Cuando “Goyo” Peralta, aquel ídolo sin corona, rival de Bonavena y fiel seguidor de Perón, se enfrentó a Muhammad Ali


Con guantes de 16 onzas, sin árbitro, sin jueces, a media máquina y lanzando golpes con una potencia sumamente controlada. Podría haber sido una sesión de entrenamiento como las que habitualmente convocaban a algunas decenas de curiosos en el gimnasio que había montado en una zona boscosa junto al lago Deer, en Pensilvania. Sin embargo, más de 10.000 personas pagaron para ver una exhibición de Muhammad Ali en Barcelona en 1972 que tuvo como partenaire a un ídolo del boxeo argentino: Gregorio Manuel Peralta.

Esas exhibiciones se habían convertido en una fuente de ingresos extra para Ali desde que había recuperado su licencia profesional en agosto de 1970, tras casi tres años y medio de inhabilitación que había tenido que purgar por su negativa a alistarse en el Ejército para participar en la Guerra de Vietnam, que también le había costado sus títulos de campeón pesado de la Asociación Mundial de Boxeo y el Consejo Mundial de Boxeo.

A la decena de combates oficiales que había protagonizado desde su retorno, entre ellos la derrota ante Joe Frazier en el Madison Square Garden de Nueva York (la primera en su carrera rentada) en su primer intento por recuperar sus coronas, había añadido esas presentaciones en distintos puntos del planeta que le demandaban poco esfuerzo (más allá de los viajes) y buenos billetes.

En julio de 1972, Ali viajó por primera vez a Irlanda (la tierra donde había nacido su bisabuelo materno, Abe Grady) para enfrentar a Al Blue Lewis, un rival de modestos antecedentes en 30 peleas que antes de su debut profesional había permanecido encerrado más de seis años en la prisión estatal de Jackson (Michigan) por un homicidio en ocasión de robo y que había sido sparring del ex campeón mundial durante la preparación para su duelo de regreso ante Jerry Quarry en octubre de 1970.

Muhammad Ali dialoga con el periodista Cathal O’Shannon durante una entrevista realizada en su visita a Dublín.

Durante los nueve días que permaneció en Irlanda (reconstruidos en el documental When Ali Came to Ireland, dirigido por Ross Whitaker), el astro de Louisville tuvo una audiencia con el primer ministro Jack Lynch, se reunió con personajes públicos como el actor Peter O’Toole, el director John Huston y el jugador de hurling Eddie Keher, y protagonizó una recordada entrevista con el periodista Cathal O’Shannon en la RTÉ, la cadena televisiva estatal de ese país.

El colofón de esa visita fue una victoria por nocaut técnico en 11° asalto ante Lewis en el Croke Park de Dublín y ante 25.000 espectadores. Muchos de ellos ingresaron al estadio sin abonar su entrada y unos cuantos invadieron el cuadrilátero apenas el árbitro Lew Eskin marcó el final de la contienda, por lo que Ali demoró casi media hora en regresar a su vestuario.

Esa presentación, por la cual el estadounidense cobró 100.000 dólares, también significó una posibilidad para el empresario Luis Bamala, uno de los principales promotores del boxeo español de entonces, quien también gestionaba espectáculos de catch y tauromaquia y tenía como socio a uno de sus yernos, el ex arquero del Atlético de Madrid Miguel San Román.

Muhammad Ali noqueó a Al Lewis en el Croke Park de Dublín.

Muhammad Ali noqueó a Al Lewis en el Croke Park de Dublín.

Después de la pelea en Dublín, Bamala viajó a Londres para reunirse con Ali y con los hermanos Angelo y Chris Dundee (entrenador y promotor del púgil), y los convenció para hacer en España una exhibición a cambio 15.000 dólares, un cachet inferior al que el excampeón solía percibir. “Mis buenos amigos, los hermanos Dundee, se han mostrado muy gentiles al hacerme este favor tan especial”, explicó el empresario al confirmarse el evento, apenas una semana antes de su realización.

