El motoquero porteño que se transformó en un gurú de la digitalización agrícola


En el 2001, con la Argentina en una de sus peores crisis, el joven Carlos Moyano tuvo que posponer la decisión vocacional y concentrarse en ganar plata para colaborar con la economía familiar. Hacía poco que había terminado el secundario en una escuela de la Capital, tenía una moto y se puso a hacer mensajería. Fueron varios años atravesando la ciudad de Buenos Aires llevando sobres de un lado al otro en un tiempo en que lo analógico todavía sumaba toneladas de papel. No se puede decir que lo sufriera, al final del día había plata y tiempo para tomarse una cerveza con amigos, pero él en el fondo sabía que su desarrollo profesional estaba en suspenso y que su futuro, probablemente, lejos de la ciudad.

De chico se le había metido la semilla de la agronomía mientras recorría un campo en Curuzú Cuatiá, Corrientes, donde su tío era administrador y al que él viajaba casi todos los inviernos. El agro le tiraba desde entonces, y cuando la situación se acomodó un poco estacionó la moto, se cortó el pelo y se anotó en la tecnicatura en Producción Agropecuaria. Tiempo después, cuando ya estaba sumando las materias necesarias para convertirse en Ingeniero Agrónomo, empezó a hacer una pasantía en la parte administrativa de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea). Esa fue su vía para conectarse con asesores de los grupos CREA que hay diseminados por todo el país, y gracias a uno de ellos, Enrique Sol, se vinculó más estrechamente con algunos grupos del NOA.

Carlos Moyano, en el centro, junto a los miembros del CREA La Cocha, con las sierras tucumanas en el fondo.

“Lo empecé a ayudar con comparación de gestiones y análisis comparativos de campañas de cada cultivo. Me picó el bichito de la metodología CREA y me pareció una alternativa interesante para aprender y crecer”, recuerda.

En cuanto se recibió empezó a tirar currículums y la oportunidad no tardó en aparecer. Del CREA La Cocha, en el sur de Tucumán, lo llamaron para una entrevista, y el porteño de pronto se ganó el puesto de asesor. Al principio lo hizo viajando todos los meses desde Buenos Aires, pero después, recién casado, junto con su compañera emprendió la aventura de instalarse en el norte. “Acá formamos familia, tenemos dos hijos, hicimos una casa y ya estamos recontra establecidos”, dice con tonada de norteño mientras mastica un bolo de hojas de coca, once años después de aquella decisión.

Entre los hitos principales de su carrera hasta el momento, Moyano no duda en resaltar el cambio de hogar. “Tucumán es un lugar espectacular por la diversidad de cultivos: frutales, granos, especialidades… En el grupo CREA se hace soja, maíz, trigo, garbanzo, papa, limón, palta, arándanos, maní, sésamo, chía… lo que se te ocurra, y aprender de todo eso es una oportunidad que no la tenés en cualquier lado”, dice. Además destaca que el estar en un grupo de productores le permitió ver desde adentro todo el proceso de adopción de las nuevas tecnologías. Y eso le despertó nuevas ideas.

Carlos Moyano, su mujer Marce Coire y sus dos hijos, una familia tucumanizada.

Carlos Moyano, su mujer Marce Coire y sus dos hijos, una familia tucumanizada.

En paralelo a su actividad de asesor y aprovechando el terreno fértil del agro argentino, Moyano le puso fichas a su curiosidad por la tecnología y desarrolló junto con un amigo la consultora AgroIndex, que asesora a empresas y productores en la implementación de nuevas herramientas. “Al principio trabajábamos con imágenes satelitales y GPS, después incorporamos los drones… Ahora hacemos todo lo que esté relacionado con la innovación tecnológica: medición de volúmenes de plantas, análisis de imágenes, análisis de mapas de rendimiento, agricultura por ambientes, aplicaciones variables a partir de análisis de suelos… Generamos la información y acompañamos en el proceso de implementación”, describe.

El uso de drones para conocer mejor los lotes y tomar decisiones con precisión es una de las especialidades de AgroIndex.

El uso de drones para conocer mejor los lotes y tomar decisiones con precisión es una de las especialidades de AgroIndex.

Para estar a la altura de un sector en plena efervescencia, Moyano sabe que es vital estar permanentemente capacitándose e invirtiendo. Todavía guarda con cariño los restos del primer dron que tuvo con su socio, un verdadero OVNI armado por ellos mismos a partir de tutoriales de YouTube. Después llegaron al país varias marcas y los muchachos se fueron aggiornando. En el camino obtuvieron un segundo puesto en un certamen de innovadores que les abrió puertas en el mundo de la fruticultura, donde hoy tienen importantes proyectos. “En la agricultura extensiva el uso de imágenes para la agricultura de precisión ya es más común, pero en los frutales, como el limón o la palta, queda mucho más por hacer”, dice.

Carlos Moyano junto a su hijo mayor y su primer dron.

Carlos Moyano junto a su hijo mayor y su primer dron.

Hoy, con la madurez de sus cuatro décadas, aquel motoquero de la Capital está a la vanguardia en el uso de drones e imágenes para la planificación precisa de plantaciones de cítricos, se mantiene empapado de las últimas novedades tecnológicas y asesora a los productores del norte para que hagan un uso más eficiente del agua y los nutrientes. “Veo al agro argentino muy competitivo. La digitalización es el futuro, veo que va a haber tecnologías más accesibles para todo el mundo y que vamos a procesos cada vez más integrados y digitalizados que nos van a ayudar en la toma de decisiones. Es un proceso que avanza sin prisa pero sin pausa”, concluye.



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