el coronavirus es tanto o más letal que el streaming


Que la manera de ver cine está cambiando no es nuevo. El coronavirus parece ser tanto o más letal que el streaming.

El cierre de los cines, sea el motivo porque fuera, no deja de asestarle un golpe, un mazazo a la cultura en general, a la cinefilia en particular y hasta a la fisonomía de la ciudad de Buenos Aires.

Y no me vengan con el cierre de la cadena de cines Pacific y Arclight, con el domo de Cinerama en Sunset Boulevard. Allá son 300 los que cierran, pero aquí nos pega bien, bien de cerca.

El Cine Arte Multiplex Belgrano no llegó a reabrir. Su público era principalmente gente mayor de 60 años. Foto Captura

El cierre del Arte Multiplex, en la avenida Cabildo al 2829, en el barrio de Belgrano, se suma al de hace unos días, del Cinema City General Paz, a poco más de una cuadra, en la esquina de la vereda de enfrente.

Y tampoco me van a decir que Belgrano no es un barrio pudiente. Y cinéfilo.

Tenía cinco salas y un total de 700 butacas. Era refugio del cine que algunos tildan de “pretensiones artísticas”, cuando son sencillamente películas.

Cine General Paz, del barrio de Belgrano. Otro coloso que no abrirá más. Foto Captura

Cine General Paz, del barrio de Belgrano. Otro coloso que no abrirá más. Foto Captura

Las cuestiones de cierre tienen que ver con el no poder adaptarse a los protocolos sanitarios por el coronavirus. El tema de la ventilación en tamañas estructuras edilicias implicaría un costo irrecuperable.

Y en el caso del Arte Multiplex, se suma que el Covid-19 alejó a su público más fiel, el de cine arte. ¿Por qué? Suelen ser mayores de 60 años, son grupo de riesgo.

En la época de esplendor de los cines, el Arte Multiplex no era un multipantalla, y el Cinema City General Paz, tampoco. Allí funcionaban el Savoy y el General Paz, que eran el centro cinematográfico de Belgrano, mucho antes de que abrieran el Multiplex Belgrano, primero, y el Showcase Belgrano después.

De cines a bingos e iglesias

El negocio del cine cambió en los años ’90, y no fue por la revolución productiva, sino porque el consumo desde el público comenzó a demandar lo mismo que sucedía en el exterior. No se iba al cine solo a ver una película en compañía de extraños, sino a consumir pochoclos, bebidas, nachos, hot dogs.

Las cadenas multipantallas se instalaron en shoppings o construyeron sus complejos. Además de entradas, ofrecen productos en el candybar, que venden mucho más que maní con chocolate, Coca y panchos. Ganan más con el pochoclo que con el precio de la entrada 2×1.

Los que tardaron en adaptarse, porque creían que era una moda pasajera, ya no están.

El célebre domo del Arclight, de los Pacific Cinemas, en Sunset Boulevard, en Los Angeles, cerró. Allí hubo cientos de premieres. Foto Archivo Clarín

El célebre domo del Arclight, de los Pacific Cinemas, en Sunset Boulevard, en Los Angeles, cerró. Allí hubo cientos de premieres. Foto Archivo Clarín

Miren la avenida Santa Fe y Callao.

Cuando, por razones socioculturales, y hasta de seguridad, Lavalle dejó de ser la reina en el centro de Buenos Aires, y de la calle de los cines pasó a ser la calle de los bingos e iglesias evangelistas, y casas de retail, por no llamarlos boliches de ropa, el “eje” se corrió a Santa Fe y Callao.

Hasta el Grand Splendid cerró para ser una librería (nunca me animé a pisarla). Se fueron el América, enorme, sobre la avenida Callao, el Capitol, el Santa Fe 1 y 2, y el Atlas Santa Fe 1 y 2.

El Studio, más cerca de la Avenida Pueyrredón, fue el primero en desaparecer en la zona. Ya no pasaba Un Fantasma en el Paraíso, de Brian De Palma, en la trasnoche, ni La canción es la misma, de Led Zeppelin. El Gran Norte pasó a ser un supermercado.

Gabriel Feldman alquilaba el edificio del Arte Multiplex, y la esperanza, que es lo último que se pierde, es que las películas de cine arte pasen al Multiplex Belgrano, no muy lejos de allí, en Vuelta de Obligado.

Cada uno recordará qué película vio en el Savoy, el General paz, el Arte Multiplex o el Cinema City.

Pero apúrense antes de que allí vendan ropa en vez de ilusiones.



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