El próximo rival de Facundo Campazzo y Denver Nuggets: Phoenix Suns, ese equipo al que la historia de la NBA le debe un título


La historia ha sido injusta con los Phoenix Suns, el próximo rival de Denver Nuggets y Facundo Campazzo. Es la séptima franquicia con el mejor récord en la NBA, con poquito más del 51% de partidos ganados en toda su existencia. Y aun así, nunca ganó siquiera un título. Esa racha negra que básicamente se extiende a lo largo de toda la vida del equipo es la que intentan romper esta temporada Chris Paul, Devin Booker y compañía.

Desde este lunes, los del estado de Arizona, segundos mejor clasificados en el siempre competitivo Oeste, se medirán en la semifinal de conferencia con los del estado de Colorado (3°), que tampoco han logrado levantar el trofeo Larry O’Brien pero están bastante más lejos en el ranking de franquicias más ganadoras (15°).

El año pasado, en la “burbuja” de Orlando que se desarrolló en las instalaciones de Disney, hubo una mini fase regular de ocho partidos para determinar los últimos clasificados a playoffs. Phoenix, que tenía una mínima chance matemática y parecía competir más por eso que por una posibilidad real, ganó sus ocho partidos y fue la sensación de ese breve lapso.

Sobre aquellas buenas sensaciones y sin modificar demasiado el plantel construyó la franquicia su futuro inmediato. Hubo apenas una gran movida en el equipo de Monty Williams: el traspaso del base Chris Paul, por entonces 10 veces seleccionado al All-Star, 4 veces mejor asistidor de la liga, 6 veces máximo robador de pelotas, y 9 veces miembro de los mejores quintetos defensivos.

Para contratarlo, Phoenix entregó a Ty Jerome, Jalen Lecque, Kelly Oubre Jr., Ricky Rubio y una elección de primera ronda de draft. A la vista de los resultados, y pese a la edad del base (36 años) suena barato. Fue ese el primer paso para reconvertirse en un equipo exitoso (con más partidos ganados que perdidos en la temporada) por primera vez desde 2013. Y para retornar a los playoffs por primera vez desde 2010.

Chris Paul eliminó a su amigo LeBron James. Foto AFP

El secreto está en que Paul hace mejores a los equipos en los que juega. Lo prueban las cifras. Los Suns venían de un registro de triunfos y derrotas que se cerró en 34-39 en 2020. El balance de 2019 habla por sí solo: 19-63. A ese equipo, quien bien puede ser considerado “El último base” lo convirtió en el segundo mejor de toda la NBA (51-21).

Es lo mismo que había hecho con Charlotte Hornets, que pasó de 22% de triunfos a 43% en la primera temporada de Paul. Lo había hecho con Los Angeles Clippers (de 39% a 60%). Lo había hecho con Houston Rockets (de 67% a 79%). Y lo había hecho con Oklahoma City Thunder (de 46% a 72%). Incuestionable.

Incluso habiendo sufrido en la serie ante los Lakers un golpe en el hombro que lo tuvo a maltraer, será un hueso duro de roer. Es experimentado, talentoso, asistidor y bastante mañoso, un juego que igualmente el cordobés sabe jugar y al que no le escapa.

El coach Williams es el responsable de haber amalgamado a un equipo que, a partir de la experiencia de su organizador, muestra suma inteligencia para jugar, para elegir los momentos y los lanzamientos. Es el segundo mejor equipo de la NBA en cuanto a porcentaje de acierto con tiros de 2 puntos, ocupa la misma posición con sus libres y es el séptimo que mejor ejecuta los triples, además de ser el tercero que más asistencias reparte. Es decir: juego total de equipo.

Pero no es Paul la única estrella del equipo, y los acompañantes son jóvenes que, en su primera experiencia en playoffs, están demostrando que no les pesa en absoluto la responsabilidad. Vienen de sacarse de encima nada menos que al campeón, Los Angeles Lakers, y a LeBron James.

