Lo que no se sabe de Camila, el filme argentino fenómeno de masas e impulsor del feminismo


La primera película de la recuperada democracia argentina”. Así le gustaba a María Luisa Bemberg que se considerara a Camila, su tercer largometraje, el que le dio el reconocimiento del público y de sus pares.

Camila fue la tercera película argentina nominada a un Oscar, la vieron dos millones de personas y alejó a su factótum de los prejuicios que la habían rodeado desde que, a los 50 años, Bemberg había decidido dejar su cómoda vida de señora de clase alta para dedicarse a filmar.

El factor Graciela Borges 

La leyenda dice que en el principio estuvo Graciela Borges. Amiga y “vecina de campo” de Bemberg, fue -según ella misma cuenta- quien le dio por primera vez detalles de la historia de la joven que había sido fusilada durante el rosismo junto a su amante, un cura.

La escena en la que Camila (Susú Pecoraro) conoce a Ladislao (Imanol Arias). Foto Archivo Clarín

“Un día, estando en el campo, después de un almuerzo, tomando un café debajo de un ombú, mi marido Juan Manuel (Bordeu) le dijo ‘Vos, María Luisa, deberías filmar’. Y ella le dijo: ‘¿Te parece?’ Me acuerdo siempre de esto”.

La icónica actriz describe esta escena en el exhaustivo libro El asombro y la audacia. El cine de María Luisa Bemberg, compilado por Julia Kratje y Marcela Visconti y editado por el Festival de Mar del Plata.

El relato continúa: “Empecé a contarle la historia de Camila O’Gorman, que a ella la sobresaltó mucho. Es que yo iba a interpretarla en una adaptación del libro de Enrique Molina, Una sombra donde sueña Camila O’Gorman”.

“A ella la impresionó la historia de esta mujer tan osada, que iba al puerto a buscar libros y que mantenía una relación tan fuerte con un sacerdote. Le insistimos mucho para que se animara a filmar su primera película”.

El afiche de Camila, la película de María Luisa Bemberg.

El afiche de Camila, la película de María Luisa Bemberg.

Nacida un 2 de abril de 1982 

Corte al 1 de abril de 1982. Era la noche del estreno de Señora de nadie, el segundo largometraje de Bemberg. Junto con su productora, Lita Stantic, y otros miembros del equipo de filmación, se fueron a festejar al restaurante El Tropezón y se quedaron esperando la salida de los diarios para leer las críticas.

“La jefa de producción fue a comprarlos y volvió con el anuncio de que la Argentina había invadido Malvinas. Aparte de la angustia de la situación, estábamos estrenando una película en un momento en que había de todo: euforia, depresión…”, recordó Stantic en una entrevista.

“Y como las críticas de Señora de nadie decían que las películas de María Luisa descreían del amor, yo le dije: ‘Tenés que hacer una historia de amor, y qué mejor historia de amor que Camila’. Y así empezamos a prepararla”.

María Luisa Bemberg (derecha) junto a la productora Lita Stantic (centro) y la actriz y directora teatral Alejandra Boero (izquierda). Foto Archivo Clarín

María Luisa Bemberg (derecha) junto a la productora Lita Stantic (centro) y la actriz y directora teatral Alejandra Boero (izquierda). Foto Archivo Clarín

Los antecedentes

No era la primera vez que esta tragedia argentina iba a ser llevada al cine. La había precedido una de las primeras películas nacionales, Camila O’Gorman (1913), de Mario Gallo, una versión muda protagonizada por Blanca Podestá, de la que no se conservan copias.

También la había retratado El destino (1971), de Juan Batlle Planas (hijo), con Julia Elena Dávalos como Camila y Lautaro Murúa como el padre Ladislao.

Según Stantic, Julio César Amadori había intentado filmarla, con Zully Moreno como protagonista, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Pero el presidente había preferido evitar un conflicto con la Iglesia y le bajó el pulgar al proyecto.

Retrato de Camila O'Gorman, la dama que inspiró la película.

Retrato de Camila O’Gorman, la dama que inspiró la película.

Su historia también había sido abordada por la historia y la literatura. Camila aparecía como un símbolo contra la barbarie en obras como Allá lejos y hace tiempo, de Guillermo Enrique Hudson (1918) o la Historia de la Confederación Argentina, de Adolfo Saldías (1892).

La joven mártir del rosismo había sido la protagonista en la mencionada novela de Molina, de 1973, y lo sería en Camila, de Agustín Pérez Pardella, de publicación casi simultánea a la película. Después llegaría mucha más bibliografía, con libros de Félix Luna, Silvia Miguens y Marta Merkin, entre otros autores.

