Cinco elementos que podés "entrenar" para aumentar el bienestar


Cuando se habla de cómo mantenerse saludable, se apunta a la incorporación o la adhesión a un puñado de buenos hábitos que incluyen alimentación sana, práctica de ejercicio físico, dormir bien y controlar el estrés, principalmente.

Pero si hablamos de alcanzar y mantener el bienestar, más allá de la promoción de hábitos saludables ¿qué más necesitamos?, se pregunta la neurocientífica Teresa Torralva en el su libro Upgrade Cerebral (Editorial Ateneo).

“Desde la psicología, Martín Seligman, investigador de la Universidad de Pensilvania y creador de la Psicología Positiva -y autor célebre de La auténtica felicidad-, hace referencia al bienestar basado en una teoría tradicional filosófica relacionada con la búsqueda del sentido, el desarrollo de las propias potencialidades y los procesos implicados en el vivir bien“, explica Torralva, que es psicóloga, doctora en Medicina, investigadora y profesora titular de neurociencias en la Universidad Favaloro.

Seligman -plantea la también presidenta y directora ejecutiva de la Fundación INECO- propone al bienestar como una combinación de cinco factores que incluyen:

  • el fomentar sentimientos positivos,
  • realizar alguna actividad que nos guste o apasione (flow),
  • mantener buenas relaciones interpersonales,
  • y contar con propósitos
  • y metas que puedan convertirse en logros.

“La forma de aumentar nuestro bienestar sería maximizando estos cinco elementos en su totalidad”, dice Torralva, quien lidera el Departamento de Neuropsicología de INECO y es investigadora del Laboratorio de Neuropsicología del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (que depende de CONICET, Fundación INECO y Universidad Favaloro).

A continuación, uno a uno los cinco elementos que podemos entrenar para construir un mayor bienestar.


La generación de emociones positivas se puede entrenar. Foto Shutterstock.

1. Emociones positivas

El primero de los cinco elementos para construir un mayor bienestar es a través de la generación de emociones positivas tales como la alegría, la gratitud, el optimismo, la esperanza y la serenidad, precisa Torralva en su último libro.

“Aunque uno muchas veces piense que algunas personas son más positivas que otras y que vienen formateadas así, hoy sabemos que estas emociones se trabajan, se entrenan y se practican“, afirma.

Su desarrollo influye notablemente sobre la manera en que pensamos y, por lo tanto, en lo que hacemos. Por eso, cuando desarrollamos pensamientos positivos generamos emociones positivas que impactan sobre nuestro actuar cotidiano y, por ende, sobre nuestro bienestar general, destaca.

Y eso está respaldado por la evidencia científica. Diferentes estudios han demostrado que el optimismo y la capacidad de mantener la esperanza son factores protectores para la salud.

“Las personas optimistas, en general, tienen más iniciativas, son capaces de planificarlas, llevarlas adelante y además persisten en ellas, en comparación con las no optimistas”, comenta la neurocientífica.

En ese sentido, destaca, una de las ventajas de la persona optimista reside en la capacidad para afrontar los problemas o situaciones de estrés con confianza y con una mayor sensación de control sobre el propio destino, o al menos para bajar los niveles de ansiedad ante la incertidumbre.

Como todo, el optimismo también se entrena. ¿Cómo? “Entendiendo que implica un estilo atributivo; esencialmente una forma en que les damos significados a los eventos diarios.”

Richard Davidson, doctor en Neuropsicología e investigador en neurociencia afectiva de la Universidad de Winsconsin-Madison, demostró que el optimismo se puede fomentar y mejorar a través de ciertos tipos de entrenamiento, escribe Torralva.

“Él propuso una herramienta para entrenar este estilo llamado ‘mi mejor posible yo’ (best possible self): una técnica de pensamiento futuro que ha demostrado efectos eficientes en el bienestar general de las personas.

“Este ejercicio requiere que la persona se visualice y escriba sobre un futuro en el que ha conseguido todos sus objetivos. La técnica ha demostrado su eficacia en la mejora del bienestar y en potenciar emociones futuras positivas”, explica.

Además -suma-, existen otros tipos de entrenamiento para lograr que el cerebro sea más optimista, como registrar (mental o físicamente) los eventos positivos del día, sin importar cuán pequeños sean porque actúan como potenciadores de un pensamiento positivo.

Por ejemplo: sin una tarea bien realizada en el trabajo redujo el estrés de un compañero, podemos anotarlo (en un diario de papel, agenda virtual o en nuestra mente); o tomar una foto al pasar por un jardín particularmente lindo; o registrar si tuvimos una conversación productiva.

“Al hacer esto, nos entrenamos en concentrarnos en los aspectos positivos que nos rodean”, asegura la investigadora.

El optimismo bien entendido es realista. Foto Shutterstock.
El optimismo bien entendido es realista. Foto Shutterstock.

“La esperanza es otra de las emociones positivas que se vinculan con un aumento del bienestar general, de la salud mental, física y social y con un estado motivacional positivo. Favorece que la persona persista en la búsqueda del objetivo a pesar de la baja probabilidad de éxito. No en vano el dicho popular ‘la esperanza es lo último que se pierde’“, señala.

