El Mercosur tiene un relato en Ginebra y otro en Bruselas



En la Argentina se suele llamar política comercial a los contrapuestos relatos y compromisos sobre un mismo tema que salen del riñón del gobierno con el utópico fin de complacer, a puro verso, a todos sus interlocutores. Son argucias que casi nunca agregan valor a la confiabilidad oficial.

A muchos actores de la sociedad civil también les parece genial atornillarse, sin conocer los reales efectos, a proyectos como los que emergen de las complejas reglas que encierra el paquete de desarrollo sostenible y sanidad agropecuaria nacido en el vientre de la Unión Europea (UE), para luego respaldar, sin trepidaciones, el muy sensato y antagónico enfoque que acaba de someter el Grupo de los 22 (G22SPS) en los trabajos preparatorios de la próxima Conferencia Ministerial (CM) de la OMC. Quizás un calmo análisis nos ayude a separar la paja del trigo.

El orgullo y la humedad del rostro con que las autoridades de entonces le dieron el “sí quiero”, el 28 junio de 2019, al borrador de Acuerdo de Libre Comercio adoptado por la Unión Europea (UE) y el Mercosur, es un testimonio de que el país a la hora de perpetrar el proyecto de matrimonio con el comercio europeo, optó por dejar que prime el amor a la firma antes que trabar una lúcida amistad con el real contenido de los textos. Tal decisión llevó, primero, a digerir enfoque desequilibrados, y en muchos casos innecesarios de los criterios de desarrollo sostenible y de la sanidad agrícola que ambicionan los planes hasta ahora teóricos del Viejo Continente.

La propia Comisión de la UE explica, en sus sitios de internet, que una de las conquistas más importantes alcanzada por el proyecto fue reforzar la enunciación del principio precautorio. De este modo confirma que la inquietud central de los políticos y negociadores europeos no se concentró en aumentar el comercio, sino en fortalecer los cerrojos de su intercambio agrícola ante la “amenaza” de mayor competencia extranjera.

En segundo lugar, el texto establece el paralelo compromiso de predicar, en conjunto con el Viejo Continente, los “méritos” de esa mirada unilateral de lo que Bruselas entiende por desarrollo sostenible.

Y, como si no importara un pomo, la tercera “virtud” de esa decisión es la que, con esas obligaciones, la UE nos estaría forzando a dar la espalda a la posición que históricamente sostuvo el país junto a las naciones que vienen batallando con la finalidad de dar término al apartheid del sector agrícola en el contexto de las reglas del comercio global. En esa concepción tiene primacía el uso sistemático de los principios y las evidencias científicas a la hora de ponderar el riesgo aceptable en el intercambio de productos agrícolas y agroalimentarios. Mientras tanto, el proyecto de Acuerdo está juntando telarañas en un cajón de Bruselas tras la unilateral demanda de revisión del capítulo sobre Desarrollo Sostenible anunciada formalmente por la UE el año pasado.

Pero la vida no está exenta de agradables sorpresas. El pasado 19 de marzo, veintidós Miembros de la OMC (Argentina, Australia, Belice, Brasil, Burkina Faso, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Costa de Marfil, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Senegal, Singapur, Tajikistán, Estados Unidos, Uruguay y Vietnam), el G22SPS, difundieron una versión contundente y ajustada como propuesta de insumo para la 12° Conferencia Ministerial de esa Organización que se realizará en Ginebra, a fines de noviembre próximo.

El rasgo más destacable de ese documento es que, mientras Europa exaltó el refuerzo del principio precautorio, y agigantó el Vademecum del buen proteccionista, el G22SPS no le dedicó una sola letra a las ideas destinadas a restringir o destruir comercio. A pesar de ello, los gobiernos y las representaciones de Mercosur firmaron ambas cosas. Admirable.

El encuadre del principio precautorio en el marco del Acuerdo Regional, hace posible aplicar en forma más automática y arbitraria las reglas que permitirán frenar (de aprobarse el Acuerdo) la importación de productos agrícolas y agroalimentarios del Mercosur. El grueso error fue olvidar la palabra “provisoriamente” (provisionally en inglés) al trascribir del muy buen texto que existe en el Acuerdo SPS de la OMC a las reglas sobre emergencias insertadas en el borrador de Acuerdo birregional.

Los negociadores también desconocieron que los acuerdos regionales deberían mejorar no empeorar las condiciones de comercio que ya tenemos en Ginebra. Otro paso en falso es no haber tenido en cuenta la lectura arbitraria que hacen nuestros amigos de Bruselas acerca del Artículo 5:5 del Acuerdo SPS.

Un mérito adicional de de la Declaración, es destacar el interés de que las futuras reformas no supongan la reapertura del Acuerdo SPS porque sospechan, por obvias razones, que tal ejercicio llevará a hacer tóxicas las reglas que hasta ahora probaron ser bien sanitas.

El texto de la Declaración del G22SPS contiene 10 puntos que podrían sintetizarse en:

1) la próxima CM de la OMC (que es el órgano superior de esa Organización), debería reflexionar sobre los éxitos alcanzados con las aplicación y uso de las reglas del Acuerdo existente y repensar los aspectos que podrían ser objeto de mejora, actualización y nuevas coberturas;

2) El ejercicio de renovación deberá apuntar a crear un escenario de expansiones seguras del comercio, no para bajar su intensidad;

3) no obstante haber pasado un cuarto de siglo, las reglas del Acuerdo basadas en principios y evidencias científicas demostraron tener alto valor y plena vigencia;

4) las futuras innovaciones reglamentarias deberán tener en cuenta el aumento de la población y la nueva distribución geográfica del planeta, lo que incluye el creciente fenómeno de masivas migraciones y la constante aparición de nuevas tecnologías; la importancia de las prácticas sostenibles en la agricultura; el nuevo formato de las pestes; y evitar las medidas sanitarias que sean un mero disfraz proteccionista;

5) soslayar la generación, con las reformas que se introduzcan, de nuevas o innecesarias obligaciones.

Si el insumo propuesto por el G22SPS prospera, se introduciría, al Programa de Trabajo que adopte la CM los siguientes aspectos (esta síntesis es conceptual, ya que el texto es mucho más detallado):

A) facilitar la sostenible intensificación de la producción y el comercio internacional en condiciones de adecuada seguridad sanitaria, así como la producción innovadora de remedios para la salud animal y métodos más eficaces para la producción vegetal;

B) desarrollar métodos para el constante uso de los principios y evidencias científicas, así como para encarar las emergencias en los que tales enfoques no parezcan estar al alcance de las autoridades sanitarias;

C) impulsar toda clase de cooperación y acciones destinadas a incorporar a todas esas prácticas a los países menos desarrollados, con lo que el G22SPS insinúa que se terminó la asistencia a los restantes países en desarrollo.

Paralelamente, treinta días antes de la CM sesionará en Roma la próxima Cumbre Presidencial del G20. En ese foro serán tratados muchos de los temas debatidos en ésta y anteriores columnas. Sería maravilloso que tanto el gobierno como la sociedad civil reflexionen seriamente sobre los enfoques que Argentina debería impulsar en las actuales negociaciones y diálogos de Roma y Ginebra.



Fuente