"Miuki de la pipol" pateó el tablero de la vergüenza y hoy es activista por la diversidad corporal



“Siempre sentí que yo estaba mal. Que estaba mal porque era la más gordita de mi grupo de amigas y de la familia, porque ser gorda era algo que estaba mal y siempre lo tenía que cambiar”. Así es como Mia Baccanelli recuerda sus días en que se la pasaba haciendo dieta para bajar de peso.

“Yo he hecho todas las dietas habidas y por haber. He hecho la dieta proteica, la dieta del pollo, la dieta de tomar sopas instantáneas. Todo era con cero conciencia corporal y alimenticia. También culturalmente, por el estrato social en el que me crié, era muy común esa exigencia de que ‘hay que ser flaca’, entonces hay que cagarse de hambre”.

Mia Baccanelli es quien está detrás de la cuenta de Instagram @miukidelapipol que cuenta con casi 18.000 seguidores y fomenta la visibilización de la diversidad corporal, amor propio, autoaceptación. Tiene 25 años, es comunicadora social y trabaja en una plataforma brasileña con agencias de publicidad y se desempeña como modelo en sus redes sociales para distintas marcas y emprendimientos de indumentaria. Recientemente publicó su primer libro Todos los chicos que me gustan son de Racin.

Mia vive en Colegiales pero la mayor parte de su vida la pasó en San Isidro, lugar en el que siempre sintió la presión social por el “deber y tener que ser flaca”. Cuando era adolescente, tenía una ecuación -casi matemática- hecha en su cabeza “ser linda significa ser flaca, ser flaca significa ser feliz”, pero en cuanto comenzó a viajar al exterior esta idea automáticamente se derrumbó.

Descubrir nuevos cuerpos

“Un punto de quiebre fue vivir en otra cultura y soy una privilegiada porque pude viajar, y fue en Centroamérica que entendí que ahí la belleza eran mujeres curvosas, bien carnosas, y yo me sentía Madonna. Después volví a acá (Argentina) y me sentía re insegura”, cuenta recordando uno de sus viajes.

Vivió en Barcelona 7 meses y después emigró a Austria. En México estuvo un mes y en Uruguay, un año. Mia es trotamundos, quizás por eso sea “de la pipol” (de la gente). Empaparse de otras culturas le hizo entender que no hay un sólo modelo de belleza vigente, si bien está claro que la hegemonía sigue moviendo al mundo y a las industrias, por ejemplo, de la moda.

La vulnerabilidad, la empatía y la armonía, son palabras que repite Mía seguido al hablar. También se ven en sus posteos de Instagram y se reflejan en sus fotos. Los autoabrazos son su marca registrada. “Mostrarnos vulnerables nos hace más valientes y si todos pudiéramos conectar con eso podríamos empatizar mucho más con los otres y ser más armoniosos”.

A través del activismo de la diversidad corporal, Miuki invita a reflexionar sobre las dietas restrictivas y repensar sobre los cánones de bellezas hegemónicos vigentes en los medios de comunicación, la publicidad y la industria de la moda.

​Repensar las dietas

Esto es lo que se intenta tener en cuenta en el Día Internacional sin dietas que se conmemora cada 6 de mayo desde 1992. La idea es concientizar e informar sobre el peligro de las dietas restrictivas, que pueden generar graves problemas como tener una visión distorsionada de la belleza y esto podría desencadenar en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), cuentan desde el equipo de Nutrición.AG.

Esta iniciativa surgió de la británica Mary Evans Young, feminista y escritora que fue contra la industria de los productos dietéticos y alertó sobre los peligros de la anorexia nerviosa, entre otros desórdenes alimentarios. Se convirtió en la fundadora del movimiento “Diet Breakers” en 1992, que derivó en esta fecha que se recuerda cada 6 de mayo.

La culpa como disparador

La Licenciada Mara Fernández, Psicóloga especialista en TCA (M.N. 36031) quien atiende en Nutricion.AG y habla de estas temáticas en su cuenta de Instagram @hablar_sana, profundiza sobre esta problemática.

– Las dietas restrictivas pueden ser un detonante de trastornos de la alimentación. ¿Qué conductas deberían encender alarmas en una persona que está haciendo una dieta para evitar que desarrolle TCA?

– Hay algunas señales de alarma que pueden dar cuenta de que un TCA se está desarrollando: preocupación obsesiva por la imagen corporal, distorsión de la propia imagen, dietas restrictivas, pensamientos intrusivos relacionados con los alimentos, conductas de aislamiento, encierro y poca comunicación, dificultad para expresar emociones o para poner en palabras, baja tolerancia a la frustración, entre otros.