Inicialmente el plan era que Ali enfrentara a José Manuel Ibar, conocido como Urtain, pero el campeón español pesado había peleado 15 asaltos el mes anterior ante el alemán Jürgen Blin por el título europeo y estaba disfrutando de un período de vacaciones, por lo que declinó asumir ese compromiso con tan poca anticipación. Entonces Bamala recurrió a Peralta.

Boxeador elegante y hábil (aunque sin pegada de nocaut), caballero sobre y debajo del cuadrilátero, Goyo, que por entonces tenía ya 37 años y más de un centenar de combates rentados en su currículum, pertenecía, como Luis Ángel Firpo o Eduardo Lausse, a ese particular grupo de púgiles argentinos que, además de ídolos, eran considerados campeones sin corona.

Gregorio Peralta cayó ante Willie Pastrano en 1964, cuando intentó conseguir los títulos de la división mediopesado a la AMB y el CMB.

Gregorio Peralta cayó ante Willie Pastrano en 1964, cuando intentó conseguir los títulos de la división mediopesado a la AMB y el CMB.

Había tenido su oportunidad de conquistar los títulos de la división mediopesado de la AMB y el CMB en 1964, pero había caído ante Willie Pastrano (a quien había batido un año antes en un duelo sin los cinturones en juego) en un combate que el árbitro Pete Giarusso había detenido tras el quinto asalto por una herida sobre el ojo izquierdo del sanjuanino. Y había estado a un paso de enfrentar a Jimmy Ellis en la Bombonera en 1969 por el cetro pesado de la AMB, pero la chance se había frustrado por problemas de organización.

Peralta también había sido campeón argentino y sudamericano de los completos; había protagonizado la pelea más convocante de la historia del Luna Park en 1965, cuando 25.236 aficionados lo había visto ceder el título nacional ante el joven Oscar Natalio Bonavena, de apenas 22 años; y había enfrentado dos veces al ascendente George Foreman. Y además era un ferviente peronista que no ocultaba su filiación aun en años de prohibición y persecución.

Oscar Bonavena y Gregorio Peralta convocaron a 25.236 personas en el Luna Park en 1965.

Oscar Bonavena y Gregorio Peralta convocaron a 25.236 personas en el Luna Park en 1965.

En marzo de 1962, había sido elegido concejal de Azul, la ciudad en la que se había radicado a los 17 años, por Unión Popular, la herramienta electoral con la que el Movimiento Nacional Justicialista intentaba sortear la proscripción en la provincia de Buenos Aires (y que llevó como candidato a gobernador al dirigente textil Andrés Framini), pero no llegó a asumir porque los comicios fueron anulados 11 días después de su realización, tras la caída de Arturo Frondizi y la asunción de José María Guido como presidente.

“Tal vez no me beneficie hablar ahora de política, pero si usted piensa publicarlo conviene que le explique bien: yo tenía 10 años y mi madre le escribió a Perón porque ya no dábamos más. Llegó la respuesta con una pila de paquetes: fue la primera vez en mi vida que dormí sobre un colchón”, había justificado Goyo su adhesión al justicialismo en una entrevista publicada en la revista Primera Plana en marzo de 1964, unos días antes de su pelea por el título ante Pastrano.

A fines de marzo de 1970, Peralta, que a menudo usaba batas con leyendas como “Viva Perón” o “Argentino y peronista”, partió a Madrid para observar el combate entre Urtain y el alemán Peter Weiland por el título europeo pesado, con el objetivo de desafiar al ganador y preparar el terreno para radicarse allí.

En ese viaje conoció al General. Una vez instalado en España, construyó un vínculo cercano con el expresidente, a quien visitó más de una decena de veces en la residencia de Puerta de Hierro. Incluso el líder justicialista fue el padrino de su tercer hijo, Juan Domingo.

Perón fue el padrino de Juan Domingo, el tercer hijo de Gregorio Peralta y Noemí Canevello.

Perón fue el padrino de Juan Domingo, el tercer hijo de Gregorio Peralta y Noemí Canevello.

