El Soldado, legendario asistente de Los Redonditos de Ricota, celebra los 25 años de su exitoso álbum debut


El bar tradicional de Chacarita donde nos espera con puntualidad británica Rodolfo Luis González, alias El Soldado, no es un bar notable, y está muy bien que así sea.

El sándwich de jamón crudo, queso y manteca del Bar Conde es el secreto mejor guardado del lugar, los parroquianos leen sus libros ajenos a un televisor mudo, y no existe la contradicción entre fotos de tangueros y canciones de Shakira a todo volumen que tan bien dibujó Gustavo Sala en su libro Buenos Aires en pelotas.

La “buena excusa” para conversar con El Soldado es el vigésimo quinto aniversario de Tren de fugitivos. Fue su debut discográfico y tuvo como invitados ni más ni menos que al Indio Solari, a Skay Beilinson y a Sergio Dawi.

Sí: tres Redonditos de Ricota que le hicieron la gamba a un asistente del grupo que se lanzó a la música del mismo modo independiente que ellos, hombres que si no hubiesen creído en la calidad de sus canciones, hubiesen declinado la invitación con elegancia.


El Soldado. Foto German Garcia Adrasti

Pero hay más en la vida de este hombre que parece de otra época. Pelo largo, hablar cansino y tímido, honestidad genuina.

-¿Qué es lo qué te pasa cuando te das cuenta que Tren de Fugitivos, tu primer disco, cumplió veinticinco años?

-Está bueno, porque si pasaron veinticinco años y todos lo recuerdan, significa que aún estoy surfeando. En algunas cosas me agarra melancolía, pero me pasa que pesa más una cuestión de maduración personal, de querer hacer mejores discos, de querer hacer más música y vivir de la música, que en definitiva es lo mío.

Desde los quince años que vivo de la música: primero laburando en empresas de sonido, y luego con los grupos. Con los Redonditos solamente trabajé quince años.

-¿Exactamente cuál fue la época en la que estuviste con los Redonditos?

-Arranqué en los pubs pre Gulp! Estuve en las presentaciones en La Esquina del Sol que estaba en Avenida del Libertador y Olazábal. El último show que hice fue en Colón de Santa Fe en el ’97. Ellos fueron parte de Tren de fugitivos, como todos saben, y sin su colaboración sé que no hubiese pasado la prueba, más allá que crea que el disco está bueno.

El Soldado, con los Redonditos de Ricota. Foto de prensa
El Soldado, con los Redonditos de Ricota. Foto de prensa

-¿Es verdad que tu apodo te lo puso el Indio porque estabas en el servicio militar?

-Sí, eso es ciento por ciento verdad. Muchas veces se arman esa clase de leyendas falsas, pero en ese caso es verdadera.

-¿Seguiste en contacto con el Indio, Skay y Poli?

El Soldado, con el Indio Solari en los años '80
El Soldado, con el Indio Solari en los años ’80

-No. El Indio supo mandarme unos mensajes hace un tiempo, con muy buena onda. Y con Skay nos cruzamos una noche hace unos años. He visto al resto, y he ido a cantar con ellos a la Kermesse Ricotera.

-¿Y cómo va a ser, entonces, el festejo de cumpleaños de Tren de Fugitivos?

-Lo vamos a presentar y a tocarlo entero, aunque no en el mismo orden. Porque hay canciones que uno nunca tocó en vivo, que son canciones más acordes a la grabación. Vamos a tocar el 12 de noviembre en el mítico Marquee de la calle Scalabrini Ortiz 666. Y ese va a ser el puntapié de una gira en donde estaremos en San Juan, La Plata, Córdoba, Rosario y el Sur. Todas son excusas, pero siempre son buenas excusas.

La mudanza a Villa Gesell

El Soldado. Foto German Garcia Adrasti
El Soldado. Foto German Garcia Adrasti

Algo que surge en la charla es un dato no menor: El Soldado es, en estos momentos, ciudadano adoptivo de Villa Gesell. Mejor que él comience con el cuento y que la charla fluya desde un lugar que hace años que es testigo de toda clase de conversaciones.

“Me fui a Gesell el día del DNU, que fue un viernes, ¿verdad? (N. de R.: el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 297 / 20202, que dio comienzo a la cuarentena se sancionó el 19 de marzo de 2020, que fue un jueves, y se publicó en el Boletín Oficial al día siguiente)”, cuenta.

