Nick Cave invade el subsuelo de Nueva York con una sinfonía de vidrio y bailarines de cristal


Cierta tarde abrasadora de finales de agosto, un equipo de obreros especializados de la construcción, muy concentrados, se desplazaba por el corredor que conecta Times Square y Grand Central Station, donde se encuentra el transbordador conocido como 42nd Street Shuttle.

Allí, bajo las calles de Nueva York, más de dos docenas de figuras hechas con vidrio de colores vibrantes bailaban a lo largo de las paredes del subte.

Este viernes 10 de septiembre, MTA Arts & Design (Arte y diseño de la Autoridad Metropolitana de Transporte local) inauguró oficialmente Every One (Todos), primera de una instalación de tres partes del artista Nick Cave, en el interior del nuevo pasillo de la calle 42.

Las otras dos partes –Each One (Cada uno) en la nueva entrada del transbordador y Equal All (Todos iguales) en la pared de la plataforma de andenes de la isla central- se instalarán el año que viene.

Los “bailarines de cristal” de Nick Cave, una nueva atracción en Time Square.

A nuevos tiempos nueva cara

El presupuesto de 1,8 millones de dólares para el proyecto, encargado por MTA Arts & Design, forma parte del programa global de reconstrucción y reconfiguración del 42nd Street Shuttle, cuyo costo supera los 250 millones de dólares.

Cave, escultor, bailarín y artista de performance, es conocido por sus Soundsuits (trajes sonoros), esculturas de tela que se pueden llevar puestas y están hechas de materiales tales como ramitas, alambre, rafia e incluso cabello humano y a menudo generan sonido cuando quien las usa se mueve.

Cave tampoco es ajeno a la puesta en escena de arte en estaciones de tren: en 2017 llevó una manada de 30 coloridos “caballos” de tamaño natural al Vanderbilt Hall de la terminal Grand Central. Cuando se camina por el nuevo corredor mejorado, las figuras de la pared se ven saltando y girando en Soundsuits de mosaico.

Nick Cave es el creador de los Soundsuits, esculturas de tela que se pueden llevar puestas.

Nick Cave es el creador de los Soundsuits, esculturas de tela que se pueden llevar puestas.

“Es casi como mirar un fragmento de película”, dijo Cave desde su estudio de Chicago cuando lo entrevistamos. “A medida que uno se desplaza por allí de izquierda a derecha, lo ve en movimiento.”

Desde que en febrero de 2018 quedó seleccionado de entre un grupo de artistas, el escultor pasó a preguntarse y preocuparse por: ¿Cómo transferir Soundsuits dinámicos y fluidos al mosaico estático? La respuesta lo alivió: sin solución de continuidad.

Una escultura en movimiento

Cuando se llegó hasta a Nueva York para ver Every One a principios de agosto, Cave comentó: “Me sentí como si estuviera en medio de una actuación, muy cerca y en persona”. Y agregó: “Sentías directamente esta textura rápida, diferente, visceral. Percibías la sensación en el movimiento y el flujo del material que resonaba totalmente”.

También explicó que sus trajes sonoros siempre han sido una amalgama de referencias culturales: conceptos de chamanes y bailes de máscaras que ocultan la raza, el género y la clase social de quien lo lleva puesto y forjan una nueva identidad. Tienen vínculos con África, el Caribe y Haití.

“Es muy importante que se puedan establecer referencias, que sea posible conectarse con algo”, sostuvo Cave. “En uno de los mosaicos del pasillo hay una zapatilla deportiva. De modo tal que eso lleve a este momento urbano y actual.” Debajo de una capa de rafia rosa y negra cuidadosamente trabajada con trozos de vidrio, asoma una zapatilla contemporánea en tonos salmón, blanco y rojo oscuro.

Tecnología alemana para una idea australiana

A Cave le gusta el juego que se produce allí: la forma es a veces figurativa, a veces abstracta. “Por momentos es identificable y por momentos no”, señala. “Pero ésa es la belleza de todo esto.” Luego de terminar el diseño de Every One a principios de 2020, el escultor eligió al fabricante Franz Mayer, de Munich, Alemania, de entre una lista que le proporcionó MTA Arts & Design.

La empresa, Mayer de Munich —uno de los talleres de vidrio arquitectónico, vitrales y mosaicos más antiguos del mundo— comprendió bien la visión de Cave.

