Desde Domínguez al Pulga Rodríguez: las claves que explican por qué Colón es campeón por primera vez en su historia


Empieza con “C” y termina con “ón”. Puede ser Colón. Y también puede ser campeón. Pero esas dos palabras que suenan tan bien juntas, que hasta permiten armar un verso sin esfuerzo como en las épocas del preescolar, eran hasta la noche de este viernes una dulce utopía. Sin embargo, el fútbol, el deporte que como ningún otro sabe de imposibles, lo logró. En San Juan se unieron por primera vez esas dos palabras que empiezan y terminan igual. Colón es campeón. Colón es el rey del fútbol argentino por primera vez en sus 116 años de historia. Colón tocó el cielo con las manos y bajo esa estrella que desde ahora vestirá su escudo hasta la eternidad. Y la épica, el cuento de hadas, tiene una explicación. En esta Copa de la Liga Profesional que se jugó en uno de los peores momentos de una pandemia que no se termina de apagar y en un torneo de nivel ultradiscreto, Colón fue el mejor. Por lejos. Y le sobraron argumentos.

Salvo Vélez, de rendimiento casi impecable en la fase inicial -salpicado por ese 1-7 con Boca-, no hubo otro equipo que mostrara el nivel que exhibió este Colón. Se habló de River, como siempre se habla del River del Muñeco Gallardo a pesar de que está lejos de su pico de rendimiento. Se habló de Boca, como siempre se habla de este Boca que a pesar de todo se las ingenia para sufrir hasta cuando gana. Pero se habló muy poco de Colón, un Colón que es muy parecido al Colón que estuvo a punto de ser campeón de la Copa Sudamericana, la tarde del diluvio universal en Asunción y del show con nivel Super Bowl de Los Palmeras, pero que también es muy diferente.

Es muy parecido este Colón porque la figura sigue siendo Luis Miguel Rodríguez, jugador del pueblo por excelencia, que tira pases de magia al andar cada vez que está cerca de una pelota. Que se desvive por dibujar fantasías incluso cuando el partido ni siquiera empezó a jugarse (como cuando le tiró un caño al árbitro en el sorteo). El que dice que la gloria no se puede comprar y el que asegura en el campo de juego que le gustaría tener un avión para irse ya su Simoca natal, a la que imagina ardiendo de felicidad, para estar con su familia mientras intenta brindar con un vaso gigante de cerveza que se hace añicos en las manos de este crack que es diferente a todos los cracks.

El Pulga y la cerveza. El vaso explotó y se cortó. Foto: Marcelo Carroll

El Pulga, que se volvió a lesionar en la final, como hace 19 meses en la Sudamericana, no pierde la frescura aunque el calendario lo tiene cada vez más cerca de convertirse en un cuarentón. Es el emblema de un equipo que no pudo plasmar todo lo bueno que insinuaba ante ese interesante cuadro que era Independiente del Valle en tiempos en que el coronavirus no entraba ni como término aceptado en el Pequeño Larrousse Ilustrado. Un equipo que mantiene en el arco a un Burián que es un arquero que nunca defrauda. Que se pone la capa de superhéroe cuando las papas queman. Y que sostiene en el medio a dos de esos mediocampistas que parecen haber sido hechos a medida para rendir con la camiseta que combina sangre y luto por igual como Federico Lértora y Cristian Bernardi, figura y autor de un golazo ante el desdibujado Racing en el Bicentenario sanjuanino.

Es entonces cuando empieza el juego de las diferencias. Sólo estos cuatro jugadores se mantuvieron entre los 11 titulares si se compara el equipo que paró Pablo Lavallén en La Nueva Olla con la formación que hizo historia definitiva en la tierra de Domingo Faustino Sarmiento y con Eduardo Domínguez como entrenador.

Ya no hay línea de cuatro, sino que Colón ahora se defiende con tres. Y defender con tres es sistema y no moda o necesidad (o manotazo) porque se defiende siempre con tres, aunque en esta final a tribunas vacías el DT tuvo que recurrir a la línea de cuatro porque, por diferentes motivos, no pudo tener a ninguno de los tres titulares de esa última línea.

Tampoco se negocian las transiciones rápidas para ser directo a la hora de atacar y asfixiante a la hora de recuperar. Porque el Pulga hace lo que quiere y está bien. Porque, esencialmente, todo lo que quiere está bien como ese frustrado intento de gol con tres dedos y de primera cuando el físico ya no le respondía ante un Racing que exasperaba con su tibieza.

Eduardo Domínguez, el padre de la criatura. Foto: Marcelo Carroll.

Eduardo Domínguez, el padre de la criatura. Foto: Marcelo Carroll.

La alegría del Pulga combina a la perfección con la seriedad de Domínguez, un DT que habla poco pero que trabaja mucho. Hay una idea. Y se sigue esa idea. Se trata de un entrenador que tiene un futuro enorme porque se distingue de una  gran mayoría a la que no le interesa pertenecer como dijo en este mano a mano imperdible con Clarín. Domínguez trata de no entrar en el caretaje que impera en el reino de la pelota.

“El fútbol argentino vive en la hipocresía total, decimos una cosa y hacemos otra. Alcanza con ver fútbol para que los ejemplos aparezcan. Por eso yo me aíslo, yo estoy tranquilo. Que el resto haga lo que quiera. Lo que no me gusta es cuando los entrenadores dicen una cosa y después en la cancha se ve algo muy diferente… O no queremos que un técnico vaya de un lado a otro, pero al mismo tiempo un técnico que dice eso está hablando por atrás cuando hay un colega entrenando. Esas cosas no las entiendo. Y lo puedo decir porque sé cómo me manejo”, explicaba meses atrás Domínguez, que tiene 42 años, que es yerno de Carlos Bianchi y que se lamenta por no haber sabido aprovechar, pecados de juventud, la experiencia (¿religiosa?) de haber sido dirigido por Marcelo Bielsa.

“Yo me siento tranquilo con que el jugador que dirijo me crea”, dijo Domínguez en esa misma entrevista. Puede dormir sin frazada, nomás. Sus jugadores le creyeron. Y se la creyeron tanto que por primera vez pudieron juntar las palabras Colón y campeón. Sí, Colón es campeón. Y está bien que así sea. Ya era tiempo que sucediera. Festeja medio Santa Fe en tiempos en los que la felicidad escasea. Juega bien Colón en tiempos en los que el buen juego, también, escasea.



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