La jerarquía, esa plusvalía que tienen unos pocos y que siempre marca la diferencia en los Grand Slam


Es una obviedad que el tenis profesional está regido por un ranking y que los torneos, lógicamente, lo utilizan para armar la preclasificación de sus cuadros. Pero también se sabe que hay otra clasificación que no tiene números y que tiene que ver con la jerarquía. Esa jerarquía queda determinada no solamente por la actualidad de cada jugador, sino que también por su historia. Esa combinación, más allá de los rankings, eleva a los jugadores a otra categoría. Y esa categoría queda en evidencia por sobre todas las cosas en los torneos de Grand Slam. Son una elite.

Uno podría hablar claramente de Novak Djokovic como miembro de ese grupo selecto. El serbio, número uno del mundo, tuvo que sortear este lunes un durísimo adversario como Lorenzo Musetti, un joven italiano de 19 años que en los primeros dos sets mostró su potencial y le demostró que estaba a su altura.

Pero Nole se empecinó y le dijo sin decir: “Ok, estás a la altura. ¿Pero a la altura por cuánto tiempo?”. Y en esa pelea, Djokovic terminó ganando por más que los dos primeros sets le resultaron adversos. Porque después Musetti se quedó absolutamente sin combustible. Por eso, los cinco sets en este tipo de torneos hacen que, para ganarle a tu adversario, realmente te tengas que imponer. Y no por un rato, sino por todo el tiempo que sea necesario. Y es ahí donde se notan ese tipo jugadores que tienen otra jerarquía y que la tendrán siempre sin importar el ranking que tengan.

Este tipo de torneos tiene esa mística diferente. Aquellos que lo ganan entran en otro nivel. Por eso, en los partidos de Grand Slam no solo pesa el ranking. Son torneos que están hechos para aquellos jugadores que integran ese grupo selecto. Dentro de ese grupo reducido de elite, además de Djokovic, hoy también se puede encuadrar a Nadal, que este lunes también le mostró todos sus pergaminos a Jannik Sinner, otro ascendente italiano que promete dar que hablar… Pero no por ahora.

Bonus track: la otra mirada de Roland Garros
Javier Frana

Detrás de ellos dos, hay otro grupo un poquito más amplio que los sigue. Son jugadores que ya empiezan a ganarse un lugar en esa categoría. Jugadores que son un poquito más distintos al ranking que tienen. Y Diego Schwartzman es uno de esos.

Este lunes, después de haber tenido enormes dificultades en la gira previa y de haber llegado a este Roland Garros sin buenos resultados como para alimentar su confianza y su autoestima, Diego pudo sortear un primer set muy complicado en su duelo por los octavos de final contra Jan Lennard Struff. El argentino sacaba 1-5 y 15-40, salvó siete set points y dio vuelta la historia. Sabía que al darlo vuelta, el partido le iba a comenzar a pesar como plomo al alemán y eso fue lo que ocurrió.

Diferentes estaturas. La física de Struff y la tenística de Schwartzman. Un claro ganador por rubro.Foto EFE

Diferentes estaturas. La física de Struff y la tenística de Schwartzman. Un claro ganador por rubro.Foto EFE

Un Diego Schwartzman que vuelve a encontrar su claridad, su juego, su fuerza y ,como decíamos, su jerarquía. Por eso hoy se pudo notar ante un Struff, que puede tener un buen ranking -ser top 50 no es para cualquiera y menos ganarle en la primera ronda a un top ten como Rublev-, pero que no está en ese mismo nivel.

Podrá ser entonces que en el ranking no haya tanta diferencia. Pero esta diferencia tiene claramente que ver esa clasificación invisible, pero que a la vez queda tan a la vista en la cancha. Porque esa jerarquía a la que hago referencia se nota justamente en este tipo de torneos, en este tipo de instancias, en las que jugar a la par no es suficiente. Hay que sostenerlo y esa excelencia solamente la pueden sostener muy pocos.

Lo probó y lo demostró Schwartzman, otra vez, en un torneo de Grand Slam. Es la tercera vez que se mete entre los ocho mejores en París y la quinta en su carrera en un torneo de los grandes. El miércoles se volverá a cruzar con Nadal, su verdugo en las semifinales de la última edición. Tendrá que dar todo y un poquito más. Cuestión de jerarquías. 



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