Gente buena que hace cosas muy malas y afecta el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria



Art Buchwald, uno de los grandes humoristas del siglo XX, describía a los influyentes de su ciudad alegando que “en Washington no existe gente mala, sino gente buena que hace cosas muy malas”. Por algún extraño motivo esa quirúrgica ironía hoy parece extensible a las ideas de quienes adhieren, en pleno siglo XXI, a la noción de que la agricultura y la agroalimentación todavía son actividades económicas sujetas a fallas de mercado, dañinas para el medio ambiente y hostiles a la preservación del equilibrio climático. En otras palabras, indignas de recibir trato igualitario al definir los derechos y obligaciones de política comercial que se adoptan en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Los cultores de esa religión son los mismos que se rasgan las vestiduras ante los ciclos de escasez de alimentos provocados por tan oscuro catecismo, a cuyo amparo se confunde y desalienta al productor, se encarece artificialmente el precio de los alimentos y se fomenta la intolerable subsistencia de gigantescos bolsones de hambre en el mundo. Es la falsa predica de los que ponen en la misma estantería a las cuarentenas económicas, a la soberanía alimentaria y al objetivo de alcanzar la autosuficiencia alimentaria. Y aún los que muestran orgullo al lanzar conceptos proteccionistas como “autonomía estratégica”, “la aplicación horizontal del enfoque precautorio” y la regla de ensuciar sin pudores el papel del comercio exterior en el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria.

No es fácil olvidar estas visiones al darle la bienvenida al paper titulado “Nuevos Senderos de Progreso en las negociaciones multilaterales sobre Comercio Agrícola” (en esta columna me refiero sólo al Resumen Ejecutivo), cuyo texto propone el replanteo de los objetivos, los mecanismos y las reformas incluidas en el austero programa inicial definido en el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC de 1994 y a las eternas pero infructíferas negociaciones posteriores.

La propuesta exhorta a revisar no sólo las reglas y compromisos que atañen al futuro, sino también a reducir de hecho el nivel de las obligaciones aprobadas en la Ronda Uruguay, de la que surgió la creación de la propia OMC y un complejo paquete de reglas generales y sectoriales.

Es también uno de los papers concebido por un grupo de notables y muy prestigiosos colegas, casi todos con vasta experiencia acumulada en distintos foros, quienes conocen de memoria la alta sensibilidad de la duodécima Conferencia Ministerial de esa Organización que sesionará entre el 30 de noviembre y el 3 de diciembre de 2021. La aludida propuesta se suma a otras ideas de gran peso que surgieron en el debate agrícola, como las que hizo circular Estados Unidos sobre la salvaguardia agrícola y la vinculada con la prohibición de aplicar restricciones a la exportación de alimentos, un texto que debería ser objeto de serio interés en el gobierno y en las ONGs de nuestro país que aseguran estar interesadas en estos temas.

El problema que surge de la contribución del nuevo grupo de expertos, es que ellos se representan a sí mismos, no al pensar de los países que constituyeron la argamasa de su vida profesional, ni a la masa crítica de las posiciones encontradas que se registran en la OMC y a las que les vendría bien alcanzar un urgente consenso de mejor calidad.

El párrafo inicial del Resumen, sostiene que hacen falta nuevas ideas para el debate agrícola, con la finalidad de que los países se sientan cómodos al modificar sus posiciones sin perder cara. Sí, pobres, defienden sus propuestas sólo por temor a quedar mal ante la gente de la Secretaría que toma nota de los beligerantes diálogos.

El paper aclara que no incursionará en los nuevos ítems del temario, como si los problemas ambientales, climáticos y el desarrollo sostenible no hubiesen sido discutidos orgánicamente antes de crearse la OMC en el antiguo GATT. Sólo por casualidad una “arcaica” versión del concepto de desarrollo sostenible figura en el primer párrafo del preámbulo del Acuerdo de Marrakech, el que se aprobó en 1994 y fue negociado “unas horitas antes”. Uno supone que tácitamente se invita a la discusión de la religión verde de la UE y a los cánticos gregorianos y proteccionistas del Pacto Verde y programas como Del Productor al Tenedor.

