Carolina Ramírez, la reina del Flow (y de Netflix), la colombiana que eligió vivir en Argentina


“¿Una telenovela sobre reggaeton? No, gracias”, respondió impulsiva hace cuatro años. Tenía sus razones: nacida en la cuna de la salsa colombiana, desde que había aprendido a mantener el equilibrio, lo suyo era la combinación perfecta entre el tributo a su idiosincrasia y el estudio en danza clásica. Algo aflojó el “no”: el protagónico ofertado ahondaba más allá de ese género chivo expiatorio de la violencia sexual. Carolina Ramírez tenía que reencarnar en una vengadora brutal. La reina del Flow. El gran Ave Fénix de la tierra en la que cayó el avión de Carlos Gardel

La actriz detrás del fenómeno de Caracol TV que saltó a Netflix vive silenciosa en la Ciudad de Buenos Aires desde hace casi un año. Casada con el productor argentino Mariano Bacaleinik, antes del flechazo apenas la conectaban con la Reina del Plata la telenovela juvenil de la que era fan, Verano del ’98, y Carlos Salvador Bilardo.

Hija de un ex futbolista de Deportivo Cali que se retiró tempranísimo, no llegó a ver jugar a Don Hernando Ramírez, pero creció escuchando anécdotas sobre el DT argentino rey de la cábala, la táctica, la obsesión y y la picardía. “El doctor” dirigía a su padre en el club verdiblanco, antes de que el hombre decidiera cortar con el deporte y dedicarse a la ingeniería.

Para buena porción de Sudamérica, hoy Carolina es Yeimy Montoya, una muchachita a la que le asesinan a sus padres y a la que privan de la libertad por 17 años. Desde la cárcel, donde compone y canta, construirá la coraza más atroz para volver muros afuera con nueva identidad, a desquitarse con cada verdugo. 

Como un Conde de Montecristo reversionado, entre perreo, trap y narcos, La reina del Flow se perfila un producto que escala el algoritmo. Telenovela de largo aliento ( 171 episodios de 45 minutos cada uno), el espectador que entra en ese juego alquímico del reggaeton en formato telenovelesco, difícilmente abandona: la trama agarra del cuello, como un snack liviano y adictivo.

Carolina Ramírez de pequeña

Su metalenguaje, los suburbios de Medellín en que la cámara se posa, la pintura del “berraco” (el sicario más temido) delinean una producción que podría ser más de lo mismo (El capo, Sin tetas no hay paraíso y tantas más), pero termina diferenciada por el ingrediente musical: la industria de lo urbano, las rimas como recurso de escape en barrios marginales, el sandungueo, las balas interponiéndose al negocio.

Inspirada estéticamente en Jennifer Lopez (y en la fuerza y el empoderamiento de la cantante puertorriqueña Ivy Queen) la caleña nacida en Valle del Cauca reconoce que su galán usó como musa a Maluma. “Pero no es una parodia”, advierte sobre ese personaje excéntrico -Charly Flow- interpretado por Carlos Torres, que viste y calza como el reguetonero de Medellín. “Me convenció, finalmente, el proyecto por que Yeimy muestra una gran complejidad, una doble fachada que exigía ser casi dos personajes en uno. Y ningún personaje en la historia es blanco o negro, pasan por todos los matices”.

Nacida el 20 de junio de 1984, “Caro” creció con la musicalidad del océano Pacífico y de Cali “como sucursal de la salsa”. Su primera pasión fue el baile. Estudió danzas clásicas y cuerpeó escenarios desde los 9 años. Hasta los 15, su vida fue puro movimiento. Atravesó 16 mudanzas, siempre con el ballet como motor. Cuando se aclimataba a un rincón, sus padres ya estaban haciendo las valijas para desplazarse a otro. Un día la familia se animó a una distancia mayor y emigró a la ciudad de Bogotá.

Carolina Ramírez, la protagonista de La reina del Flow

Carolina Ramírez, la protagonista de La reina del Flow

Como bailarina, a los 18 años intentó un casting para un comercial, y se abrió la puerta actoral. La eligieron para una seguidilla de publicidades y luego para un programa infantil, Jack El Despertador. El ballet quedó entonces en el recuerdo y comenzó un camino de culebrones y teatro.  

