‘Jupiter’s Legacy’ del cómic a la serie: por qué falló la ambiciosa apuesta por los superhéroes de Mark Millar y Netflix


Apenas nos ha dado tiempo a preparar este artículo sobre la comparación entre la serie de Netflix y el cómic que adapta, porque ‘Jupiter’s Legacy‘ ya ha sido cancelada. Y la cuestión es que se lo merece por partida doble: primero, porque la serie es aburrida a matar; segundo, porque desaprovecha por completo el material de partida.

Como es lógico, para desgranar una afirmación tan categórica, tendremos que meternos en el pantanoso asunto de los destripes que, de ningún modo, os van a estropear la lectura de los cómics. Si acaso, mejorarán la más bien pobretona impresión que os dejará la serie.

El guionista de cómics estrella de Netflix

Con que seas un poco aficionado al cómic de superhéroes y a algunas de las películas que lo adaptan, el nombre de Mark Millar te tiene que sonar. ¿’Wanted’, ’Kick-Ass’? ¿Qué te parece el concepto (porque del cómic, gracias a Dios, tiene poco) detrás de ‘Capitán América: Civil War’ o algunas de las ideas tras ‘Logan’?

Este guionista escocés empezó a pico y pala en la industria, desde el cómic independiente británico hasta las grandes editoriales, donde hizo bandera de frases lapidarias y conceptos muy interesantes, como atestiguan sus etapas en los tebeos de ‘The Authority’ o ‘Los cuatro fantásticos’.

Mark Millar

Al menos, hasta que se dio cuenta de lo obvio: está muy bien jugar con los muñecos de los demás, pero no mola tanto que te adapten y no te lleves regalías. Que se lo digan a autores que deberían estar nadando en dinero como Jim Starlin, el creador de Thanos, que ni siquiera fue invitado al estreno de ‘Los Vengadores’.

Su olfato comercial le llevó a crear la editorial Millarworld en 2004 con dos objetivos: el primero, escribir cómics sobre los que retener la propiedad intelectual y repartir beneficios con el resto de autores. El segundo, ofrecer a los estudios de cine adaptar dichos cómics. Y vaya si acertó: sus primeras obras fueron llevadas al cine, se anticipó al boom superheroico… y en el 2017 fue adquirida por Netflix. Que me conste, creo que este “logro” no lo ha conseguido ninguna otra editorial.

Ante la duda: devolver el golpe

¿Y en qué se caracteriza un cómic de Mark Millar? Lo principal: son obras vertiginosas. Hay muchos giros, réplicas sarcásticas y situaciones, por lo que es difícil aburrirse. Y casi siempre hay un concepto interesante, una idea que se puede rescatar… o al menos, la había antes. Con los años, se ha visto que su bolsa de trucos no es tan grande, que algunas de sus provocaciones ya no tienen tanto calado y que, a lo mejor, la sobreproducción a la que se ha abocado para nutrir Millarworld le ha llevado a cierto desgaste.

Por eso, aunque tenga una idea interesante, termina desaprovechándola en favor de los mismos cuatro resortes narrativos que maneja con eficacia. Pongamos por ejemplo ‘Supercrooks’, que se postula como la continuadora en Netflix de ‘Jupiter’s Legacy’: en principio, la idea de supervillanos que se van a Canarias porque allí no hay superhéroes suena atractiva, pero al final no tiene valor narrativo y se recurre al combo de secuestro, más plan enrevesado, más contraataque, que podría haberse ambientado igual en Cuba o en Budapest.

Y es que Millar es un maestro en eso (antes también el diálogo afilado, aunque ahora se pierde en réplicas más propias de un adolescente), en el contraataque. Sabe que pocas cosas nos hacen vibrar tanto que ver a un héroe caer y devolver el golpe multiplicado por cien.