Basada en una historia real

La historia real, tan atractiva para convertirse en carne de ficción, era la de una joven de una familia aristocrática que en el siglo XIX, cuando la provincia de Buenos Aires era gobernada por Juan Manuel de Rosas, desafió las convenciones sociales de la época al enamorarse de un sacerdote, Ladislao Gutiérrez.

Ejecución de Camila O'Gorman (Turín, 1858). Óleo sobre tela del pintor italiano Francesco Augero (1829-1882).

Ejecución de Camila O’Gorman (Turín, 1858). Óleo sobre tela del pintor italiano Francesco Augero (1829-1882).

El cura también provenía de una familia influyente: era sobrino de Celedonio Gutiérrez, gobernador de Tucumán. Los jóvenes vivieron un amor secreto hasta que en diciembre de 1847 decidieron huir y pasar a la clandestinidad.

El hecho fue un escándalo que convulsionó a la sociedad de aquella incipiente Argentina. La pareja fue atrapada en Goya, Corrientes, unos meses después. Presionado por el clero y la aristocracia, Rosas decidió que recibieran un castigo aleccionador.

De nada sirvieron los altos orígenes de los enamorados ni su juventud (ella tenía 20 años y él, 24). Tampoco que ella estuviera embarazada de ocho meses: fueron condenados a muerte y fusilados el 18 de agosto de 1848. Desde entonces, se convirtieron en símbolo del amor romántico y de la barbarie rosista, pero en 1984 poco los recordaban.

Ícono feminista

La Camila de María Luisa Bemberg sería, además, un ícono feminista. Con su filmografía hasta ese momento (los cortometrajes El mundo de la mujer, de 1972, y Juguetes, de 1978; y los largometrajes Momentos, de 1981, y Señora de nadie, de 1982) la directora se había erigido en una de las escasas voces femeninas en un mundo, el del cine, eminentemente masculino.

Maria Luisa Bemberg, en rodaje. Foto Archivo Clarín

Maria Luisa Bemberg, en rodaje. Foto Archivo Clarín

En cada uno de esos títulos había expuesto su disidencia con el rol pasivo, sometido al hombre, que la sociedad le asignaba a la mujer. Y con Camila planeaba seguir ese mismo camino.

“Antes que nada quiero plantear ante los espectadores la imagen de una mujer diferente, exactamente lo contrario a lo que proponen, por ejemplo, las revistas femeninas”, declaraba en 1983, dos días antes de empezar a filmar.

Si el germen de la película había estado ligado a una fecha histórica como el 2 de abril de 1982, el rodaje también: comenzó el 10 de diciembre de 1983, día de la asunción de Raúl Alfonsín tras más de siete años de dictadura.

Susú Pecoraro e Imanol Arias

Susú Pecoraro e Imanol Arias: hubo química. Foto Archivo Clarín

Susú Pecoraro e Imanol Arias: hubo química. Foto Archivo Clarín

La protagonista sería una actriz prometedora: Susú Pecoraro, que tenía 31 años y desde 1978 ya había trabajado en cinco películas, entre ellas Señora de nadie. Pero en 1983 estaba ensayando una obra sobre Malvinas, y con el grupo de teatro se habían comprometido a no aceptar nuevos trabajos.

Entonces su representante, Teresa Yuño, le acercó el guion de Camila. Después de varias negativas, Susú aceptó leerlo: “Terminé llorando en el piso con el libro en la mano, como si hubiera filmado la película mientras lo leía”. Se lo contó a Ana María Picchio, una de sus compañeras de elenco teatral, y ella la animó a romper el pacto y aceptar el papel.

“Yo ya había rechazado un papel en El exilio de Gardel. Y Miguel Ángel Solá, que también estaba en el grupo de teatro, de alguna forma me abrió el camino cuando me enteré de que él sí había aceptado trabajar en la película de Pino Solanas. Entonces el grupo se disolvió, y yo me fui a ensayar Camila”, contó en el libro de Kratje y Visconti.

Ladislao sería el español Imanol Arias, que gracias a ese papel empezó un romance con el público argentino que sigue hasta hoy. Una elección que, más allá de las virtudes actorales del elegido, se explica porque se trataba de una coproducción con España.

