El joven que busca que haya más productores “sustentables” y que tengan su premio


“El foco de mis esfuerzos y lo que hoy me divierte, está puesto en buscar oportunidades de retorno comercial concreto, una monetización para las producciones sustentables, me gusta que el productor reciba un beneficio por eso”, resumió Tomás Mata, gerente de Sustentabilidad y Certificaciones de Aapresid (la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa), un “sub40” que después de haber desandado un largo camino en distintas actividades, parece haber encontrado su lugar en el mundo… de los agronegocios.

Mata nació en Pergamino, en el año que Raúl Alfonsín ganaba las elecciones y volvía la democracia a la argentina. Corría 1983. Su familia paterna, en realidad es de Arroyo Dulce, uno de los pueblos de campaña del partido de Pergamino. “Mi abuelo fue laburante de la Cooperativa de Arroyo Dulce, después se compró un campo, y mi padre es ingeniero agrónomo, sin dudas, mi vínculo con el campo viene por ahí, de chico compartimos muchas horas recorriendo campos, ahora compartimos la profesión”, resumió Mata sobre sus primeros recuerdos.

Sin embargo, la agronomía no fue la primera elección de Mata. Antes estuvo menos de un año con Administración de Empresas. “Siempre me había gustado el agro, pero no me animaba a una ingeniería, pero en menos de un año me di cuenta de que tenía que seguir mi instinto, yo, en el fondo, quería ser agrónomo”, contó Mata. Y le dio una vuelta de rosca: “Esto me sirvió para encarar la agronomía desde otro lado, porque los agrónomos mayormente pensamos la profesión con la idea de estar en el lote, volcado al trabajo de producción, pero hay una gran paleta de oportunidades en la carrera que veo cada vez más en las nuevas generaciones, que ya no están acotadas a recorrer el lote o producir, cuando uno piensa en agronegocios es mucho más amplio”.

En su cabeza, claro, no estaba especializarse en el tema certificaciones. Tampoco, en aquellos comienzos, la sustentabilidad. “Eso no se enseña en la facultad, tampoco hay mucho sobre lo ambiental, por eso digo siempre que quizás no esté inventado el trabajo que va a hacer mi hijo, no lo conocemos, es algo que se va moldeando”, opinó.

Derrotero laboral

Para llegar hasta la posición que tiene hoy en Aapresid, Mata desando un camino bien variado. Cuando estaba en la facultad hizo sus primeros trabajos “para bancar la vida universitaria”, con pasantías en empresas haciendo encuestas a productores sobre el uso de productos. También por aquellos días pudo mezclar la academia con el campo, cuando se fue a Entre Ríos a hacer controles de calidad para un semillero argentino referente en soja.

“Después pasé a una empresa de nutrición animal italiana, en realidad, era una empresa que extraía árboles para obtener taninos y probaba su eficiencia en terneros lactantes de tambos, por ende, armaron una división de nutrición animal y ahí caí”, contó Mata. Si bien no se terminó dedicando a este rubro, de ese paso surgió el tema para hacer su tesis de grado.

Después, ya terminada la carrera, se volvió al pago y trabajó en una planta de acopio y venta de insumos en Gahan, a una hora de Pergamino. Finalmente, esta sucesión terminó en su incorporación para el desarrollo de una importante tecnología para una multinacional, todo lo que tenia que ver con auditorías y la comercialización.

En Australia trabajó un tiempo para una multinacional de agro.

“Yo estaba muy bien ahí, incluso me habían ofrecido mejorar mi posición y el dinero que ganaba, pero con mi actual mujer decidimos hacer un stop and go en nuestras vidas, antes de tener hijos, y nos fuimos a vivir a Australia”, contó Mata. Y confesó: “Fue un cambio rotundo, pasé de una vida corporativa, donde me estaba yendo bien a algo inexplorado, pero creo que fue la mejor enseñanza que tuve como profesional, me permitió ver las cosas desde otras perspectivas”.

En Australia trabajó un tiempo para una multinacional de agro. Pero lo que más valoró fue poder recorrer otras zonas productivas, ver cómo es la agricultura en otro país y también entender la forma de vida. “El vínculo entre campo y ciudad, allá es muy distinto, los australianos no discuten si el productor es bueno o malo, se lo respeta, eso me mostró que la realidad puede ser distinta, por eso, cuando me volví, sentía que no tenía que encarar la agronomía desde donde venía haciéndolo y me tiré más para lo ambiental”.

Así, en 2016 surgió la posibilidad de postularse para la posición de certificaciones en Aapresid, lo que hoy es el programa Agricultura Sustentable Certificada (ASC). “Lo que tiene Aapresid es que te permite revalorizar tu profesión, encontrarte con los productores, trabajando de una forma libre porque hay muchas posibilidades, el techo es alto, y uno se pone sus propias limitaciones”, relató Mata, que valoró la posibilidad de conectarse con los mercados y el mundo.

