No todo olvido es Alzheimer: cuándo sospechar y consejos para acompañar en pandemia


Padecer o tener un familiar con Alzheimer no es sencillo. Teniendo en cuenta las dificultades propias de la enfermedad, que pueden verse agravadas por las medidas precautorias por el riesgo de contagio del COVID-19, en el Día Mundial del Alzheimer, los expertos llaman a prestar especial atención a los posibles cambios de conducta y a no dejar de estimular cognitivamente a quienes lo transitan.

En este contexto desde el Centro de Neurología Cognitiva (CeNeCo) del Servicio de Neurología del Hospital Británico instan a concientizar acerca de las diversas dificultades que conlleva esta enfermedad en épocas de pandemia.

“La aparición de trastornos del estado de ánimo se ve favorecida por el nuevo contexto, que se manifiesta en mayor ansiedad y depresión; el desarrollo de conductas disruptivas, como la agitación, la inquietud, excitación psicomotriz y estados confusionales. En este sentido, es de suma importancia estar atentos a los posibles cambios de conducta en las personas que padecen Alzheimer”, manifiestan.

Como explica Alejandro Andersson, médico neurólogo, director del Instituto de Neurología Buenos Aires, la enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia, es decir, del deterioro de las funciones superiores o capacidades cognitivas.

“Compromete no solo a la memoria, sino también a todos los aspectos de la vida. En los casos avanzados, los pacientes se encuentran con una especie de ‘mirada perdida’ y son incapaces de reconocer a sus familiares más cercanos”, añade.

La padecen uno de cada diez adultos mayores de 65 años, cifra que se traduce en el país a aproximadamente 400 mil personas, según informa el médico.

Una enfermedad progresiva

“En una etapa inicial, la enfermedad de Alzheimer progresa silenciosamente: aunque no haya síntomas se producen en el cerebro cambios patológicos que pasan completamente desapercibidos”, informan desde el Británico.

“Etapas siguientes avanzan con severo deterioro cognitivo, que incluye síntomas conductuales, que muchas veces irrumpen fuertemente en las actividades cotidianas del paciente y la rutina familiar debido a la pérdida progresiva de la independencia funcional”, agregan.

El acompañamiento familiar y la estimulación cognitiva son claves para las personas con esta enfermedad. Foto Shutterstock.

Teniendo en cuenta que la soledad en la que muchos adultos mayores viven puede agravar un cuadro ya de por sí complejo, recomiendan incorporar medidas de psicoeducación, acompañamiento familiar, modificación conductual y estimulación cognitiva. 

No saltear chequeos es otro de los consejos: “Es imperativo no descuidar el seguimiento y el control de las enfermedades comórbidas, ya que su descompensación afectará negativamente la salud en general; acelerará el deterioro cognitivo y los trastornos de conducta; y aumentará el riesgo de contagio y el desarrollo de formas más severas de infección por COVID”, advierten.

Las recomendaciones que brindan desde el citado hospital para favorecer el refuerzo de la autoestima y la preservación de la independencia funcional son:

– Profundizar las pautas de un estilo de vida saludable. Tanto llevar a cabo una dieta mediterránea, como fomentar la actividad física, la interacción social y la estimulación cognitiva no solo mejoran la calidad de vida sino que además disminuyen significativamente (cerca de un 50%) la exposición a factores de riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer. 

– Intensificar los cuidados a las personas mayores, para evitar accidentes en el hogar provocados por el estado general y las patologías del envejecimiento, independientemente del grado de declinación cognitiva.

Para eso, recomiendan anticiparse a la posibilidad de: la pérdida de agudeza visual, las dificultades auditivas ( que pueden interferir con la comunicación y la interacción social), las alteraciones funcionales, las atrofias musculares, la pérdida de reflejos y el enlentecimiento motor evitando posturas y tareas potencialmente peligrosas.

Establecer medidas preventivas en el hogar ​y evitar suelos resbaladizos o irregulares, puertas angostas, iluminación deficiente, pasillos con exceso de obstáculos, alfombrados, exceso de mobiliario, muebles con superficie vidriada, entre otros.

Fomentar la higiene del sueño: favorecer el descanso nocturno reparador. Para eso, es recomendable realizar ejercicios regularmente, establecer horarios de sueño fijos, evitar el consumo de alcohol, entre otras cuestiones.

Prevención, diagnóstico y tratamiento

“En un primer momento, el deterioro cognitivo se advierte por lo que refiere el paciente o su familia, y luego se objetiva y mide con exactitud con evaluaciones neurocognitivas. Las alteraciones de la memoria no siempre significan demencia. Los tests neurocognitivos son la mejor manera de saber si se está frente al frecuente olvido benigno o al olvido patológico del Alzheimer”, explica Andersson.

Respecto a las causas, afirma: “La enfermedad consiste en el depósito, entre las neuronas, de formas tóxicas de una proteína denominada betaamiloide, que termina rompiendo su esqueleto interno. Cuando una neurona sufre este proceso contagia a su vecina y comienza una reacción en cadena”, detalla.

Mantener una alimentación saludable, hacer ejercicio y dormir bien, algunas de las claves para prevenirla. Foto Shutterstock.

Mantener una alimentación saludable, hacer ejercicio y dormir bien, algunas de las claves para prevenirla. Foto Shutterstock.

En cuanto a sus inicios, el profesional explica tal como se detalla más arriba que el proceso comienza silenciosamente, hasta veinte años antes de su manifestación, como deterioro cognitivo leve, luego moderado y, finalmente, severo.

Es importante destacar que se trata de una patología que no distingue clases socioeconómicas o grupo étnico, que afecta a hombres y mujeres –predominando discretamente en estas últimas-, y es más frecuente a partir de los 65 años.

¿Por qué algunas personas desarrollan la enfermedad y no otras? “En mayor o menor medida, la genética juega siempre. Un claro antecedente de Alzheimer en la familia incrementa el riesgo de padecerla, y un bajo nivel de educación o escasa actividad intelectual productiva durante la vida es otro factor de riesgo para la demencia”, detalla.

“Hay cuadros de gran penetración genética conocidos como Alzheimer familiar y otros conocidos como Alzheimer esporádico -continúa-, en donde la genética juega mucho menos, dando lugar a los factores ambientales. Son la mayoría”, subraya, y aconseja en este sentido no descuidar el estilo de vida.

En cuanto a los tratamientos, el profesional alude a los fármacos (donepezilo, galantamina y rivastigmine) “que estimulan y aumentan la disponibilidad de acetilcolina en las sinapsis de los circuitos de la memoria y otros (memantine) que regulan el glutamato”.

Y agrega: “El ácido graso Omega 3, particularmente el DHA (ácido docosahexaenoico), facilita la síntesis de membranas neuronales, útil para nuevas prolongaciones y sinapsis neuronales”.

Por otro lado, sostiene que actualmente se apunta a “tratamientos de precisión: una medicina personalizada para cada individuo basada en el análisis de los biomarcadores (plasma e imágenes) y características del cuadro de cada paciente.



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