Federico Delbonis y una decisión que le dio frescura para recuperar su mejor tenis sin perder la esencia del viejo maestro


Federico Delbonis renace, vuelve a florecer otra vez su tenis y eso, realmente, es para celebrar. Porque había terminado una temporada 2020 en el 82° puesto del ranking y se reencontró con esas sensaciones del pasado, aquellas que en algún momento le dieron fortaleza y peligrosidad. Su drive brilla, su saque sigue siendo pesado y difícil de responder. Pero, por sobre todo, su juego encontró soltura y frescura.

La semifinal reciente en el ATP de Belgrado, los cuartos de final del Masters 1000 de Roma viniendo desde la clasificación, en el Masters 1000 de Madrid, también viniendo desde la fase previa, accedió a los octavos de final; ya en Santiago había arrancado con buenas señales haciendo semifinales.

Acá se conjuga una situación que tiene una particularidad. Delbonis, hasta hace muy pocas semanas, trabajó con Gustavo Tavernini, el entrenador de toda su vida, con quien tiene una relación que va mucho más allá de lo tenístico. Y eso es algo para remarcar porque son situaciones que no se dan, eso de que una relación dure tanto tiempo. En su caso, esa sociedad, que desde lo práctico se disolvió, sigue funcionando y trascendiendo. Y ahora hay que incorporar en la historia a Mariano Hood, que desde hace pocas semanas lo aconseja y lo acompaña en el circuito.

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Javier Frana

Aquí está aquel entrenador que durante tantos años moldeó a un jugador al que, en algunos momentos y sobre todo en los últimos meses, le venía costando muchísimo encontrar el ritmo y hasta desde lo físico estaba un poco más pesado, como caído. Hoy se lo ve mucho más esbelto, suelto y enérgico y eso hace también que la pelota le corra.

El entrenador de toda la vida tuvo una gran importancia y la sigue teniendo. Pero, por otro lado, no hay que minimizar la función del nuevo entrenador, que le da un nuevo aire, que le hace revivir de repente ilusiones al escuchar otra voz, al escuchar algo de una manera mucho más fresca y distinta.

Lógicamente no hay magia: Federico Delbonis se entrena duro desde hace muchísimos años y este es un premio de todos: de Gustavo Tavernini, que estuvo durante tantos años de una manera incondicional con Federico, y también de Mariano Hood, que le aportó esa frescura y alegría a su tenis para que pueda otra vez volver a brillar y seguir dándose gustos porque el triunfo de este viernes ante Fognini le dio el pase a los octavos de final.

Está en una temporada en la que la regularidad y la contundencia que marca semana tras semana es una consecuencia, una señal. Y el sueño continúa.

La emoción de Delbonis luego de barrer al italiano Fabio Fognini en París. Foto: EFE

La emoción de Delbonis luego de barrer al italiano Fabio Fognini en París. Foto: EFE

No es una casualidad. Pero que Delbonis juegue el tenis que juega es algo que él tal vez venía buscando desde siempre. Porque el tenista siempre trata de encontrar esa excelencia, esa sensación de bienestar. Muchas veces hacen todo bien para que se dé y no siempre ocurre. Por eso está la satisfacción de haber perseverado en la búsqueda, básicamente, y eso es lo que se celebra: cuando se encuentra ese ritmo de juego, esa fluidez, eso que hasta a veces es una sensación inigualable y que, cuando se busca un por qué, no es fácil encontrarlo porque el jugador se entrena con el mismo profesionalismo de siempre, busca que ese drive siga siendo veloz y “picante” y que ese saque encuentre precisión.

A veces ocurre que las cosas no fluyen y no salen. Por eso nunca hay que bajar los brazos en la búsqueda y eso es algo que el tenista lo sabe por experiencia propia y vivencias ajenas también.



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