Su efecto positivo está demostrado en estudios que asocian altos valores de esperanza con un aumento en las conductas de prevención de la salud y a una mejor adherencia a los tratamientos en caso de enfermedad.

Asimismo, las personas con mayores niveles de esperanza tienen menos niveles de ansiedad, tristeza, frustración.

Existe cierta evidencia de que los niveles de esperanza se pueden mejorar con programas de intervención efectivos, afirma la neurocientífica.

Y cita a Brené Brow, una profesora e investigadora de la Universidad de Houston (Estados Unidos) quien junto a otros investigadores, considera que existen diferentes maneras de fomentar nuestra esperanza, pero de base se necesitan tres factores:

. Establecer objetivos realistas sobre algo alcanzable.

. Abordar nuestras metas de una manera práctica, es decir, pensar formas concretas de alcanzar esos objetivos.

. Creer en nosotros mismos. Sin esto, nada funciona.

Otra emoción clave para favorecer el bienestar es la llamada gratitud. La “psicología positiva” cuenta con una gran cantidad de investigaciones clínicas que sugieren que la práctica de expresar gratitud, es decir, ser agradecido, tiene efectos duraderos y extraordinarios en la vida de una persona, resalta Torralva.

“Permite desarrollar una mayor capacidad para apreciar la propia vida, experimentar mayor bienestar y emociones positivas como el optimismo, la generosidad y la disposición a ayudar a otros”, dice.

Además, quienes expresan gratitud logran un mejor descanso (dormir mejor), tienen más ganas de realizar ejercicio físico y presentan menos síntomas de enfermedades, apunta.

Y comparte algunas prácticas diarias para fomentarla que pueden servir: .

. Pausa y control de la respiración. Tomarse unos momentos en donde estemos y en lo que estemos haciendo para hacer una pausa y respirar profundamente. Esto permitirá que la mente se calme, se recupere, nos sentiremos más relajados y conectados con nosotros mismos.

. Lista de agradecimiento. Después de habernos relajado y conectado con nosotros mismos, haremos una lista de todas aquellas personas que nos apoyaron cuando más lo necesitamos en situaciones pasadas o recientes. Mientras escribimos, trataremos de ser conscientes de los sentimientos.

. Contemplación de acción de gracias. Una vez terminada la lista, leerla en silencio durante unos minutos. Solo con contemplar lo escrito nos sentiremos más agradecidos por el tiempo presente. Cuando meditamos centrados en el agradecimiento, nuestra fortaleza interior empieza a acentuarse y comenzamos a sentirnos más seguros de nosotros mismos.

Se puede entrar en estado de flow al practicar una actividad que nos apasiona. Foto Shutterstock.
Se puede entrar en estado de flow al practicar una actividad que nos apasiona. Foto Shutterstock.

2. Estado de flow

El segundo componente del bienestar es el estado de flow, un concepto desarrollado por el psicólogo húngaro Mihály Csíkszentmihályi.

“Este es definido como el estado psicológico óptimo de motivación intrínseca, que experimenta cualquier persona cuando realiza una actividad que le gusta, que le apasiona (pintar, escuchar música, bailar, dibujar, escribir, conversar, practicar un deporte)”, explica la investigadora.

“Ocurre cuando estamos tan inmersos en esa actividad que parece que el tiempo vuela y disfrutamos del placer de cada segundo que pasa.”

Existen, según Csíkszentmihályi, algunos consejos generales que si los llevás adelante probablemente logres el tan preciado estado de flow.

. Hacer algo que resulte interesante.

. Definir objetivos claros y alcanzables.

. Encontrar un momento tranquilo y evitar las distracciones.

. Mantener la atención todo el tiempo que se pueda.

. El nivel de habilidad debe coincidir con la dificultad de la tarea.

. Centrarse en el proceso y no en el resultado.

Cultivar relaciones de buena calidad favorece el bienestar. Foto Shutterstock.
Cultivar relaciones de buena calidad favorece el bienestar. Foto Shutterstock.

3. Relaciones interpersonales

Otro de los componentes clave del bienestar son las relaciones con otras personas.

“Somos seres sociales por naturaleza. La posibilidad de establecer buenos vínculos interpersonales cercanos y duraderos no solo protege nuestro cuerpo sino también nuestro cerebro”, sostiene la autora.

Eso se observa en una serie de estudios científicos que muestran que fomentar relaciones positivas de amistad, de camaradería, de solidaridad protege a nuestro cuerpo de la enfermedad, el estrés y la soledad, y contribuye fuertemente al bienestar de las personas.

“Teniendo claridad en que la construcción del bienestar incluye una vida social rica en relaciones profundas y significativas, debemos planificar, propiciar y fomentar vínculos sociales”, estimula.

Y sugiere que preferentemente sean encuentros cara a cara, ya que “no hay mejor estímulo para un cerebro que otro cerebro”.