Asentado en el Viejo Continente, el cuyano hizo en dos años 11 peleas en España y una en Alemania, de las cuales ganó 11 por nocaut (entre ellas una ante el tan mentado Urtain) y solo perdió ante Ray Anderson el 9 de junio de 1972 en Madrid, en la misma velada en la cual el campeón español cayó ante Jürgen Blin. Esa noche, estrenó una bata que en la espalda decía “argentino, español y peronista”.

De todos modos, en su cabeza estaba clara la idea del regreso al país. “En Argentina no puedo dedicarme al boxeo, pero volveré apenas pueda hacerlo. El general Perón tendrá que volver a gobernar mi patria. Si no lo dejan, tendremos que luchar allá para que así ocurra. Si no hay elecciones, tendremos que volver para sumarnos al combate. Y si las hay, regresaremos para trabajar por Perón”, explicó en una entrevista publicada en el diario La Opinión a principios de julio de 1972, apenas unos días antes de la exhibición con Ali, para la cual fue elegido pese al traspié ante Ray Anderson.

El espectáculo se pactó para el 1 de agosto en la plaza de toros Monumental de Barcelona. Tres días antes, el ex campeón mundial realizó otra exhibición ante el maliense Ba Sounkalo en el Stade D’Honneur de Casablanca ante 3.000 espectadores.

Estaba previsto que Ali arribara a Barcelona el domingo 30 de julio al mediodía y que a la tarde concurriera a una corrida de toros. Sin embargo, los planes cambiaron: recién a las 23.45 de ese día pudo aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Barajas, en las afueras de Madrid, junto a su segunda esposa, Khalilah; su madre, Odessa; los hermanos Angelo y Chris Dundee, y una numerosa comitiva.

“(Peralta) Es un buen boxeador, pero me parece que ya no está en su mejor edad”, sostuvo el estadounidense en el aeropuerto madrileño. “Fue un púgil de extraordinaria calidad cuando militó entre los mediopesados. Tiene una gran inteligencia que le permite, pese a que ya no es un niño, seguir viviendo en una categoría tan difícil como la de los pesados”, complementó Angelo Dundee durante la espera para hacer el transbordo. Finalmente el grupo llegó a Barcelona a las 3.30 del lunes, a menos de 48 horas de la velada.

El mismo día de la exhibición se realizó un pesaje cuya finalidad era mucho más dar difusión al evento que cumplir con alguna obligación reglamentaria. En la ceremonia llevada a cabo en la terraza de la galería Jorba Preciados, un monumental edificio de estética clasicista construido durante la década de 1920 sobre la avenida de la Puerta del Ángel, Ali registró 99 kilos y Peralta, 90,200.

Gregorio Peralta exhibe una bata con la leyenda "argentino y peronista" frente a Juan Domingo Perón y Héctor José Cámpora.

Gregorio Peralta exhibe una bata con la leyenda “argentino y peronista” frente a Juan Domingo Perón y Héctor José Cámpora.

Un rato antes, los dos protagonistas habían sido entrevistados por Armando Rubén Puente, corresponsal de la revista Primera Plana en España. La curiosidad del periodista no estaba enfocada en lo que harían sobre el ring, sino en sus miradas sobre la situación política argentina, cuando el gobierno de la autodenominada Revolución Argentina empezaba a preparar su retirada.

“Perón es la única posibilidad que tenemos todos los argentinos de tener una patria grande, justa, libre, soberana. ¿Qué duda cabe de que nosotros seremos los encargados de transformar a la Nación y liberarla de su estado de postración colonial para convertirla en la realidad efectiva con que soñó San Martín?”, se preguntó Peralta, quien consideró que el regreso el país del exmandatario significaría “la culminación de un sueño y el fin de la angustia”.

Ali, quien a fines de 1971 había viajado a Argentina para una exhibición en la cancha de Atlanta, también dio su parecer: “Los justicialistas están acompañados por miles y miles de hombres y mujeres en toda la Tierra. Cuando estuve en Buenos Aires, me di cuenta inmediatamente de que nadie quería saber nada sin Perón”.