Imanol Arias y Susú Pecoraro en una escena de Camila. Foto Archivo Clarín

Imanol Arias y Susú Pecoraro en una escena de Camila. Foto Archivo Clarín

Había sido una decisión tomada para garantizar el estreno, por las dudas de que en la Argentina se complicara la llegada a los cines. Como Ladislao era argentino, Arias fue doblado por el actor Lelio Incrocci, que por esos años había hecho la voz de Peter Parker y el Hombre Araña en los dibujitos animados.

En los principales papeles secundarios estaban Héctor Alterio como Adolfo O’Gorman, el padre de Camila, y Elena Tasisto como Joaquina, la madre. También actuaban Carlos Muñoz, Juan Leyrado, Claudio Gallardou, Roxana Berco y Juan Manuel Tenuta, entre muchos otros.

Amenazas y récord de público

El rodaje duró diez semanas y en su mayor parte se realizó en Chascomús, provincia de Buenos Aires, y en Colonia del Sacramento, Uruguay.

Por la temática de la película, la producción temía que hubiera obstáculos por parte de la Iglesia y sectores conservadores. Al final, la mayor traba fue conseguir una iglesia, hasta que apareció una en la localidad de Pilar.

Hubo algunos inconvenientes luego del estreno, el 17 de mayo de 1984: se recibieron amenazas de bomba en algunas salas que la proyectaban, y aparecieron afiches rotos o vandalizados con pintadas de cruces esvásticas. “Pero fue un éxito tan grande que después esos problemas pararon”, recuerda Stantic.

Susú Pecoraro en "Camila". Fue su consagración como actriz.

Susú Pecoraro en “Camila”. Fue su consagración como actriz.

En efecto, fue un verdadero boom en todo el país. La vieron en total 2.117.706 espectadores, cifra que todavía la ubica décima entre las películas nacionales más convocantes de la historia.

A eso hay que sumarle el público extranjero, porque se estrenó tanto en Uruguay como en los Estados Unidos y algunos países de Europa (España, Gran Bretaña, Suecia y Alemania).

Nunca se saben los motivos de un éxito, pero en este caso se puede sospechar de una combinación perfecta: una historia de amor que desafiaba a las convenciones en el contexto de un país que estaba saliendo de una dictadura, más actuaciones sólidas y una excelente reconstrucción de época.

Una curiosidad es que en el guion (coescrito por Bemberg, Beda Docampo Feijóo y Juan Bautista Stagnaro, con asesoría de Leonor Calvera) jamás se nombra a Juan Manuel de Rosas

“Es una película muy valiente porque no deja bien ni a los rosistas, ni a los unitarios, ni a la Iglesia. En verdad, todos son culpables de la muerte de Camila“, evalúa Stantic.

Ladislao, ¿estás ahí?

La escena del fusilamiento de Camila y el padre Ladislao en "Camila". Foto Archivo Clarín

La escena del fusilamiento de Camila y el padre Ladislao en “Camila”. Foto Archivo Clarín

La película cuenta con uno de los diálogos más famosos del cine argentino. “Ladislao, ¿estás ahí?”, pregunta Camila, con los ojos vendados, ante el pelotón de fusilamiento. Y él responde: “A tu lado, Camila”. Después, en la última escena, el mismo diálogo se escucha en off mientras se ven los cadáveres de los amantes, juntos para siempre.

Fue una decisión tomada entre Bemberg y Stantic. Algunos dicen que la sugerencia partió de la productora; otros, que sólo se limitó a aprobar la idea de la directora. Siempre, según la leyenda, con el mismo argumento: ese final aseguraría la venta de miles de entradas más.

Pero Bemberg se arrepentía de ese final cursi: “Detesto el sentimentalismo. Esa es una escena tramposa. Yo tendría que hacer lo que me gusta, no lo que dice la boletería”, decía tiempo después en una entrevista con La Nación.

Como fuera, esas líneas quedaron grabadas en el inconsciente colectivo. Hace poco, en una entrevista con Clarín, Imanol Arias dio un ejemplo gráfico de hasta qué punto caló ese diálogo.

Camila y Ladislao, juntos para toda la eternidad. Una imagen de Susü Pecoraro e Imanol Arias, en "Camila".

Camila y Ladislao, juntos para toda la eternidad. Una imagen de Susü Pecoraro e Imanol Arias, en “Camila”.

“Una vez, en el aeropuerto de Nueva York, estaba en la cola de los trámites, y me llevan a un cuarto a hacerme preguntas. Un negro y una latina. El negro va sonriente, ella no tanto. El negro se aparta, ella se me sienta enfrente, descubro que es policía argentina y me dice: “Señor Arias, a ver si está atento… ‘Ladislao, ¿estás ahí?'”.