El primer gran rol por el que saltó a la popularidad fuera de Colombia la tuvo también como cantante de Playback: en 2006 protagonizó La hija del mariachi. Aunque muchos crean que los hits salen de su boca, ella admite que las cuerdas son “prestadas” por intérpretes profesionales. “Es curioso, mis dos personajes que más han dado la vuelta al mundo son mujeres vinculadas a la música. Sufro pánico escénico, por lo que nunca hubiera podido dedicarme al canto”.

En este paradigma en el que las viejas conductas machistas reproducidas en las telenovelas se intentan corregir, La reina del Flow puede parecer polémica, sobre todo en la segunda temporada. Relaciones tóxicas, victimarios que se redimen, víctimas que parecen “perdonar” lo imperdonable. En ese marco, Carolina es tajante. “No me esperaba por parte de los realizadores una historia de perdón en la segunda temporada. Ese era el gran reto, encarar desde la verosimilitud. A mí me pareció traido de los pelos perdonar al verdugo desde una mirada feminista. ¿Vamos a perdonar a los maltratadores? Pero lo interesante fue encontrar herramientas para sacrificar un poco las propias creencias personales”.

Carolina Ramírez, la actriz de "La reina del Flow" y su marido argentino, Mariano.

Carolina Ramírez, la actriz de “La reina del Flow” y su marido argentino, Mariano.

“Sé que a la serie Pablo Escobar, el patrón del mal, le fue bien acá, con Andrés Parra, pero La reina logró el éxito desde otro contexto, es una producción juvenil que a la vez abarca casi todas las edades, y trasciende la frontera desde otro lugar, no solo contando la historia del capo sino desde la historia de personas que viven en contextos difíciles y no eligen la violencia como camino, sino el arte urbano. Justo en ese momento de explosión de lo urbano aparecimos nosotros. Fue una serie oportuna”.

La habitué de Mar del Plata y admiradora de Cecilia Roth, Oscar Martínez y Ricardo Darín, no puede creer que la historia que se alzó con un Premio Emmy Internacional como mejor telenovela (fue además emitida por Telemundo Internacional, adaptada en México como La reina soy yo, y traducida como The Queen of Flow en países anglosajones) sea el programa de televisión no inglés número 1 de Netflix.

La reina del Flow, con Carolina Ramírez en el rol de Yeimy,

La reina del Flow, con Carolina Ramírez en el rol de Yeimy,

¿La reina del Flow 3? Aunque descabellado a nivel guión, el rumor de estirar el boom y las siete vidas de la protagonista a efectos comerciales, sobrevuela con fuerza. “No sé si yo estoy dispuesta a dedicar la energía que demanda una producción así, muchas cosas deberían cambiar. Pero uno no puede escupir pa’ arriba”.

La colombiana no solo forma parte del catálogo de Netflix. Su apellido está presente también en Amazon, en la serie De brutas, nada. Y su “fábrica” no se detiene. Recibida recientemente en Arte Dramático en la Universidad de Antioquia, está a punto de debutar en el cine argentino: se unió el rodaje de Unicornio, una película de Natural Arpajou, junto a Nancy Dupláa. Entretanto, se ocupa de Casanovas, la productora que tiene junto a su marido, a cargo de piezas teatrales en Colombia como Toc Toc y Burundanga.

Ramírez junto a sus perros, en su casa argentina.

Ramírez junto a sus perros, en su casa argentina.

-¿Por qué ahora Buenos Aires, 11 años después de la unión oficial con un argentino?

-Sabíamos que que íbamos a vivir esta experiencia, pero durante años viví un ritmo vertiginoso de trabajo allá. En marzo de este año finalmente nos mudamos. Buenos Aires es una ciudad concebida para el ciudadano. En 14 años de relación con Mariano, he visto progresar la ciudad. Eso no pasa mucho en otras ciudades de Latinoamérica. Lo que menos me gusta es que hay mucha mierda de perro por ahí. Me parece terrible que la gente no levante la caca. Ya adopté el asado, el mate me gusta, no me cae bien, tengo el estómago sensible, pero me parece chévere lo que pasa alrededor de él con la familia. Y ya tengo metido en mí el montoncito. Aquí hay familia, no siento que no pertenezco aquí. No me siento una extraña.



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