A continuación el paper induce a lanzar la negociación invitando a las partes a olvidar la totalidad de sus actuales puntos de vista. Sostiene que las nuevas disciplinas deben abarcar los tres pilares del Acuerdo sobre Agricultura (AoA) y las restricciones de exportación (como ya se dijo hay un nuevo paper específico sobre este último tema e ideas destinadas a mejorar el Artículo XI del GATT y el Artículo 12 del AoA, acotaciones mías).

El párrafo sobre Acceso al Mercado exhorta a negociar nuevos recortes tarifarios apelando a la fórmula suiza o ideas parecidas (el paper propone tres opciones), en las que se contemplan recortes proporcionalmente mayores para los aranceles de importación más elevados.

Además, la terminación de la Salvaguardia Especial agrícola de la Ronda Uruguay, la que sería sustituida por una salvaguardia de precios para las naciones en desarrollo por un período de cinco años (ver la antedicha opinión de Estados Unidos sobre esta genialidad).

Al mencionar los subsidios de Ayuda Interna (domestic support), el paper incluye tres propuestas sobre las cajas definidas en el AoA. La parte más vivaracha de esa iniciativa, es actualizar el período base (en la Ronda Uruguay fueron los años 1986-88, un ciclo de precios mundiales muy bajos), lo que supone un aumento disimulado del nivel de subsidios. Esta clase de argucia fue históricamente planteada por la India, un país que hoy es exportador de trigo y arroz por ejemplo, y que al comenzar sus quejas contra el Sistema, hace más de un cuarto de siglo, solía reconocer que sus precios internos eran mucho más bajos que los internacionales. El grupo CAIRNS, cuyos trabajos seguí día a día, propiciaba el respeto a ese período base para ser consistente con la idea de eliminar o al menos reducir el peso de los subsidios sobre el comercio agrícola.

El paper reconoce la necesidad de aplicar mayores recortes de subsidios de Ayuda Interna, en caso de que se actualicen los precios del año base original. Obviamente, es demencial imaginar que tales opciones permitirán reducir en lugar de aumentar la confrontación, pero eso sólo se podrá constatar al ser debatida la propuesta.

Al hablar de la Caja Verde el paper se limita a precisar el papel de la transparencia en lo que sucede ahí dentro. Sus autores parecen haber olvidado que los grandes otorgadores de subsidios convirtieron, en supuesta Caja Verde, una gran parte de sus gigantescas ayudas de Caja Ámbar y Caja Azul (las que fueron quintuplicadas durante la actual pandemia y otros hechos).

En la OMC, las subvenciones se identifican en general por “cajas” a los que se han dado los colores de las luces del semáforo: verde (permitidas), ámbar (frenar-deben reducirse), rojo (prohibidas). El Acuerdo sobre la Agricultura no tiene compartimento rojo y existe un compartimento azul para las subvenciones que están vinculadas a programas que limitan la producción. También existen exenciones para los países en desarrollo (denominadas a veces “compartimento trato especial y diferenciado”).

Alguien debería explicarle al Grupo que si un productor mantiene en forma estable sus cultivos o sus plantas de animales, sin adaptarse al constante cambio de los incentivos globales de precio, y no se adapta a las señales de mercado, estamos hablando de sostén de precios tipo Caja Ámbar (distorsivas).

Por otra parte, suponer que los productores se manejan con las teorías del AoA es una idiotez. Cada operador tiende a maximizar y hacer intensiva sus explotaciones en el contexto que permite la tierra que explota y otros factores reales. La OCDE hizo oportunamente un buen estudio sobre estos hechos. El lector podrá imaginar lo que supone crear estímulos para hacer más intensivas las explotaciones y los efectos ambiental y climático de tal desmesura.

El paper dice que las propuestas anteriores harán viable el fin de los litigios sobre existencias acumuladas por el sector público para estabilizar los precios. El espacio no permite mayores comentarios.

El paper no dice nada útil sobre subsidios a la exportación, aparte de subrayar que la transparencia es un insumo básico del problema. Pareciera que ninguno de los pensadores leyó el viejo Artículo X del GATT. Paralelamente no hay comentario alguno sobre los subsidios y las reglas de financiación de exportaciones agrícolas. Se les “chispoteó”, diría el Chavo.

* El autor es diplomático y periodista.



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