Fabio Banegas: el músico que conectó al autor de la marcha-canción a Belgrano con una figura de Viaje a las estrellas


¿Qué une al compositor rosarino José Antonio Bottiroli, autor de la canción oficial Belgrano marcha-canción, con el actor estadounidense George Takei, célebre por su participación en Viaje a las estrellas (Star Trek) como Hikaru Sulu, el timonel de la nave estelar Enterprise?

Además de compositor, director, pianista, Bottiroli (1920-1990) era poeta. Sus poesías, recitadas por Takei, integran Complete Piano Works, Vol. 2 – Nocturnes, el segundo álbum dedicado a su obra para piano inédita que el sello Naxos lanza este viernes 28 de mayo.

El factótum del singular encuentro fue el pianista rosarino Fabio Banegas, discípulo de Bottiroli. Radicado en Los Ángeles hace años, en 2020 grabó el primer trabajo íntegramente dedicado a los valses del maestro rosarino.

“Hace muchos años, estaba en Chicago haciendo la cola para hacer el tour de arquitectura de la ciudad -cuenta Banegas-, y atrás mío en la cola estaba George Takei. Así lo conocí. Es una persona culta y curiosa”, recuerda Banegas.

El pianista Fabián Banegas y George Takei, el recordado Dr. Sulu de “Viaje a las estrellas”, que le puso voz a los poemas del compositor rosarino José Antonio Bottiroli.

Y reconstruye la escena: “Me preguntó de dónde era por mi ligero acento, a pesar de hablar bien en inglés. Después nos dimos cuenta que teníamos gente en común en Los Ángeles, y además, él también estudió en la UCLA, donde yo estudié periodismo”.

El poder irresistible de un Shakespeare bien recitado

-¿Cómo surgió la idea de convocarlo para el proyecto?

-Le echo la culpa a Pompeya. En un momento me sumé a uno de los viajes que programa la Universidad. Fui a Italia, estábamos en Pompeya, la guía del tour se había ido y Takei se quedó sólo en el anfiteatro. Se dio vuelta, sacó esa voz que tiene y empezó a recitar Shakespeare.

Ese minuto que recitó, para él mismo porque no sabía que yo estaba ahí, fue impresionante. Me quedó grabado para siempre. Takei, en realidad, es un actor shakespeariano. Estudió arte dramático en la UCLA, tuvo el papel en Star Trek que le dio fama y popularidad, pero su formación es otra y hace teatro académico.

Suele ir Londres solo para ver representaciones de Shakespeare. Cuando Naxos me pidió que hiciera toda la obra de Bottiroli se lo comenté a Takei y le ofrecí recitar los poemas. Se alegró mucho. Le mandé el material, le gustó y me dijo que sí.

-¿Y cómo funciona la relación del poema con la música? ¿Es en simultáneo?

-No. Bottiroli las llamaba “réplicas”. Escribía un poema seguido de una pieza para piano. Está pensado como una unidad. La estructurara de los poemas tiene que ver con la estructura de las piezas musicales.

En lugar de hacer una canción, el poema está antes y lo sigue una respuesta al piano. Solía decirme que escribir canciones era lo más difícil que había.

-¿Cómo fue que Naxos se interesó por la obra de Bottiroli, un compositor cuya producción musical, exceptuando la marcha-canción dedicada a Belgrano (la única que existe), es desconocida?

-Trabajo en la publicación de obras argentinas con el musicólogo Diego Orellana, radicado en Bélgica. Yo había hecho un registro con la serie de valses de Bottiroli, y Orellana me llamó para preguntarme qué había hecho con ese material.

Le conté que no había hecho nada y me pidió autorización para contactar Naxos en Alemania y enviarles tres obras de las grabadas. Se interesaron y así se abrió el camino. A los tres meses hicimos una reunión y me pidieron que grabe todo.

-Bottiroli fue tu maestro. ¿Cómo lo presentarías?

-Hay dos facetas, que se complementan y son una sola: el ser humano. Era un señor muy sensible, extremadamente generoso, daba lo que no tenía. Se conmovía con el sufrimiento ajeno.

Era un personaje en la Ciudad de Rosario porque fue el legendario director de la Escuela Normal Nº3 de maestros, en la época gloriosa de la escuela pública. Los que se recibieron en el Normal Nº3 se convirtieron en grandes personajes y profesionales: abogados, economistas, músicos, médicos.

Bottiroli creó la pinacoteca de la Escuela. Él había empezado como profesor de música y terminó siendo el decano. Tenía una suerte de popularidad en Rosario; si caminaba por Corrientes –la calle más concurrida de Rosario- siempre se ligaba un bocinazo de gente que lo reconocía y lo saludaba.

Era fanático del club Rosario Central. Lo querían mucho. En los últimos 20 años, hasta que se retiró, iba gratis a enseñar música a la cárcel de Rosario. Era una persona de una profundidad humana excepcional.

Así es la tapa del segundo volumen que Fabián Banegas dedicó a la obra de José Antonio Bottiroli

Así es la tapa del segundo volumen que Fabián Banegas dedicó a la obra de José Antonio Bottiroli

-¿Por qué crees que su música pasó desapercibida?

-Por muchas cosas. Una vez me llegó una carta que él escribió desde Los Cocos, Córdoba, al maestro Luis Milici. Hay una oración en que Bottiroli le agradece a Milici por haberlo incentivado a mostrar sus obras.

Es decir, Bottiroli componía para él, porque necesitaba expresarse a través de la música, pero él no buscaba que se toquen las obras. Fue a través de estímulo de Milici que se empezaron tocar las obras para piano.

En el año 1985 se estrenó el Poema Sinfónico Ulises, con la orquesta Sinfónica de Rosario, bajo la dirección de José Luis Zorzi. Fue una de las grandes ovaciones que recuerdo. Por otro lado, en la cultura argentina se desarrolló un menosprecio hacia la producción local.

También creo que la prensa tiene que involucrarse un poco más con los creadores nuestros.

– ¿Cómo es tu recorrido de Rosario a Hollywood, donde vivís hace unos años ?

-Fue una aventura que no busqué. Me había recibido en la Universidad de Rosario, tenía un dúo con una soprano excelente, Alicia Caruso, y necesitaba foguearme como pianista.

Alicia recibió la invitación para actuar en la serie de conciertos de la asociación más antigua de Estados Unidos, el Schubert Club de St. Paul, en Minnesota. Fui con ella, hicimos un ciclo de canciones de López Buchardo, Alberto Ginastera, Luis Gianneo y Carlos Guastavino.

Lo tomé como un viajé de estudios. Después de los conciertos, fui a estudiar inglés a California, y más tarde audicioné para estudiar en tres universidades. Las tres me dieron beca y me quedé.

E.S.

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