De eso iba ‘Jupiter’s Legacy’, de cómo un niñato hijo de superhéroes, Brandon, se rebela contra el sistema que sus padres se esforzaron en apuntalar instigado por su tío Walter, descubre que el mundo es más complejo de lo que parece… y acaba recibiendo una soberana paliza de manos de su hermana Chloe, cabecilla de la Resistencia y ayudada por supervillanos.

Habla, claro, de cómo el egoísmo surgía en un entorno de privilegios: Utopian y su familia y allegados son ricos y famosos. El auténtico punto de inflexión del cómic es cuando el hijo de Chloe, criado en la clandestinidad y obligado a esconder sus poderes, se comporta como un superhéroe en la sombra y hace saltar las alarmas de sus padres… y de la dictadura de Brandon y Walter.

Vamos, que había buenas ideas, pero fallaba (cómo no) en la ejecución, con una apresuradísima batalla final, que además cualquier lector habitual de Millar paladeaba como algo ya visto y sentido en el último arco argumental del autor para ‘The Authority’, por ejemplo.

Jupiters Legacy 2

El dibujo de Quitely para ‘Jupiter’s Legacy’ es preciso y con una planificación magnífica. Como siempre en este dibujante, por otro lado.

A esto hay que unir la claridad del dibujo de Frank Quitely, un maestro ultrapreciso de los lápices que llena cada panel de un nivel de detalle insano. Pocos autores pueden presumir como él de representar, con toda su devastación y fisicidad, lo que supone el ataque de alguien con superpoderes. Y su calidad como narrador está fuera de toda duda, por no hablar de que, en general en su carrera, le gusta de mostrar peleas a plena luz del día con una claridad expositiva de aplaudir con las orejas.

Esto, el cómic.

Hagamos aburrido lo extraordinario

La serie, sin embargo, se encontró con que el material de partida de la serie original daba para una película y ya, que Millar cuando escribió ‘Jupiter’s Legacy’ tenía los ojitos puestos en el cine, el mismo que ya había adaptado, y mejorado, ‘Kick-Ass’ y ‘Wanted’.

El cómic cuenta con una precuela, ‘Jupiter’s Circle’, que son una serie de aventuras sobre superhéroes en los años 50, bastante mejor guionizada pero sin más hilo común que los personajes (no hay una gran historia detrás, vaya, pero sí una lectura de la falsa moral de la época). Un cómic que funciona mejor en papel, como complemento a ‘Legacy’ y a ochenta años de historia del género de superhéroes. Es posible que dejaran estas historias para complementar una (quimérica) segunda temporada, pero no servían para ésta.

Jupiters Legacy 1

Brandon no le llega a la suela de los zapatos al padre…

La decisión, por tanto, fue rascar en el pasado de los personajes e inventar lo que solo se suponía en las viñetas, además de añadir un complicado plan para corromper a Brandon (Andrew Horton), el hijo, que en vez de otro inadaptado como su hermana Chloe (Elena Kampouris), y de un amoral susceptible a los cantos de grandeza de su tío Walter (Ben Daniels), es en la serie de televisión otro superhéroe, siempre a la sombra de su padre y por tanto, frustrado.

Temáticamente, tenía cierto sentido: por un lado, justificar el código moral de Sheldon (Josh Duhamel) a través de sus peripecias en la América de la Gran Depresión; por el otro, torturar la psicología de Brandon con una prueba que le deje vulnerable a los tejemanejes de su tío, más que dispuesto a romper el status quo mediante los inmensos poderes de la familia.

La serie de televisión va tan lenta que ni roza lo más interesante del cómic y uno de los puntos fuertes de Mark Millar, su guionista: la satisfacción de un buen contraataque.

No me cuentes batallitas

Es toda la parte del pasado la que más le pesa a la serie. Millar sabe que puede gustarnos saber cómo consigue sus poderes un superhéroe, pero que no tiene por qué interesarnos su vida antes de la capa, de ahí que el viaje de Sheldon a la isla se solucione en las primeras viñetas de las primeras páginas del primer número: Sheldon sueña con una isla especial, su entorno más cercano le cree y todos le acompañan a encontrarla. Para justificar esa viñeta, la serie te ha metido más de dos horas de trama.