“Hoy me defino como alguien que está explorando oportunidades y beneficios comerciales en pos de la sustentabilidad que realmente hacemos en el campo argentino”, resumió.

Sustentabilidad y el agro argentino

Cada vez más, desde distintos sectores, se habla de la sustentabilidad en la producción de alimentos. Por amor o por espanto (me gusta pensar que más por lo primero que de lo segundo), la sustentabilidad está en las conversaciones de una empresa que produce alimentos, desde un productor o un contratista, hasta el que procesa o el que exporta, por citar algunos.

“En las empresas familiares se nota muy claro el cambio generacional cuando se empieza a hablar estos temas”, reflexionó Mata como puntapié inicial. Y siguió: “Si hablases con mi abuelo, él entendería poco y nada de esto, pero los de mi generación, los que tenemos menos de 40, son los que te preguntan sobre la captura de carbono, las certificaciones productivas o cómo hacer para tener réditos por soja”.

Visitando producciones en Europa.

Visitando producciones en Europa.

Mata cree que la incorporación de la generación del 80 (en este caso no de 1880 sino de 1980), es un buen mix porque empiezan a contagiar a sus padres y ellos delegan este tipo de cosas en sus hijos.

Ahora bien, uno de los temas que surge cuando se habla sobre certificaciones y la trazabilidad, es el costo que todos estos procesos acarrean. Justamente, Mata trabaja para que este esfuerzo tenga su recompensa económica, más allá de otros beneficios en la organización de la empresa y en la sustentabilidad en sí. “Muchas veces lo económico es una limitante para meterse en estos temas de sustentabilidad o certificaciones, pero esos temas ya están subsanados porque empiezan a aparecer oportunidades comerciales que es lo que más me gusta”, contó Mata.

Oportunidades

Después de varios años de trabajo, semanas atrás Aapresid dio a conocer que el mercado europeo pagará un extra por la soja que tenga el sello de calidad de ASC respaldado por FEFAC (Feed Manufacturers Federation, o la Federación de Piensos, es decir, forrajes harinas con las que alimentan ganado en Europa)”.  El valor diferencial se pagará en forma de créditos.

“El mercado de soja certificada es el que más repago directo tiene, con un valor extra por tonelada, y eso sirve, en una rápida cuenta para, por lo menos, pagarse los gastos de auditoría o mejoras que haya tenido que hacer el productor para la certificación”, contó Mata.

Pero le suma otros beneficios: “Los últimos años estoy viendo que las empresas del sector, léase insumos y maquinaria, pero también bancos y aseguradoras, se están involucrando en estos temas para trabajar con productores certificados”.

El mundo tiende a que haya más procesos y estándares de calidad en las producciones para tener más seguridad sobre lo que se hace y cómo se lo hace. “Las empresas ven esto y se involucran con ese tipo de productores/clientes, otorgándoles beneficios por ser certificados”, contó Mata. Sería como una especie de “segunda ola” de beneficios.

Comunicación y sociedad

Nacido en Pergamino, una ciudad de 110.000 habitantes que respira campo, Mata sabe que, aún en el corazón sojero del país, el campo está cuestionado.

“Es difícil porque estamos hace años tratando de acortar esa brecha y no lo logramos”, disparó. Y siguió: “Creo que el consumidor no tiene por qué saber o defender a un productor incondicionalmente pero sí hay herramientas de comunicación importantes a las que podemos recurrir”.

Jornada con productores certificados.

Jornada con productores certificados.

Mata también le pone fichas al canal de retail o supermercados. “Sería un buen ejercicio tener identificado qué productos tiene detrás el trabajo de un productor, creo que es un tema más comunicacional que técnico y hay que tratar de mostrarlo con ejemplos concretos”, opinó Mata, quien recuerda, en su paso por Australia cómo en los supermercados, al lado de la góndola de carnes, había fotos de los productores. Es una vinculación irrefutable.

Desafíos

El desvelo de Mata es bucear en los mercados internacionales nichos, países o empresas, que paguen por una certificación, o por trazabilidad o que den un beneficio extra a los productores que hagan las cosas bien y puedan demostrarlo.

“Por delante, hay un gran potencial en el tema captura de carbono y Argentina está muy bien posicionada, algo que se va a consolidar si empezamos a pensar que nuestra producción agrícola no es sólo de granos, sino que también estamos prestando servicios ambientales, ecosistémicos, para los próximos años, este tema va a ser una bomba”, reflexionó.

Y concluyó: “Además, si podemos demostrar con historias detrás de las producciones, con ejemplos concretos sobre el impacto positivo que pueden generar en el ambiente, eso es un motor muy grande que puede demostrarle a la gente que el campo no es lo que muchos creen”.



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