“Estaba desorientado y pensé ‘No me jodas’. Y rápidamente le dije ‘A tu lado, Camila’. Después era ‘Y dale, llevame preso’. Y nos quedamos charlando un montón”.

El Oscar y los festivales

El recorrido internacional de la película estuvo motorizado en gran medida por la nominación al Oscar a mejor película extranjera, la segunda en la historia para la Argentina, después de La tregua, de Sergio Renán, en 1975.

Camila tampoco lo ganó (se lo llevó la suiza Juegos Peligrosos, de Richard Dembo), pero como suele ocurrir, estar entre las cinco finalistas le dio un gran impulso.

María Luisa Bemberg con Susú Pecoraro. Foto Archivo Clarín

María Luisa Bemberg con Susú Pecoraro. Foto Archivo Clarín

Tuvo un buen recorrido por festivales. Ganó el premio del público en Biarritz y dos en Karlovy Vary (a la actuación de Susú Pecoraro y un reconocimiento del Jurado de los Técnicos).

Al regreso de lo que entonces era Checoslovaquia, el presidente Raúl Alfonsín recibió en la Casa Rosada a Bemberg, Stantic, Pecoraro y otros integrantes del equipo.

Fidel, un admirador más

Al Festival de La Habana viajó la protagonista como única representante. “El éxito fue total: de hecho, la mitad de la isla se empezó a llamar Camila”, recuerda Susú en El asombro y la audacia. Algo parecido sucedió con las niñas nacidas en la Argentina.

Fue recibida como una hija por personalidades como Ernesto Guevara Lynch, el padre del Che; Gabriel García Márquez; Mario Benedetti; Fernando Birri; o Pablo Milanés.

García Márquez quería a toda costa que Fidel Castro viera la película. Un día en el que yo estaba volando de fiebre en mi habitación del hotel, me llaman del Palacio de la Revolución. Era Fidel”.

La directora de "Camila" María Luisa Bemberg. Foto Archivo Clarín

La directora de “Camila” María Luisa Bemberg. Foto Archivo Clarín

“Mandó a buscarme con un jeep. (…) Cuando lo veo, me parece enorme, altísimo. Se sienta al lado mío. Una de las preguntas que me hace es ‘Pero, ¿cómo se animó esta mujer a filmar esta película? ¿Cómo han hecho?’”

“Él vio que había muchas mujeres delante y detrás de cámara. Yo le contesté que María Luisa no sólo se animó, sino que además venía de una familia de la aristocracia. ‘Eso lo hace mucho más interesante’, me respondió. Al contarle esta anécdota, María Luisa se reía como si hubiera sido una travesura”.

Sexo sobre la mesa

Pecoraro no sólo le dio rostro a Camila, sino que también participó de algunas decisiones cruciales, como darle más erotismo a la película que el que figuraba en el guion. 

Por esos días, Susú e Imanol Arias habían ido al cine juntos a ver El cartero llama dos veces, con Jack Nicholson y Jessica Lange, y La amante del teniente francés, con Meryl Streep.

Así, bajo la inspiración de de esos títulos, surgió la recordada escena en la que O’Gorman y Ladislao tienen relaciones sexuales sobre la mesa de su casa.

Susú Pecoraro e Imanol Arias en la escena de sexo de "Camila".

Susú Pecoraro e Imanol Arias en la escena de sexo de “Camila”.

“Se me ocurrió proponerle a Imanol Arias que, en la escena en la que él ve la procesión y está triste porque se da cuenta de que deja a Dios atrás, al entrar al ranchito me rompiera la camisa y me besara las tetas. ‘Y de ahí -le digo a Imanol- me llevás arriba de la mesa y, sobre el vestido que voy a usar la noche famosa en que nos atrapan, hacemos el amor’”.

Le mostraron a Bemberg cómo sería y aceptó filmarla. Después de todo, contribuía a la imagen que quería construir de Camila: una mujer con deseos sexuales y capacidad de gozar, libre de las ataduras de una crianza que, como había sido la de la propia directora, apuntaba a que fuera madre y esposa.

La película era orgánica con el contenido de toda la obra de Bemberg, que había sido una de las fundadoras de UFA (Unión Feminista Argentina) y con sus películas se proponía cuestionar tanto el matrimonio como la monogamia, la maternidad y la heterosexualidad obligatorias.

Camila fue consecuente con sus principios: “El mío -decía- es un cine muy comprometido con la ideología feminista y siento como una obligación ética proponerle al público una imagen de la mujer diferente de los estereotipos que suele dar de ella el cine masculino”.

WD



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