Cortes quirúrgicos, una de las soluciones para ganarle al sorgo de Alepo multirresistente


“Bichos” y plantas libran una batalla en el campo por los recursos, principalmente, agua, luz y nutrientes. En el caso de las plantas, la que crece primero y de manera más explosiva generalmente se erige como ganadora de la contienda. A veces los ganadores son cultivos; otras, malezas.

Podría decirse que las dos décadas de este siglo XXI se ha dado la siguiente paradoja: la complicación de la simplificación. Es lo que se me ocurre cuando pienso en la proliferación de las malezas resistentes, un problema que están sufriendo todos los agricultores del mundo, no sólo los argentinos.

En este contexto, en enero la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid lanzó una alerta roja sumando un nuevo activo, el cletodim, a la lista de resistencia que detenta el sorgo de Alepo (SdA). Allí ya estaban apuntados el glifosato (en 2005) y el haloxifop metil (2015).

Para hablar de esta multirresistencia desarrollada por el sorgo de Alepo, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa convocó a dos especialistas como Julio Scursoni, de la Cátedra de Producción Vegetal y Protección vegetal de la FAUBA, además de actual presidente de la Asociación Argentina de Ciencia de las Malezas (ASACIM), y a Luis Lanfranconi, jefe de la AER INTA Río Primero, profesor de Protección Vegetal de la Universidad Católica en Córdoba.

Scursoni puso el foco en el surgimiento del problema. Lanfranconi de una posible solución mecánica, todo un reto en una charla de AAPRESID, donde la incursión de una máquina con discos en tiempos de barbecho se mira, a priori, con recelo.

“Hicimos un relevamiento de poblaciones resistentes a glifosato y a graminicidas en sorgo de Alepo que viene desarrollándose desde 2014, relevando una diversidad de regiones en NOA y NEA, zona núcleo y norte de Buenos Aires, con el apoyo de Syngenta y recursos de la FAUBA”, relató Scursoni.

En seis años se detectaron 220 poblaciones resistentes. Entre los aspectos más relevantes, se destaca que el 60% de las poblaciones evidencian rasgos de resistencia a glifosato, mientras que a los graminicidas es mucho más baja, y dentro de ellos, el 15% es a haloxifop metil. En tanto que a cletodim no supera el 5%. “Hablo a propósito de rasgos de resistencia porque en realidad este es un relevamiento, un screening que prueba los distintos productos a dosis comerciales de modo que, cuando sobreviven una determinada cantidad de individuos se determina una susceptibilidad a la resistencia”, explicó Scursoni.

La investigación después se concentró en la identificación de los mecanismos de resistencia, particularmente en los graminicidas. “Nosotros hemos enviado materiales para que se analicen en el exterior y de una población en particular, que es la que constituye el puntapié para la alerta roja es que se identificaron dos mutaciones de las cuales una ya había sido identificada en Argentina pero la otra no”, advirtió Scursoni.

Solución mecánica

“Es difícil plantear esto después de tantos años de siembra directa, más aún en una charla de Aapresid, puede mirarse raro el hecho de sugerir mecanizar el control de una maleza, pero es algo que vemos con buenos resultados, y tiene su explicación científica”, advirtió Lanfranconi.

“La pérdida de una herramienta (el último caso el cletodim) para el control de sorgo de Alepo dificulta mucho su manejo ya que quedan pocos herbicidas postemergentes selectivos en soja para controlar esta gramínea”, apuntaron desde la REM. “Como preemergentes existen algunas opciones, pero al ser una maleza perenne se mantiene gracias a los rizomas que actúan como órgano de reserva, por lo que este grupo de herbicidas no resultan tan efectivos cuando se busca controlar el sorgo de rizoma”, agregaron.

En este contexto, Lanfranconi, ofreció su explicación científica de por qué es efectivo usar un control mecánico. “Por un lado tenemos el dato del trabajo de Agustín Mitidieri (durante su trabajo en INTA San Pedro), que demostró que cuando se trabaja con graminicidas las únicas posibilidades para controlar sorgo de Alepo son tener rizomas cortos, porque cuanto más largos los rizomas más rebrotes tenés, y una altura de planta de alrededor de 35 y 40 centímetros”, contó Lanfranconi.

El “malezólogo” también citó el trabajo que hizo Emilio Satorre, de la FAUBA, sobre las unidades térmicas que necesita acumular el SdA antes de hacerse las aplicaciones. “Esto tiene ver con que todos los rebrotes del sorgo provienen de la energía que tiene acumulada en sus rizomas, y cuando la planta alcanza cierta cantidad de horas térmicas y una altura de entre 35 y 40 cm, empieza el proceso de acumulación de reservas de nuevo y empieza a formar nuevos rizomas”, explicó Lanfranconi.