La firma Mayer de Munich pertenece a la familia de Michael Mayer, su actual director general, desde hace generaciones. (Michael Mayer es bisnieto de Franz Mayer.) Una vez que el fabricante alemán conoce al artista y su perspectiva, el equipo puede traducir en mosaico los diseños escaneados de la obra.

Los artistas, dice Mayer, “son las personas con magia”. El fabricante imprime los diseños a escala, los coloca sobre una mesa y trabaja en ellos. En particular, el mosaico de Cave se hizo con un método de fijación positiva, lo cual significa que las piezas de vidrio se pegan directamente sobre un soporte de malla, en lugar de crear el diseño al revés, como una imagen de espejo.

Para su nueva instalación de mosaicos en Nueva York, el artista se aventura por debajo de Times Square.

Para su nueva instalación de mosaicos en Nueva York, el artista se aventura por debajo de Times Square.

“¿Cuál es la piedra que va junto a la siguiente y crea determinada sinfonía?” pregunta Mayer en relación al proceso. Su equipo cortó los trozos de vidrio, los aplicó a esteras de malla y el mosaico fue creciendo lenta y gradualmente hacia su exterior.

Una cuadra de escultura con 11 pantallas digitales

La pieza terminada mide unos 44 metros por un lado y 55 metros por el otro, y está separada por 11 pantallas digitales entre ellas. Durante tres minutos, cada 15, esas pantallas reproducirán videos de bailarines que danzan ataviados con Soundsuits.

Poco antes de la cuarentena, Mayer visitó a Cave en su estudio de Chicago. Después, el artista fue a ver la obra en curso en Munich. Si bien se trató de la primera vez en que Cave trabajaba con mosaicos, ahora está más que interesado en volver a utilizar este medio.

Estoy pensando en el mosaico como escultura, no que esté solamente en las paredes, sino que exista dentro del espacio que uno recorre cuando rodea la obra”, observó. “O sea que sí, vengo pensándolo desde que entré en este espacio.”

Y en la calle 42, su obra les hará compañía a gigantes: New York in Transit (Nueva York en tránsito), de Jacob Lawrence, The Return of Spring (El regreso de la primavera) y The Onset of Winter (El comienzo del invierno), de Jack Beal, y The Revelers (Los juerguistas), de Jane Dickson, son todos mosaicos de vidrio de la estación Times Square.

Roy Lichtenstein creó su Mural de Times Square en esmalte vitrificado. Y Under Bryant Park (Bajo el Parque Bryant), de Samm Kunce, es a su vez un mosaico de vidrio y piedra. “Times Square es el centro del mundo, del país”, afirma Cave.

Un artista conectado con la comunidad

Sandra Bloodworth, directora de MTA Arts & Design desde hace largos años, destacó el interés del artista por otros artistas. Cave, aseguró, es “un artista que se preocupa por la gente, que está muy conectado con la comunidad y muy en contacto con los sentimientos de las personas”.

Contar con un artista “arraigado en eso, cuya obra sea lo que vamos a ver cuando volvamos”, continuó, “cuando todo el mundo vuelva y la ciudad se revitalice, es una oportunidad sencillamente perfecta”.

Every One es toda movimiento, acota Cave. Los bailarines de cristal, con sus trajes de sonido de rafia y piel, reflejan el ajetreo de las más de 100.000 personas que antes de la pandemia viajaban a diario en el 42nd Street Shuttle: hasta 10.000 pasajeros por hora.

La directora del MTA definió a Nick Cave como un artista que se preocupa por la gente Foto NYT

La directora del MTA definió a Nick Cave como un artista que se preocupa por la gente Foto NYT

Aquel día abrasador de finales de agosto, el movimiento captado en las paredes coincidía con lo que ocurría en el pasillo en construcción. Un hombre con casco fraccionaba piedra en medio del corredor con una cortadora a chorro de agua.

Otro pulía cuidadosamente el mosaico recién instalado con limpiacristales y lana de acero. Goteaba el sudor y los trabajadores trajinaban por todo el lugar, construyendo nuevas sendas en la obra. “No somos sólo espectadores”, apuntó Cave, “sino que también formamos parte del acto”.

Fuente: The New York Times

Traducción: Román García Azcárate

E.S.​



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