Día Mundial del asma: qué es un buen control y cómo se logra


Alrededor de 300 millones de personas viven con asma en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel local, de acuerdo a estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, afecta a alrededor de 3 millones y medio de personas, lo que representa a un ocho por ciento de la población. De ese porcentaje, la mitad desconoce su condición.

Al ser el asma una enfermedad crónica, es importante saber cuáles son las pautas para un buen control, y cómo llevarlo a cabo. Así lo entiende la organización GINA (iniciativa global contra el asma), que además intenta hoy, en el Día Mundial del Asma (aunque muchas instituciones lo conmemoran mañana, 5 de mayo), desterrar mitos sobre la afección para poder lograrlo.

“El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias caracterizada por un estrechamiento de la luz bronquial. Esto se provoca por broncoconstricción y por un aumento de la mucosidad que puede afectar a personas de todas las edades, aunque es más frecuente en los chicos y en personas que tienen antecedentes personales o familiares de asma, siendo reversible con tratamiento en la mayoría de los casos“, explica el doctor Gastón De Stefano, neumonólogo de INEBA.

Los corticoides no son la única manera de tratar el asma. Foto ilustrativa Shutterstock.

Las claves de un buen control

Por eso, es fundamental centrarse en el tratamiento, cuyas principales metas incluyen reducir tanto la intensidad como la gravedad de los episodios, así como sus síntomas y el uso de corticoesteroides orales, y, claro, mejorar la función pulmonar.

Para poder lograrlo, los expertos recomiendan tener un médico de cabecera con el cual tratar la enfermedad en un entorno confiable y en el que el paciente se sienta no solo parte sino también protagonista en lo que es el manejo de su asma.

“Para el éxito terapéutico es vital que el individuo cumpla con las indicaciones que consensuaron con su médico en el consultorio, tanto en términos del uso de la medicación, como de estilo de vida”, opina Gabriel García, jefe del Servicio de Neumonología del Hospital Rossi de La Plata.

Otro de los consejos, sustentado en varias investigaciones, es llevar un diario que registre los episodios de exacerbaciones y su severidad, para que la persona pueda conocer cuándo la enfermedad se manifiesta, y analizar luego con un profesional cuáles son las causas que pueden haber “gatillado” un episodio.

Los principales mitos 

La organización internacional GINA, colaboradora de la OMS, advierte sobre cuatro ideas erróneas que circulan en torno al asma: que sea una enfermedad “de la infancia”, que sea infecciosa, que los pacientes tengan contraindicada la actividad física y que sólo se pueda controlar con altas dosis de corticoides.

Respecto a la primera y segunda cuestión, García aclara que “no hay nada más alejando de la realidad: el asma puede ser una enfermedad de toda la vida y aparecer en la infancia, en la adolescencia, en la vida adulta o en la tercera edad. Tampoco es de origen infeccioso, aunque las infecciones respiratorias pueden desencadenar o agravar exacerbaciones”.

Para contrarrestar la creencia de que la enfermedad solo se combata con corticoides, GINA aclara que hoy se cuenta con alternativas terapéuticas, adaptadas al tipo de asma del paciente, que permiten disminuir su uso de corticoides, sin dejar de mantener el control de la enfermedad.

“Lo más adecuado es conversar con el paciente en el consultorio, conocer e interpretar su historia con la enfermedad, qué medicaciones le fueron efectivas y cuáles no. También hay que determinar el impacto del asma en su día a día, sin minimizar los síntomas“, agrega García.

Los pacientes con asma, controlados, pueden realizar deporte incluso a nivel profesional o de alta competencia. Foto Shutterstock.

Los pacientes con asma, controlados, pueden realizar deporte incluso a nivel profesional o de alta competencia. Foto Shutterstock.

Respecto de la realización de actividad física, en línea con lo que manifestó la organización GINA, el especialista concuerda con que, con un buen control del asma, cualquier persona puede realizar deportes, inclusive de alta competencia y a nivel profesional. “Hacer ejercicio no está contraindicado, sino que puede inclusive formar parte del tratamiento”, sostiene.

Qué ocurre en pandemia

Los expertos subrayan que las personas con asma no tienen riesgo aumentado de contagio de Covid-19, ni de complicaciones más severas que el resto de las personas.

García destaca que, a pesar de haber sido considerada por la OMS como una enfermedad de riesgo en el marco de la pandemia de coronavirus, la evidencia científica internacional indica que si está bien controlada, el asma no incrementa el riesgo de infección, ni tampoco de desarrollar cuadros más severos.

“Un paciente asmático tratado y controlado no sería un factor de riesgo por Covid-19. Si se mira la lista de comorbilidades asociadas a las causas de muerte por covid, el asma no está, por lo que es muy importante que no se interrumpan los tratamientos”, señala a Clarín.

¿Por qué entonces fue incluida en un principio como factor de riesgo en pandemia? “Al principio se pusieron a todas las enfermedades respiratorias crónicas, y el tiempo demostró lo contrario. En la pandemia de gripe A pasó lo mismo, los asintomáticos también estuvieron bien”, explica a Clarín. “Por eso, el mensaje más importante para un paciente con asma en estos tiempos es que no abandone su medicación, que se vacune, y que esté en contacto con su médico, al menos por teléfono”, recomienda.

Síntomas y prevención

Los síntomas del asma incluyen sensación de pecho cerrado, dificultad respiratoria (disnea), tos o silbidos (sibilancias) en el pecho, que por lo general se presentan de manera variable.

Para prevenir episodios, más allá de la edad del paciente, hay que prestar atención a los factores que pueden desencadenar o empeorar los síntomas como las infecciones virales, polvos ambientales, ácaros, polen, pelos de animales, humo de tabaco, estrés, medicamentos como AINES o betabloqueantes.

Al contrario de lo que muchos creen, el asma no es una enfermedad "de la infancia". Foto Shutterstock.

Al contrario de lo que muchos creen, el asma no es una enfermedad “de la infancia”. Foto Shutterstock.

El diagnóstico de asma se basa en la presencia de los síntomas mencionados, sumados a la realización de pruebas de función pulmonar como la espirometría, para medir su capacidad mediante el volumen de aire que se espira y permite comprobar si existe obstrucción de los bronquios, así como su intensidad.

El costo económico

“A menudo el asma no se diagnostica correctamente debido, muchas veces, a la baja percepción de los síntomas por los pacientes y al subdiagnóstico. Esto hace que las personas no reciban el tratamiento adecuado, creando así una importante carga en el sistema de salud por las múltiples consultas ambulatorias y atención por guardia, y pudiendo limitar su actividad cotidiana durante gran parte de su vida”, comenta De Stéfano.

Por eso, un diagnóstico realizado a tiempo no solamente mejorará la calidad de vida del paciente: también aliviará el costo económico del sistema de salud. Se calcula que en Latinoamérica el 70% de los gastos relacionados con el asma se deben al costo de atención no programada y a las internaciones de estos pacientes.

Incluso, debido a su prevalencia y carácter crónico, es una de las patologías con mayor impacto económico, siendo en Argentina el proceso inflamatorio crónico que más costos genera en la población pediátrica. A nivel poblacional, los costos directos del asma representan, aproximadamente, 37.200 millones de dólares al año.

El cuidado de aquellos pacientes con exacerbaciones cuesta, por año, entre dos y tres veces el valor de un paciente con la enfermedad controlada. En términos absolutos, el tratamiento de pacientes con asma severa que padecen exacerbaciones demanda, aproximadamente, cinco mil dólares más cada año.



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