¿Merece la pena ver ‘Ginny y Georgia’, la nueva serie de Netfix?



La plataforma de ‘streaming’ apuesta por una historia entre madre e hija que recuerda a ‘Las chicas Gilmore’ pero que, siendo sinceros, no tiene nada que ver.

Netflix terminó febrero con el estreno de Ginny y Georgia, la historia de una mujer que fue madre con 15 años y ahora trata de encontrar la mejor forma de vida para su familia. Si al leer esto te has acordado de Las chicas Gilmore, no eres el único. La premisa es muy similar a la de la serie de Amy Sherman Palladino, pero su estilo no tiene nada que ver.

Y eso que parece que la creadora, Sarah Lampert, homenajea a Rory y Lorelai en cada esquina. Ginny, la hija adolescente a la que interpreta Antonia Gentry, es una ‘outsider’ que encuentra refugio entre los libros. En su primera clase de Literatura avanzada deja con la boca abierta a su profesor, que no se esperaba nada de ella. Pura Rory. Por otro lado, Georgia (Brianne Howey), la jovencísima madre, empieza a intimar con Joe (Raymond Ablack), el dueño del restaurante orgánico de la ciudad. Ya tenemos a nuestra Lorelai y Luke.

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Más allá de eso, Ginny y Georgia no tiene, en absoluto, la misma esencia que Las chicas Gilmore. No cuenta con esos diálogos imposibles que han hecho famosa a Palladino, ni el pueblo está lleno de personajes tan peculiares. La ficción de Netflix incorpora una trama de suspense que la aleja definitivamente de Stars Hollow, pero que ayuda a mantener la atención del espectador. En este sentido, recuerda más a Dead to me, la producción de Liz Feldman con Christina Applegate y Linda Cardellini.

La serie comienza con la muerte del esposo de Georgia. Había encontrado apoyo en sus brazos y sus hijos disfrutaban de las comodidades de una vida de lujo. Sin embargo, ya en el primer episodio queda claro que hay algo turbio detrás y que esa muerte no es tan accidental como todos creen. Al mismo tiempo, vamos descubriendo, píldora a píldora, el pasado de la madre, que tuvo que huir de los malos tratos de su padre.

A pesar de tener un trasfondo tan dramático, la serie es una comedia bastante refrescante. Los personajes y las conversaciones están plenamente adaptadas a las preocupaciones de la sociedad actual. Se hace evidente cuando Ginny se queja de la falta de escritoras mujeres y autores negros que deben estudiar durante el curso y en secundarias como Maxine (Sara Waisglass), que es abiertamente lesbiana y no da por hecho que su nueva amiga es heterosexual. 

De hecho, Maxine es uno de los puntos fuertes de Ginny y Georgia. Es la que da el contrapunto cómico a la vida de Ginny y la que intenta que supere sus miedos. Sobre todo ello, Maxine es la prueba de que la Generación Z ya ha superado muchos temas tabúes para generaciones anteriores. Se sabe que es lesbiana, pero no se cuenta su salida del armario -¿es necesario?- ni se toma este rasgo para definirla. El guión deja espacio para explorar la personalidad del personaje y su vida en el instituto sin que su orientación sexual sea el centro de todo. Es un claro ejemplo de inclusividad y de cómo, poco a poco, las cosas están cambiando, aunque falta aún mucho camino por recorrer

Dicho todo esto, ¿merece la pena ver Ginny y Georgia? Es una serie entretenida que te asegura un buen rato, principalmente si eres fan de las comedias adolescentes. Son dos cualidades sencillas pero que no consiguen todas las producciones. Es muy complicado destacar entre la oleada de ficciones que llegan a las plataformas de ‘streaming’ cada semana, pero ésta consigue poner un punto divertido y actual que hay que valorar.



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