Lo mejor es terminar con las retenciones, pero si no se puede, acá tenés algunas propuestas



Hola, ¿cómo estás? Yo bien, con ganas de profundizar en la cuestión de las retenciones, sin duda la principal fuente de exacción que padece el agro y la que más lo discrimina respecto del resto de la economía y la sociedad. Si lo que esperas de estas líneas es una queja, dejá de leer ahora. La mano viene de propuestas.

Alguna parecerá loca y rápidamente descartable. No importa. Asumo el riesgo. De hecho hace muchísimos años que vengo planteando opciones, más allá de que –lo he dicho hasta el cansancio—considero que los derechos de exportación deben ser erradicados más pronto que tarde. Constituyen un impuesto regresivo, no solo por la cuestión ética y anticonstitucional del trato diferencial al sector.

Lo es porque altera profundamente la relación insumo/producto, comprometiendo la incorporación de tecnología. En los hechos, hay un dólar más alto para todo lo que se compra y uno más barato para todo lo que se vende. En estas condiciones, lo que el productor hace es aplicar menos tecnología, fundamentalmente aquellas que no tienen costo. Entonces se tiende a producir sobre la base del insumo que siempre está: la tierra. Esto se traduce en una producción más “extensiva”. Como se compromete la reposición de los nutrientes que se llevan las cosechas, terminamos exportando fertilidad. Terrible círculo vicioso que atenta contra el modelo sustentable que supimos conseguir.

Por otro lado, los derechos de exportación implican un traslado unidireccional de ingresos del interior a la metrópoli. Porque no son coparticipables y el Estado nacional decide el destino de los fondos. Esto empobrece al interior y lo hace languidecer por falta de infraestructura, más allá de que nadie redistribuye mejor los ingresos que una sociedad libre de disponer de ellos según su propia voluntad.

Pero bueno, el Estado tiene sus necesidades. Y el sector agroindustrial tiene sus excedentes. La cuestión de eliminar las retenciones y bajar la carga impositiva ha chocado contra una pared, y no solo con el kirchnerismo. El gobierno de Macri logró un gran avance cuando terminó con las de los cereales, pero claudicó con la soja. No sólo incumplió la promesa de reducirlas a un ritmo del 5% por año, sino que castigó el valor agregado subiendo más los derechos de los derivados industriales que los del poroto, en la política más regresiva que recuerda la agroindustria. Con esto le transfirió en el 2019 unos 500 millones de dólares adicionales al Estado nacional, mientras se primarizaban las exportaciones privilegiando los embarques de poroto antes que pellets, aceite y biodiesel. Menos empleo, menos inversión, conflictos sindicales, quiebras de empresas industriales y de servicios.

Bueno, vayamos a las efectividades conducentes… Hay una oportunidad para romper con el statu quo, donde el campo reclama y el gobierno se planta. Primera propuesta, ya largamente meneada: convertir las retenciones en anticipo del impuesto a las ganancias. Entonces, nunca pueden ser de más del 30% como ahora, aunque estén consagradas por ley. Si la alícuota de Ganancias es del 35%, no puede haber un anticipo que implique que el Estado se quede con uno de cada tres camiones de soja, porque producirla tiene costos… Aquí viene entonces la segunda propuesta. Estamos iniciando una cosecha que no será lo que se esperaba, como consecuencia de la sequía de esta Niña que sigue haciendo de las suyas. Pero los precios internacionales están en otro piso, un 50% por encima de los que se veían hace seis meses.

El año pasado la recaudación por retenciones anduvo por los 5,000 millones de dólares. Esto significa que lo que podría esperarse para el 2021 serían unos 2.500 millones adicionales. El ministro Martín Guzmán aventó el temor de que el gobierno quisiera subir las retenciones para aprovechar la bolada. Argumentó que no hacía falta, precisamente porque habían mejorado las cotizaciones y esto implicaba una mejor recaudación.

Se la doy vuelta, estimado Martín. Usted parte de la base de que esa soja es suya. No es así. Es de los productores. Usted ni nadie en el gobierno o el Estado hicieron nada, ni para producirla ni para que los precios mejoren. Segunda propuesta: que esos 2.500 millones adicionales vuelvan en forma directa al sector. O al menos, al interior, en forma de infraestructura, empezando por caminos y siguiendo con obras de todo tipo: escuelas, hospitales y fondos para generar la agregación de valor en origen.

Es como el tema de las retenciones móviles pero al revés: ahora que suben los precios, el Estado recauda lo mismo que antes, pero el “excedente” vuelve. El impacto sería tremendo. La Fundación FADA hizo un estudio sobre la región de Pergamino-Rojas-Salto, detallando el impacto que tendría eliminar las retenciones en los tres partidos. Quedarían allí más de 400 millones de dólares por año. Un camino de mil millas empieza por un primer paso: pidamos por ahora solo que dejen allí el producido por el aumento de los precios. Serían más de 200 millones de dólares. Cambia la historia.

¿Cómo instrumentarlo? Hay varias formas. Desde una reducción de las retenciones (lo más justo y sencillo) hasta la emisión de un bono. Con el mismo plazo y tasa de lo que se está por negociar con el FMI. En mi barrio, si necesito no hago una entradera. Pido prestado. Si no estuviera esta perspectiva de ingreso extra, habría que acudir al crédito internacional. El del FMI es el más barato, si no el único.

En realidad, esta emisión del bono debería ser por el total de las retenciones. Así, el productor cobraría el precio internacional de su producto, sólo que un 70% (o un 85% en el caso de los cereales) en efectivo y el saldo con un bono. Es convertir una exacción en un empréstito. Esos bonos podrían destinarse a múltiples objetivos, aplicando esas políticas activas tan caras a nuestros políticos, economistas y opinadores diversos.

Vuelvo para atrás: lo mejor es terminar con las gabelas regresivas. “The second best” es arrimar el bochín con propuestas que permitan financiar al Estado sin que esto implique manotear de donde hay.

Te la dejo picando. Vengan de a uno.

Hasta la semana que viene.



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