“Venía de una gira por el interior, por Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, de las cuales dos fechas se hicieron y la tercera se cayó, porque de alguna manera esto del Covid se veía venir. Yo estaba medio fatigado, y un amigo que trabaja conmigo me dijo ‘Che, ¿por qué no te vas? Da la sensación de que esto va a durar un tiempo’. ‘Un tiempo’ era, en ese momento, veinte días o un mes. Así me fui a una casa de un productor amigo. Llegué, y nada: pasó lo que pasó. Y me quedé, y me fui quedando en ese departamento grande. Después me mudé a otro lugar, y me establecí. En marzo van a hacer tres años”.

-¿Y cómo es Gesell fuera de temporada?

-El otoño y el invierno son fríos y con viento. Gesell es un pueblazo. La gente que vive ahí es la gente que vive hacia el oeste. Porque todo lo que va de la Avenida 3, que es la principal, hacia el mar, fuera de temporada está vacío. Después tenés desde la 3 hasta el Boulevard Buenos Aires, y del Boulevard hasta Circunvalación, y ya ahí empieza el fondo. Yo vivo en el Barrio Norte, cerca del Bosque.

También es un lugar con cierta mística rockera, desde el Juan Sebastián Bar en los años ’60 a hoy… Pero le quieren imprimir más mística de la que de verdad tiene. Igual, Willy Crook era de Gesell y está Jorge Serrano, que vive más para el fondo del lugar. Él hace muchos años que está afincado ahí.

-¿De qué modo influyó la mudanza en tu trabajo?

-Hice un montón de cosas desde que estoy ahí, sólo con el teléfono y a través de las redes. Desde charlas por Instagram con músicos y artistas que se llamaban Que quede entre nosotros hasta streamings: todos los domingos a las ocho de la noche me mandaba. Pude hacer un montón de cosas y sobrevivir económicamente con eso.

Un show por streaming y un disco nuevo

-Uno de esos shows por streaming lo publicaste.

-Sí, lo subí a Internet y lo saqué en vinilo. Se llama Canciones de un largo camino. Lo hice en un estudio de Gesell que se llama La Barraca, donde también hice la remezcla de Tren de fugitivos, que también va a salir en vinilo, y un disco nuevo llamado Haiku Blues. El estudio es de un tipo con una buena onda increíble que tiene un muy buen lugar. No se puede pedir más.

El Soldado, en vivo. Foto de prensa
El Soldado, en vivo. Foto de prensa

-¿Cuándo saldría Haiku Blues?

-De Haiku Blues estoy subiendo de a poco temas a Spotify. Son nueve, y voy por el cuarto. Lo que sucede hoy es que podés subir tres o cuatro canciones, y después el álbum entero, ponele. Pero esas tres o cuatro canciones la gente escucha dos, y los otros van al muere.

Entonces lo que hay que sacar es sacarlas de a una y darle la oportunidad a la gente de que las escuche lo más que pueda. Y después con otra, y otra, y al final se completa el álbum y el público elige. La lógica de la escucha cambió. También va a salir en vinilo.

Igual, yo soy un defensor del álbum como concepto. Entonces, cuando vos las configurás y armás el track-list, para mí ganan en importancia. Por eso es importante que todas las canciones se escuchen, porque ahí es donde quien escucha selecciona.

-¿Cómo te sentís con esta nueva lógica?

-Creo que hay que aggiornarse y entender cómo se maneja hoy la industria. Yo pasé por el vinilo, el cassette, el compact y ahora esto con la vuelta del vinilo como formato físico. Y no descarto una vuelta del CD, eh. El audio es el audio que hay, y quiero creer que en una de esas lo pueden llegar a mejorar. En cuanto a la recaudación, no está tan mal lo digital. Hay que tener cierto flujo de tráfico, y entrar en las playlist, para tener circulación.

Hay una cosa en el título Haiku Blues que está buena: la regla estricta de tres versos de diecisiete sílabas en total del haiku en contraposición con esas letras muchas veces extensas y declamativas del blues.

De entrada quise trabajar textos más cortos. La diferencia es que las letras de blues tienen cuatro versos y se repiten. Los haikus son muy sintéticos, son como pequeñas imágenes. Los japoneses suelen escribirlos basándose en la naturaleza. Me esforcé por ir por ese lado. Quise ir con ese concepto, entre la rigidez y la imagen.

MFB

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