El paso de Griguol por River: una Copa Interamericana, las apariciones de Caniggia y Troglio y un triunfo épico ante Boca


Secundado por sus fieles laderos (Carlos Aimar como ayudante de campo, Luis Bonini y Enrique Polola como PF), Carlos Timoteo Griguol llegó a River a mitad del año 1987. Y le tocó un inicio complicado. Es que heredó un plantel ganador de todo y con sus respectivos egos por las nubes. Oscar Ruggeri, Nery Pumpido, Nelson Gutiérrez, Américo Gallego, Antonio Alzamendi, el Negro Enrique, Juan Gilberto Funes, entre otros. Pero así y todo, con su manual bajo el brazo, y aún sin representar el paladar futbolístico de los hinchas riverplatenses, Griguol se acomodó y los futbolistas se terminaron adaptando a él.

Al principio, la llegada de Griguol, con El Cabezón Ruggeri a la cabeza, fue muy resistida por los referentes de ese plantel. Santilli buscó en Timoteo una disciplina para un plantel que el Bambino Veira ya no podía manejar, a pesar de haber salido campeón de todo en el 86: Torneo de Primer División 1985/86, Libertadores e Intercontinental. Y Griguol llegó a poner orden. Por eso se enfrentó con los líderes al principio. Sin embargo, con el paso del tiempo, los jugadores fueron comprando su idea. A tal punto que cuando se tuvo que ir, dado que los resultados no fueron los esperados por la dirigencia, lo despidieron con una fiesta de disfraces. 

Siendo la antítesis de lo que proponía el Bambino Veira, con quien River venía de ganar todo en 1986 (torneo local -con vuelta olímpica incluida en la Bombonera-, Copa Libertadores e Intercontinental), Griguol llegó y arrancó bien, con una vuelta olímpica. Fue con la obtención en 1987 de la Copa Interamericana, un título que River ganó al vencer a la Liga Deportiva Alajuelense de Costa Rica, con el que igualó 0-0 como visitante y lo goleó 3-0 en el Monumental.

Ruggeri, Alfaro, Griguol (el DT), Corti y Omar Palma en el estadio Monumental el 14 de julio de 1987. Foto: Archivo Clarín.

Por más que se tratara de una copa que actualmente no se juega, no es un hecho menor. Griguol le dio un título internacional a las vitrinas de River. Algo que en la era moderna (de 1960 para acá) lo lograron pocos técnicos. Uno de ellos fue Timoteo, quien está dentro de ese selecto grupo junto a Veira, Ramón Díaz y Marcelo Gallardo.

Retener la Copa Libertadores que había conseguido el equipo de Veira el año anterior era el objetivo y se truncó en el Grupo Semifinal (al que River accedió por ser el último campeón en ese entonces) a manos de Peñarol de Montevideo. En realidad, la Copa se le fue en Avellaneda ante Independiente. Esa noche, ganando 1-0, Funes erró un gol con el arco libre. Y luego, el Rojo dio vuelta el marcador. Fue un partido clave ya que de haber ganado ese cotejo, River hubiera terminado arriba de Peñarol, equipo que terminó siendo el campeón tras vencer a América de Cali en la final.

La Supercopa Sudamericana que empezó a jugarse en 1988 pasó a ser la prioridad, pero Racing aguó la fiesta en semifinales con un gol agónico de Néstor Fabbri en el Monumental. Para cuando esto ocurrió, Newell’s Old Boys, de Rosario, ya se había escapado lo suficiente en el torneo Local, como para ilusionarse con un título. Jaqueado y ya sin puertas por golpear, Timoteo comprendió que su ciclo se había terminado.

El Tolo Gallego, el uruguayo Nelson Gutiérrez y Carlos Timoteo Griguol en una práctica de River. Foto: Archivo Clarín.

El Tolo Gallego, el uruguayo Nelson Gutiérrez y Carlos Timoteo Griguol en una práctica de River. Foto: Archivo Clarín.

Y eso que los jugadores, para ese entonces, ya le habían tomado cariño. A tal punto que los referentes fueron a pedirle al presidente Hugo Santilli que no lo dejara ir y que le renovara el contrato. “Ya es tarde”, fue la respuesta del mandamás del club de Núñez de aquella época.   

Carlos Griguol habla conRubén Darío Gómez, mientras mira Alzamendi. Foto: Archivo Clarín.

Carlos Griguol habla conRubén Darío Gómez, mientras mira Alzamendi. Foto: Archivo Clarín.

Igual, su año en River dejó cosas importantes. Entre ellas, la Copa Interamericana, el afianzamiento de juveniles del club que terminarían jugando el Mundial de Italia ’90 como Claudio Caniggia y Pedro Troglio como jugadores titulares y un inolvidable 3-2 a Boca disputado en el Monumental, en el que River estaba 2-0 abajo en el segundo tiempo y lo dio vuelta (Comas, jugador de Boca erró un penal al final del partido, como para que la victoria Millonaria sea más épica).

Tan en la historia quedó ese partido que recién 31 años después River volvió a darle vuelta un marcador a Boca. Fue, nada más y nada menos, que en la final de la Copa Libertadores de 2018 en el estadio Santiago Bernabéu, de Madrid.  

JCH.





Fuente