Más allá de las evaluaciones políticas de los contendientes, que resultaban ajenas a la mayor parte de los aficionados españoles, el enfrentamiento generó una expectativa enorme, sin importar su carácter no oficial: se agotaron las 10.000 entradas que se habían puesto a la venta.

Un afiche de la velada en la que se enfrentaron Muhammad Ali y Gregorio Peralta en Barcelona.

Un afiche de la velada en la que se enfrentaron Muhammad Ali y Gregorio Peralta en Barcelona.

La cartelera incluyó cuatro combates profesionales. En el que ofició de semifondo, el madrileño José Durán le ganó por puntos el título español superwélter (que estaba vacante) al bilbaíno José María Madrazo. Cuatro años más tarde, Durán obtendría la corona de las 154 libras de la Asociación Mundial de Boxeo y la perdería en su primera defensa ante el pampeano Miguel Ángel Castellini.

Luego treparon al ensogado los protagonistas del evento central. Tras ellos subió un grupo de púgiles y expúgiles españoles para saludarlos. Ali estrechó las manos de todos, salvo la de Urtain. El vasco insistió y el norteamericano amagó aplicarle una bofetada, lo que derivó en una pequeña escaramuza que pareció parte del guión de la noche.

Superado el borbollón, llegó el tiempo de la acción. “Se trata de una exhibición, pero también puede terminar en pelea porque Goyo Peralta no sabe aflojar y si se le presenta ocasión de meterle una mano a Clay, no hay nadie que pueda convencerlo de que no lo haga”, había advertido Luis Bamala. Pero eso no sucedió.

El duelo se había pactado a ocho rounds de dos minutos, sin árbitro y sin jueces que llevaran tarjetas, por lo que al final no habría vencedor ni vencido. Durante esos 16 minutos, Ali desplegó una parte de sus mejores recursos: con una movilidad constante y una amplia variedad de golpes con su brazo izquierdo (el derecho casi no lo utilizó), penetró una y otra vez la guardia de Peralta, que poco pudo hacer para neutralizar ese arsenal.

Muhammad Ali exhibió parte de su mejor repertorio en la exhibición ante Gregorio Peralta en Barcelona.

Muhammad Ali exhibió parte de su mejor repertorio en la exhibición ante Gregorio Peralta en Barcelona.

De todos modos, ambos tenían claro que se trataba de una exhibición. Nunca se exigieron a fondo, lanzaron los golpes sin demasiada potencia y jamás procuraron derribar (y, mucho menos, noquear) al adversario. Ali hizo gala de sus cualidades como bailarín, bajó la guardia y se dedicó a eludir con movimientos de cintura los golpes de Goyo. El público permaneció magnetizado por la demostración del ex campeón del mundo, aunque algunos, no muy conformes con el espectáculo, silbaron cuando se oyó la campanada final.

Apenas unas horas después, Ali abandonó Barcelona. Cincuenta días más tarde, ya de regreso a la actividad oficial, noqueó y retiró del boxeo profesional a Floyd Patterson en el Madison Square Garden. Todavía faltaban más de dos años para que pudiera recuperar los títulos mundiales ante George Foreman en Kinshasa.

Después de una presentación más en Barcelona en septiembre, Peralta mudó su base de operaciones a Alemania Federal, donde efectuó ocho combates más antes de su retiro a fines de 1973. Si bien Perón volvió a Argentina el 17 de noviembre de 1972, tras más de 17 años de exilio, y se instaló definitivamente en el país el 20 de junio de 1973, el sanjuanino no pudo acompañarlo, como anhelaba.

La muerte del General el 1 de julio de 1974, el empoderamiento de los sectores de la derecha peronista y especialmente de José López Rega (con quien estaba enfrentado), la debacle del gobierno de María Estela Martínez, el golpe de Estado y la dictadura cívico-militar genocida lo mantuvieron lejos hasta 1983, cuando regresó, ya separado de su esposa, Mimí Canevello, y sin sus hijos Andrés, Andrea, Juan Domingo y Manuel. Se radicó en Rosario, donde vivió y militó hasta su muerte, el 3 de octubre de 2001.



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