.S.



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