Luis Lanfranconi, jefe de la AER INTA Río Primero, profesor de Protección Vegetal de la Universidad Católica en Córdoba.

Tomando estos dos parámetros como base, lo que hicieron durante varios años con productores en el norte de Córdoba fue trozar los rizomas del sorgo de Alepo en dos momentos, otoño y primavera. Vale recordar que de las 5,2 millones de hectáreas contabilizadas con sorgo de Alepo por la REM en 2017, 2,7 millones estaban en Córdoba. Sobre el trabajo mecánico, así lo explicó Lanfranconi: “Se hace con una máquina con discos planos que lo único que hacen es cortar, no se invierte el pan de tierra”.

“Esto tiene que ver con que si yo tengo una corona con un montón de yemas dormidas y tengo rizomas que tienen las yemas más cercanas a la corona activas, es imposible llegar con un herbicida sistémico desde la hoja que lo absorbe hasta las yemas, porque las yemas no están activas”, explicó. Y agregó: “Las yemas no están activas porque es un mecanismo de supervivencia que tiene la planta que es perenne, se prepara para que si pierde una parte aérea emite su brote nuevo a través las yemas que tienen estos rizomas”.

Lo que se hace con los cortes es desvincular a los rizomas de la planta madre, se trozan lo más chicos posibles y se le exige rebrotar la próxima primavera, entonces habrá una mayor cantidad de rebrotes y ahí sí se podrá usar un producto sistémico con mayor efectividad y posteriormente otro producto sistémico sobre el cultivo en la rotación para disminuir los rebrotes.

Por ende, y teniendo en cuenta estas fechas de corte (otoño y primavera) y la aplicación posterior, aquel productor que quiera adoptar este tipo de control deberá saber que el cultivo que quiera incorporar en la rotación deberá sembrarse recién en noviembre.

Lanfranconi, además, cita un error en el que se incurre que hace que el SdA prolifere año tras año. “Si tenés matas aisladas en tu campo no te va a generar importantes pérdidas esa campaña, por eso, los productores optan por trabajar con un herbicida selectivo que controla el sorgo de Alepo y le baja la competencia que le hace al cultivo y zafa, pero no soluciona el problema porque la maleza sigue creciendo”, advirtió Lanfranconi.

El trabajo mecánico se hace con una máquina con discos planos que lo único que hacen es cortar, no se invierte el pan de tierra.

El trabajo mecánico se hace con una máquina con discos planos que lo único que hacen es cortar, no se invierte el pan de tierra.

Visos de solución

A esta altura, agrónomos, técnicos y asesores, al igual que los productores, tienen claro los errores cometidos. Por lo tanto, no vale la pena ahondar en ellos. Si, sin embargo, resulta conveniente reforzar qué cosas se han empezado a hacer bien.

Ambos coinciden en que el surgimiento de los cultivos de servicio es de gran ayuda para reducir la cantidad de herbicidas, y, por ende, el posible surgimiento de resistencias. “Los últimos años se ha expandido la mirada, no tiene que ver solamente con los herbicidas, ahí surgieron algunas cosas como la rotación de cultivos, la rotación de sitios de acción de los herbicidas utilizados y los cultivos de servicio o de cobertura”, enumeró Scursoni.

Sin embargo, el presidente de ASACIM observó que, “los que están en el campo tiene presente lo que es bueno, sin embargo, la toma de decisiones es más compleja y depende de otras cosas también, que hace que en muchas zonas no se haya podido corregir el problema del monocultivo de soja que trae como consecuencia un recorte en la posibilidad de rotar sitios de acción”.

Para Lanfranconi, los cultivos de servicio han abierto una nueva era, una nueva revolución. “Juegan un rol primordial porque tienen muchos beneficios de mediano y largo plazo como la fijación de carbono, el aumento de materia orgánica, la porosidad del suelo, el reciclado de nutrientes móviles y la bioremediación, pero también, en el corto plazo, lo primero que ve el productor es que no se le vuelan los rastrojos y que puede combatir mejor las malezas”, dijo el “malezólogo” cordobés. Y ese es el gran “gancho”.

“Ahora bien, esto es ciencia, y hay que saber que solucionamos una cosa y ocurren otras, por ejemplo, que estos puentes verdes, son utilizados por enfermedades y plagas que pasan de una temporada a otra guarecidos allí, de eso habrá que ocuparse luego también”, apuntó Lanfranconi.



Fuente