¿Cuándo es realmente necesario aplicar fungicidas en maíz?



Por Marcelo Carmona y Francisco Sautua

Las principales patologías foliares que afectan al maíz, y que son objeto de control químico, son la roya común (Puccinia sorghi), el tizón o helmintosporiosis común (Exserohilum turcicum) y la cercosporiosis o mancha gris o rectangular (Cercospora zeina, C. zeae-maydis). En híbridos muy susceptibles, los rendimientos del cultivo de maíz se pueden reducir en más del 50% cuando las infecciones de E. turcicum o de Cercospora spp ocurren temprano en el ciclo del cultivo y las condiciones son favorables para el desarrollo epidémico de la enfermedad.

Cuando ocurren epidemias graves de roya común, las pérdidas de rendimiento en cultivos de maíz pueden estar comprendidas entre en promedio en un 20%. Para manejar estas enfermedades la elección del híbrido por su comportamiento sanitario es la principal medida a realizar antes de la siembra.

Sin embargo, la disponibilidad de híbridos que reúnan simultáneamente un alto potencial de rendimiento y resistencia efectiva a las enfermedades más importantes es escasa. Por ello, el uso de fungicidas foliares se ha incrementado en los últimos años como consecuencia de una mayor prevalencia e intensidad de estas enfermedades. Para el caso particular del tizón común y la mancha gris, además se recomienda preferencialmente la rotación de cultivos.

Definir el momento de aplicación de fungicidas en el cultivo de maíz no es una tarea sencilla y no debe hacerse guiado solo por un criterio. Por el contrario, la complejidad que presentan los diferentes ambientes agronómicos es muy diversa y debe ser analizada profundamente. Existen estudios donde la recomendación se basa exclusivamente en aspectos fisiológicos, y la guía para la decisión de control químico es la ocurrencia de determinados estados fenológicos o la expectativa de incrementos en el rendimiento por una mejora general de la planta.

Sin embargo, hay otras investigaciones que desestiman este criterio “exclusivamente fitocéntrico” y recomiendan valorar otros factores como el ambiente, la susceptibilidad del genotipo y el nivel de enfermedad presente. La toma de decisión necesariamente nos obliga a considerar diversos aspectos integradamente donde la epidemiología interactúa con el hospedante, el fungicida y con las variables económicas. Por ello es necesario analizar los atributos del patógeno ( razas, presión de inóculo, etc.); del hospedante (período crítico de generación de rendimiento, nivel de susceptibilidad a las enfermedades, rendimiento potencial, aspectos fisiológicos, etc.); del fungicida (dosis, tipos de moléculas, etc.), del ambiente (rocío, lluvias temperatura, mojado, etc. ); y el análisis de los datos del monitoreo a campo en conjunto con el estudio económico de daños e inversión (umbral de daño económico UDE, cantidad de kg de maíz necesarios para pagar el fungicida, etc.).

Para el cultivo de maíz también es necesario analizar otros factores de riesgo que condicionan la mayor o menor intensidad de las enfermedades: (maíz tardío, semilla infectada o mal curada, riego, integridad de la caña, susceptibilidad a pudriciones de raíz y tallo, re-movilización de hidratos, relación fuente/ destino, retrasos en la cosecha, etc.).

Resulta primordial analizar y cuantificar el riesgo de estos factores y abordar estos aspectos integradamente, ya que de esta forma será posible priorizar los lotes que deberían ser aplicados. Así por ejemplo un lote de alto riesgo para tizón es aquel que se sembró con híbridos susceptibles, en forma tardía, bajo siembra directa y con presencia de rastrojo de maíz previo en superficie, ubicado en regiones donde la frecuencia y cantidad de lluvias sean elevadas, o en lotes bajo riego (mm acumulados desde V7). En esta situación se debe decidir aplicar según el umbral de daño económico de un centímetro promedio de lesión por hoja. Un lote de riesgo para roya común es aquel que se sembró con híbridos susceptibles, en siembras tempranas, con temperaturas entre 8 y 25 °C (sin temperaturas elevadas). En este escenario se debe decidir aplicar según el umbral de daño actualizado anualmente que esta expresado en cantidad promedio de pústulas por hoja.

Concluyendo, la clave está en valorar todos y cada uno de los factores de riesgo, integrando las observaciones del monitoreo de campo, registro del ambiente y los valores de umbrales de daño, cuando estuvieran disponibles

A tener en cuenta

1- Actualmente, con el precio internacional de maíz sólo son necesarios 70 a 158 kg/ha de impacto en el rendimiento para cubrir la inversión del control químico.

2- La mayoría de los fungicidas mezclas de estrobilurina más triazol se mantiene eficaz contra las enfermedades durante 14 a 21 días No hay casos reportados de resistencia de patógenos foliares de maíz a fungicidas.

3- La Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de la UBA , difunde anualmente los umbrales de daño para definir el momento de aplicación de fungicidas para controlar roya y tizón común.

4- De acuerdo con los trabajos de investigación más recientes, VT-R1 se posiciona cada vez más como el estado fenológico más crítico para decidir la aplicación de fungicidas en función del umbral de daño 5 Si hay ocurrencia de enfermedades foliares existirá mayor probabilidad de que el fungicida mejore la estructura y funcionalidad del tallo (caña), al lograr mejorar el equilibrio entre la fuente (manteniendo las hojas sanas) y el destino, disminuyendo la removilización de hidratos de carbono y la probabilidad de ocurrencia e intensidad de las Pudriciones de raíz y tallo del maiz



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