Atilio Talín, el hombre que conoció al Piazzolla más profundo: “Era más tanguero que ninguno”


Este hombre vive Piazzolla. Este hombre respira Piazzolla. Lo inhala con sus pulmones, lo exhala por cada uno de sus poros. Este tipo, alto, muy delgado, de barba y cabellos blanqueados por el tiempo, que canta 80, habita cada día en Astor Piazzolla.

Ya no solamente porque durante 33 años fue su amigo, apoderado y mánager. Sino además porque Atilio Talín, junto a su hermosa mujer Inés, vive en el departamento que el autor de Adiós Nonino tenía aquí, en la Avenida Libertador esquina Olleros, casi frente al Rosedal. “Cuando Astor se radicó en Punta del Este me lo dejó a mí”, dice.

Y mientras habla, con una verborragia irrefrenable que muchas veces lo lleva a irse por las ramas, a su alrededor las paredes de la habitación ofrecen testimonio concreto de cada uno de aquellos momentos compartidos con El Gato, de cada una de sus palabras. Hay docenas de fotos colgadas, tapas de discos, premios, diplomas. Hay una copia del libro que acaba de publicar, Mi vida junto a los grandes del tango. Hay recuerdos…

Un pedazo de historia. Talín vive en el departamento que había sido de Piazzolla hasta el momento en que el bandoneonista se mudó a Punta del Este. /Foto Juan Manuel Foglia

– Mi historia con Astor arranca desde mucho antes de conocernos él y yo. Tiene que ver con Aníbal Troilo. Mi papá, que se llamaba Jaime José, nació en 1914, igual que Troilo. Se llevaban tres meses de diferencia y vivían justo a tres casas de por medio. Mi abuela trabajaba de modista, y como era su primer hijo se lo dejaba a doña Felisa, o sea la mamá del Gordo Pichuco. Con lo cual, ellos dos aprendieron a gatear, a caminar juntos. Mi viejo recién me llevó a conocerlo al Gordo a los cuatro años. Llegamos a su casa, un día, como a las cinco de la tarde, y el Gordo salía del baño limpito, con esa bata de seda a lunares, peinadito. Y le dice: “Acá tenés a Atilio”. Troilo, que era un amor, generoso, fino, suave, tierno, me agarra de las manos y le dice a mi viejo: “Qué lindo pibe”. Y bueno, Pichuco me tomó como de su familia.

– ¿Y qué pasó después?

Pichuco era mi aval y me llevaba con su barra, ahí en Corrientes y Paraná. Estaban Contursi, Cadícamo, Alfredo Gobbi, Cátulo Castillo. ¡Esa era la barra! Me llevaban a Marabú a los 17 años. Y Pichuco me decía: “Vamos a ver a Juan (D’Arienzo), acá al Chantecler”. Después íbamos a la radio, y yo siempre pegado al Gordo. Y un día aparece Astor, que era un pibe como yo. Viene de Mar del Plata en moto, con el papá. Y (el violinista) Huguito Baralis, un día que falta el segundo bandoneón le dice a Troilo: “¿Por qué no lo prueba a este muchacho?”  Cuando el Gordo lo oye tocar se quiere morir. “Pero los arreglos no los juna”, dice. “Me los sé todos de memoria”, le contesta Astor.

Piazzolla y Talín, en uno de los tantos momentos compartidos con Astor Piazzolla más allá del trabajo. /Foto Juan Manuel Foglia

Piazzolla y Talín, en uno de los tantos momentos compartidos con Astor Piazzolla más allá del trabajo. /Foto Juan Manuel Foglia

– Atilio, ¿y cómo era Piazzolla?

– Era de carácter bravo. Pero al mismo tiempo alguien muy puro. Él y yo nos decíamos “Tanuca”, porque los dos veníamos de familias italianas. Yo le filtraba las cosas, porque era una época donde no era todo lindo. Pensaba: “Que él componga y que me tire a mí todos los problemas”. Él no era ningún tonto, pero cuando hicimos el pacto que él se encargaba de la música y yo de lo comercial, le saqué un problema terrible de las manos, porque odiaba los números.

– Llega el momento entonces en que él te propone ser su apoderado.