Respecto a Brandon, el plan de Walter de corromper a su sobrino ni siquiera da buenos frutos a final de la temporada y es excesivamente alambicado. De nuevo, Mark Millar en el cómic demuestra que puede ser un gran narrador ya que, en un par de pinceladas, entendemos el hastío de Brandon por ser el hijo del mayor superhéroe que existe y las razones que pudiera tener para matar a su familia y dominar el mundo.

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Buenos superhéroes, no tan buenos padres

El caso es que, temáticamente hablando, la serie de televisión tiene un planteamiento más meditado que el cómic: de alguna manera, todos los personajes jóvenes que son hijos de superhéroes se sienten abandonados, de manera literal o ideológica.

¿Cómo hubiera continuado? Lo más amargo de la cancelación es perdernos el contraataque a la dictadura de Brandon y si hubiera estado a la altura del cómic. Es posible que no y que hubieran tardado cuatro temporadas en llegar a ello: culpa de Steven S. Knight, showrunner de ‘Jupiter’s Legacy’ y que ya hizo con la primera temporada de ‘Daredevil‘ un caramelo difícil de tragar.

Un casting heterogéneo

Otro punto bastante cuestionable es el casting. Josh Duhamel tiene más hechuras como Sheldon Sampson, el hombre, que como Utopian. Y parte de la culpa es de los trajes: bien por mantener los colores primarios, llamativos, de su versión dibujada; mal por convertirlos en armaduras sobradas de texturas para disimular que no hay músculos tan grandes debajo.

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Un buen traje, desperdiciado en un hilo argumental que no lleva a nada

Para colmo, tiene cero química con Leslie Bibb, que interpreta a Lady Liberty, superheroína y esposa de Sheldon. Por suerte para él, Ben Daniels sí que sabe dar la réplica como su hermano Walter, primero en el mundo real y luego en el mundo con superhéroes.

En el lado más positivo, al menos la química entre Chloe (Elena Kampouris) y Hutch (Ian Quinlan) funciona igual de bien que en el cómic, aunque la cancelación de la serie nos robe de ver a la hija de Utopian primero disfrazada como ama de casa y después maquinando y liderando la rebelión contra su hermano.

Ahorra tiempo, ve a la fuente original

En definitiva, ‘Jupiter´s Legacy’ es una franquicia que tanto en cómic como en la tele tiene problemas. En viñetas va tan a tope que se olvida de desarrollar y explotar todo el marco narrativo que ofrece, y en la serie va tan lenta que ha terminado en la papelera antes siquiera de presentar un auténtico problema para sus personajes.

Portadas Jupiters Legacy

Y sin embargo, la obra de Millar y Quitely es mucho mejor, porque su adaptación sufre y magnifica los vicios que el audiovisual de superhéroes ha ido adquiriendo con los años: la necesidad, estúpida, de tener que explicar todo, desde el más mínimo elemento de fantasía hasta el código moral de sus personajes; que un enfoque adulto signifique un desfile de bustos parlantes y enfurruñados discutiendo, cuando en viñetas se haría durante una buena sesión de tortas; que la acción sea a la vez confusa y dependiente de planos a cámara lenta, insulsa, sin capacidad de transmitir la energía de las fuerzas contendientes.

Unos vicios que le han costado continuar su historia… y que haya muchas más voces decepcionadas con el resultado final. ¿Aprenderán la lección para ‘Supercrooks’, anunciada como spin-off de ésta? Si tenemos en cuenta que el cómic en sí tampoco era muy bueno…

De modo que todo se reduce a una elección, reducida a metáfora veraniega: ¿por qué escoger un sucedáneo soso y torpe, si puedes ir a por sabores auténticos como ‘Superman y Lois’, ‘Bruja Escarlata y Visión’ o ‘Loki’?



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