“Hagan este ejercicio de pensar en personas muy sociables y otras que no lo son tanto y piensen en su salud emocional y física. ¿Notan alguna correlación? En la ciencia hay certeza de que los vínculos sociales son enriquecedores por donde los mires”, subraya.

Encontrar un significado y una finalidad para la propia vida se asocia a mayor bienestar. Foto Shutterstock.
Encontrar un significado y una finalidad para la propia vida se asocia a mayor bienestar. Foto Shutterstock.

4. Propósito o sentido

¿Qué es tener un propósito en la vida?

“Hablamos de propósito de vida cuando nos referimos al sentido que una persona le puede dar a su existencia. Responde a preguntas fundamentales como por qué y para qué y está relacionado con la necesidad del ser humano de encontrar un significado y una finalidad para su propia vida”, responde Torralva.

Y plantea que se refiere además al tener objetivos y propósitos que le dan sentido a la vida más allá de las dificultades.

“Por mucho que pensemos estar disfrutando de no hacer nada, abandonar nuestro trabajo y tirarnos en la playa contemplando la nada misma, la investigación demuestra que una actividad (cualquiera sea el tipo) es fundamental para darnos un sentido de propósito”, enfatiza.

No obstante, el propósito tiene que ver con objetivos que muchas veces trascienden el trabajo en sí mismo, se aproxima más bien a darle un sentido más amplio a nuestra vida, dice.

Y precisa que existen al menos tres niveles de sentido: el individual, el social y el trascendente. “Cada uno de ellos se correlaciona con distintos niveles de felicidad y -por supuesto- con cada etapa de la vida.”

Las personas más felices son las que logran encontrar un sentido a la vida más allá de ellas mismas, muestran diversos estudios.

El llamado altruismo entraría en esa categoría, apunta en ese sentido la neurocientífica. Realizar acciones solidarias, trabajar en voluntariados, hacer donaciones, entre otras acciones, pueden ser formas posibles de encontrar un propósito a la vida.

El beneficio no es solo para los destinatarios de esas conductas altruistas, ya que promueven la salud física y mental de quien las ejerce.

Para desarrollar una vida con propósito probablemente haya muchos y variados caminos, según qué motive a cada uno.

“Para algunos, abrirse camino en el ámbito profesional puede sentirse como un gran propósito, pero para otros se puede obtener un mayor sentido al construir relaciones significativas, tal vez formar una familia o incluso simplemente establecer la intención de disfrutar cada día como viene”, ejemplifica Torralva.

“Independientemente de cómo elijamos definirlo, tener un propósito le da forma a nuestras vidas y nos mantiene activos.”

Orientarse a logros, sean cuales sean, ayuda a entrenar el bienestar. Foto Shutterstock.
Orientarse a logros, sean cuales sean, ayuda a entrenar el bienestar. Foto Shutterstock.

5. Logros

La orientación al logro es la capacidad que tienen o desarrollan algunas personas para lograr resultados de manera más eficiente, explica la psicóloga.

“Claro que es una de las competencias más valoradas en el mercado laboral actual, pero más allá de eso, se relaciona directamente con la sensación de bienestar”, afirma.

Además del desarrollo de las emociones positivas, del estado de flow, de la generación y mantenimiento de vínculos sociales significativos y el tener una vida con propósito y sentido, el bienestar se encuentra también en la acción concreta y en la capacidad de alcanzar objetivos.

“Por supuesto, estos objetivos deben estar a la altura de de las capacidades o habilidades de cada uno. Lo contrario ocurre frente a metas inalcanzables donde la frustración, la ansiedad y la angustia podrían aflorar”, advierte.

Los tres componentes de la orientación al logro son:

. Planear. Es la capacidad de establecer con anterioridad los objetivos que se pretenden alcanzar, visualizando el camino que debemos recorrer, contemplando las dificultades a sortear para recién entonces comenzar el camino que nos llevará a la meta.

. Ejecutar. Es la puesta en marcha de la decisión, realizar y convertir en realidad lo que estas el momento era solo un proyecto o un plan bien concebido.

Puede ocurrir que nos quedemos en la formulación de deseos, sueños y aspiraciones que pueden ser respetables, pero que terminemos por aplazar o nunca realizar.

. Evaluar. En todas las ocasiones es clave la revisión de resultados para contrastar lo planeado con lo alcanzado, asegurarnos de haber cumplido con lo esperado y, especialmente, generar una mirada reflexiva sobre lo aprendido.

Esto nos permitirá modificar lo necesario para futuros proyectos (laborales, vitales, familiares, etc.) Las personas con una alta orientación al logro presentan grandes niveles de autoeficacia, valoración por la autonomía y sensación de competencia, lo que se traduce en un mayor bienestar.

“Los logros traen como consecuencia un sentimiento de superación personal, un aumento de la autoestima, una mayor autoconfianza y son especialmente significativos cuando vienen acompañados de un propósito”, concluye Torralva.

***

➪ ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Entrá al Centro de Ayuda de Clarín haciendo click acá, ingresá a Mensaje a la redacción y luego a Preguntas a Buena Vida. Escribinos tu consulta y enviá. ¡Listo!

Mirá también



Fuente