– En la década del 60, el Jamaica, en San Martín y Paraguay, era un cabarute chico pero muy concurrido. Iban Baby López Furst, el Gato y Rubén Barbieri, el Mono Villegas, Salgán con Ciriaco Ortiz. Y Astor con el primer Quinteto. Y me iba a verlo. En ese momento, yo me dedicaba a vender autos importados, y me iba al boliche con alguno de esos autos que vendía. Lo paraba en la puerta, salían todos y lo miraban. Una noche yo estaba en la barra y veo que Astor baja último del pequeño escenario. Viene y me dice: “Lindo el Alfa (Romeo), ¿verdad?” Esa noche de madrugada nos fuimos a pasear por toda la ciudad. Al día siguiente lo llevé al autódromo. Y así empieza nuestra relación.

Cuando lo conoció a Piazzolla, Talín se dedicaba a vender autos importados, y esa actividad fue el punto de conexión entre ambos. /Foto Juan Manuel Foglia

Cuando lo conoció a Piazzolla, Talín se dedicaba a vender autos importados, y esa actividad fue el punto de conexión entre ambos. /Foto Juan Manuel Foglia

– Pero hay un momento donde se oficializa lo laboral entre ustedes, supongo.

-Sí, claro. Él se va a los Estados Unidos con Lalo Schiffrin, pero no le va bien. Van a dar el examen para entrar a la Sociedad de Autores y Compositores de allá. A Lalo le fue de maravillas, pero a Astor, ¡lo rebotan! ¿Podés creer? Antes de irse me dice: “¿Te puedo pedir un favor? Mirá vos sabés que yo tengo poquita cosa pero, ¿vos tenés inconvenientes en ser mi apoderado?”. Yo tengo carrera universitaria, pero no soy doctor, no soy abogado…

– ¿Astor no tenía manager hasta entonces?

– Tenía dos representantes. Muy buenos, pero eran más que nada vendedores de shows. Muy buena gente. Pero bueno, yo me quedé duro y le sugiero a Natalio Etchegaray, que era Escribano General de Gobierno en ese momento, y era de nuestro grupo. Un caballero. Y también al doctor Víctor Sasson, que fue el que condenó a Robledo Puch, presidente de la Asociación Gardeliana. Me dice: “Yo no te pregunté quien puede ser, te digo a vos si querés y podés”. Me pide la cédula y me hace un poder…

Uno de los tantos "tesoros" que Talín guarda en su hogar como testimonio de su relación con Astor. /Foto Juan Manuel Foglia

Uno de los tantos “tesoros” que Talín guarda en su hogar como testimonio de su relación con Astor. /Foto Juan Manuel Foglia

– ¿Se te complicaba vender los shows de Astor, por las declaraciones que solía hacer? ¿O era por el tipo de música que él hacía?

– Los compradores me pedían que hiciera mitad tango tradicional y mitad Piazzolla, pero él no quería saber nada con eso; sólo quería tocar su música. Y pasábamos entonces la mishiadura. Astor era tanto lo que creía en él, que fijate los títulos de sus primeras obras: Prepárense, Lo que vendrá, Tres Minutos con la realidad, Triunfal. Como diciendo: “Esto es lo que se viene”. Él era más tanguero que ninguno, pero de buen tango; de De Caro por ejemplo.

– Pero la mayoría de los tangueros lo odiaban.

– Un día, saliendo de SADAIC, cuando tenía el famoso octeto con Malvicino, Atilio Stamponi, Bragato y Leopoldo Federico, dijeron que directamente él venía a destruir el tango. Porque no era bailable. Salimos de ahí, pedimos un taxi, el chofer baja la ventanilla y le dice: “Piazzolla, usted mata al tango”. Y se va sin nosotros. Astor estaba acostumbrado a esas cosas. Unos años después, la misma escena en París; el chofer escuchando su radio y sonaba Prepárense. Astor me hace una seña para que no dijera nada. El chofer pregunta si apagaba o bajaba el volumen y yo, en un mal francés, le digo que no, que lo subiera. Le digo: “Este señor es quien lo está ejecutado y el que lo compuso”. El chofer para el auto, pide permiso, se baja, lo abraza, le dice que es el día más esperado de su vida. Mirá la diferencia.

"Lo único que tenía en la cabeza era música", asegura Talín cuando se le pregunta por "otros" intereses del bandoneonista. /Foto Juan Manuel Foglia

“Lo único que tenía en la cabeza era música”, asegura Talín cuando se le pregunta por “otros” intereses del bandoneonista. /Foto Juan Manuel Foglia

– Siempre se habla de Nonino, el papá de Piazzolla, pero no se conoce tanto de su mamá. ¿Cómo era ella? Supongo la conociste.