– Sabemos que la culpa ocupa un lugar en las dietas restrictivas, ¿cómo afecta esto a nivel emocional? ¿Y social?

– Nadie nace odiándose o rechazando su cuerpo. Eso se aprende y tiene relación con la autoestima, los hábitos alimentarios de la familia, y los modos de vinculación de cada miembro con su cuerpo.

– ¿Qué consejos le darías a los padres a la hora de abordar el tema de las dietas, la alimentación y la imagen corporal con los adolescentes?

– Es importante entender que no hay que hacer hincapié en el aspecto físico como sinónimo de felicidad. La comida no sólo es alimento, también es cultura, afecto, comunicación y sociabilización. Por lo tanto, a la hora de abordar todos esos temas es fundamental buscar ayuda profesional especializada, si es que se la necesita.

El cuerpo habla

Por otro lado, la Licenciada Laura Romano, Nutricionista en @integralnutricion (M.N. 5992) y autora de “Las dietas tienen un final”, coincide en que es necesario el acompañamiento profesional si un adolescente o joven quiere comenzar una dieta, pero advierte “que investiguen bien a qué profesional lo van a mandar porque muchas veces la restricción, la obsesión y la incursión en las dietas viene del lado de los nutricionistas”.

Y detalla: “Son nutricionistas que dan planes restrictivos y que le dan el mismo plan a una persona que hace 30 años hace dieta que a una chica que tiene 14 años que quiere comer más sano y que no tiene sobrepeso. Hoy se sabe y hay evidencia científica de que las dietas a largo plazo generan aumento de peso. Si van a un profesional que les saca la hojita y dice, esto no, esto no, váyanse, tiren la hojita y busquen otra”.

Laura Romano es determinante al hablar: “Muchas pacientes me dicen ‘mi mamá me llevó a la nutricionista a los 9 años‘ y a partir de ahí, le arruinó toda su relación con la comida”.

En los últimos dos años, las principales consultas que le llegaron son por “las dietas de moda”. “La dieta keto, el ayuno intermitente y los polvitos mágicos ocupan el top tres”, cuenta.

– ¿Qué características nos deberían alarmar de una dieta para detectar que tal vez no es tan saludable?

– Cuando hay una restricción a nivel total de un grupo de alimentos como sucede con la dieta keto o cetogénica. Si vos eliminás todas las fuentes de carbohidratos, perdés todo un grupo de nutrientes.

Yo creo que uno debería desconfiar cuando más te prometen. Cuando más kilos te prometen bajar en menos tiempo, hasta incluso desconfiá cuando te dicen “en tanto tiempo, tantos kilos” porque cada persona es un mundo y vos no sabés si vas a responder de la misma manera.

– ¿Qué cambios saludables se pueden incorporar en el día a día sin caer en una dieta restrictiva?

– Empezar a achicar la porción, comer más verduras y más frutas, incorporar más colores a su alimentación, buscar más recetas saludables, meterse más en la cocina y desde ahí no restringirse. Hacer el 80-20: en la semana, tratar de cuidarse y dejar el huequito en la panza para otros alimentos.

La ecuación simple

De esta manera, ambas profesionales concuerdan en que las dietas restrictivas pueden convertirse en un problema. La ecuación es simple para Romano: la restricción genera descenso de peso pero también aumento de ansiedad. Si eso es prolongado en el tiempo, se acumula la ansiedad hasta que “darse un gustito” como una porción torta puede ser un detonante.

Ahí surgen varios caminos: el efecto rebote, en que se comienza a comer sin parar aquellos alimentos “prohibidos” en la dieta restrictiva y “se pierde el control”; la compensación, es decir que el cuerpo incorpora y asimila de buena manera “aquello que no se venía comiendo”; o el desarrollo de un trastorno alimentario, que comienza cuando una persona se obsesiona con el bajar de peso y “compensa” con purgas (vómitos) o pastillas para adelgazar, entre otros métodos insalubres.

La idea final siempre es la misma: aceptar el cuerpo que tenemos y a partir de allí intentar tener una relación sana para con él, nuestra autoestima y con los alimentos con los que lo nutrimos, incorporando hábitos saludables en lugar de dietas restrictivas. Y buscar ayuda profesional en caso de necesitarlo. El equilibrio como base y el amor propio como guía.





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