Es cierto que las lesiones complicaron mucho al defensor del título, pero también es cierto que los Suns supieron rematar la faena con autoridad (y en la serie también padecieron con una lesión de Paul).

Al base, que promedió poco más de 16 puntos y casi 9 asistencias en la temporada, lo acompañan tres jugadores cuya juventud no parece tal. La principal referencia ofensiva es Devin Booker (24 años), quien se convirtió definitivamente en una estrella.

Devin Booker, la joven gran figura de los Suns. Reuters

Devin Booker, la joven gran figura de los Suns. Reuters

El escolta es el máximo anotador (25 tantos), siendo peligroso tanto en penetración como con un venenoso tiro exterior, pero también con buena lectura para repartir juego cuando es necesario.

Otro destacado es el alero Mikal Bridges (24), que se convirtió no sólo en un interesante y versátil anotador (13 puntos) sino en un jugador de toda la cancha (4,3 rebotes, 2,1 asistencias) y sobre todo en un estupendo defensor (casi 1 robo y 1 tapa por noche).

Completan el ala-pivote Jae Crowder, más veterano (tiene 9 años en la NBA) y el pivote Deandre Ayton, que pese a que muchas veces parece limitado, distraído y sin demasiadas luces, cumple con su cometido de aportar en los tableros capturando pelotas y anotando (14,4 puntos y 10,5 rebotes).

Houston Rockets, Miami Heat, Milwaukee Bucks, Philadelphia 76ers, Chicago Bulls, Dallas Mavericks, New York Knicks, Golden State Warriors, Detroit Pistons, Toronto Raptors, Cleveland Cavaliers, Sacramento Kings (como Rochester Royals) y Washington Wizards (como Bullets).

Una lista que de larga, los nombres se olvidan. Todos ellos tienen un peor registro de triunfos y derrotas, pero al menos un título. Ese que no tiene Phoenix, un histórico de la NBA que volvió al protagonismo y quiere darse el gran gusto por primera vez.

Al borde de la hazaña

Steve Nash, símbolo de los últimos grandes Suns, saluda a Manu Ginóbili, verdugo con los Spurs. Foto Reuters

Steve Nash, símbolo de los últimos grandes Suns, saluda a Manu Ginóbili, verdugo con los Spurs. Foto Reuters

Nacido en la temporada 1968/69, pocos años le llevó a Phoenix alcanzar las finales de la NBA. La primera vez fue en 1976, cuando el equipo encabezado por Paul Westphal y Alvan Adams (que jugaba su primer año en la liga) llegó a la definición ante Boston Celtics. Fue derrota 4-2.

En 1979 arribó a las finales de conferencia, nuevamente liderado por Westphal y Adams y también con Walter Davis, siempre bajo la batuta del entrenador John MacLeod, al igual que la ocasión anterior.

Repitió en 1984, esta vez con Larry Nance como figura, así como en 1989 y 1990. Estas dos oportunidades ya fueron con el coach Cotton Fitzsimmons en el banco y Kevin Johnson y Tom Chambers como estandartes.

El propio Westphal, ahora como coach, y un equipazo con Charles Barkley establecido definitivamente como estrella, pero también con grandes nombres como los mencionados Chambers y Johnson más Dan Majerle, Richard Dumas y Danny Ainge (quien acaba de renunciar a la presidencia de Operaciones de Boston Celtics) fueron los que más cerca estuvieron.

En la temporada 1992/93, llegaron a la final del campeonato, que perdieron con no otros que los Bulls de Michael Jordan.

Los últimos grandes logros del equipo llegaron con Mike D’Antoni y su filosofía del “7 segundos o menos” en los que intentaba atacar el aro tan pronto como fuera posible. En 2005 y 2006, bajo la conducción del dos veces al hilo MVP Steve Nash, el equipo llegó a finales de conferencia, perdiendo la primera ante los San Antonio Spurs de Manu Ginóbili y la segunda contra los Mavericks de Dirk Nowitzki.

Repitieron por última vez en 2010, con Alvin Gentry en el banco y Amar’e Stoudemire en su mejor momento.



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