– Sí, por supuesto. Quiero hacerle un agradecimiento a Nonina, la mamá de Astor. Esta es la foto original que la Paramount le da a la madre de Piazzolla del film El día que me quieras (saca un cuadro con el original de la célebre foto, enmarcada). Ella me dijo: “Atilio, tomá tenela vos. Este es mi regalo por la amistad, por lo que se quieren con Astor”. Cuando íbamos a Mar del Plata,a yo era un hijo más para Nonina. Ella habrá ido cuatro veces a verlo en vivo, en toda su carrera. Un día la llevo al teatro y él hace Adiós Nonino con el octeto, con Trelles, muy jazz, que no era la versión tradicional. Ella después le dice “Astoril (así lo llamaba), ¿no creés que Nonino no lo hubiera entendido esto?”

"Atilio, tomá tenela vos", cuenta el "manager" que le dijo Nonina cuando le regaló el original enmarcado de la foto que registra a Astor junto a Gardel en la clásica escena de "El día que me quieras". /Foto Juan Manuel Foglia

“Atilio, tomá tenela vos”, cuenta el “manager” que le dijo Nonina cuando le regaló el original enmarcado de la foto que registra a Astor junto a Gardel en la clásica escena de “El día que me quieras”. /Foto Juan Manuel Foglia

-¿Y Astor que hizo?

– Astor me mira desencajado y me dice: “Atilio, mañana ensayo a las 17”. Lo paso a buscar al otro día y lo volvió a arreglar como era antes. Él, con la mamá era muy tierno. Cuando yo le compré a Astor con su guita el Mercedes nos fuimos a Mar del Plata, sólo porque quería mostrarle el auto a la madre. Después la llevó a pasear.

– Qué raro no le haya compuesto algún tema a Nonina

– No. Él le devuelve música a Nonino, pero a la mamá le devuelve amor.

– ¿Cómo era Piazzolla con sus bandoneones?.

– Tenía cinco o seis; para los viajes eran dos. Yo nunca me animé a tocarlos. Zita le regaló un bandoneón de Troilo, cuando el Gordo se murió. Astor tocaba muy fuerte, lo aporreaba al bandoneón. Troilo, en cambio, era suave. Le pregunté por qué no usaba el fueye del Gordo, y me dice: “Este bandoneón del Gordo es un Mercedes, pero está achanchado, necesita que le den la biaba!” Lo usó muy pocas veces.

La partitura de "Verano porteño" es otro de los testimonios de Astor que habitan el departamento de Talín, en Avenida del Libertador, ahí nomás de Olleros. /Foto Juan Manuel Foglia

La partitura de “Verano porteño” es otro de los testimonios de Astor que habitan el departamento de Talín, en Avenida del Libertador, ahí nomás de Olleros. /Foto Juan Manuel Foglia

– Además de la música y de pescar tiburones, ¿qué otras cosas le gustaba hacer a Piazzolla?

– Astor lo único que tenía en la cabeza era música. No le podías hablar, por ejemplo, de futbol.

– ¿Pero se interesaba por la política?

– Menos que menos. Aparte de no gustarle, no entendía. Lo único: era anti peronista a muerte. Quizás porque en su época la mayoría de los tangueros eran peronistas. Mores, Homero Manzi, Cátulo Castillo, Contursi; todos del palo. Pero Astor no.

– Piazzolla no llenaba teatros, acá en Buenos Aires, hasta su última etapa digamos.

– El Gran Rex lo llenamos porque vinieron todos los rockeros. Él debuta en un teatro grande de la calle Corrientes con el Octeto Electrónico. Y luego, el del Opera fue su último concierto en Buenos Aires. Ya al final producíamos nosotros, porque Astor quería el mejor sonido. Era uno de los que mejor le pagaba a sus músicos. Le pagaba 500 dólares a cada uno por shows, y así también les exigía. Decía: “A mí que no me vengan con cosas raras, que tienen que pagar la cuota del colegio de los nenes o las expensas; yo pago bien y exijo”.

En su libro "Mi vida junto a los grandes del tango", Talín recopilo sus vivencias compartidas con figuras del género como Horacio Salgán, Osvaldo Pugliese y, por supuesto, el gran Astor Piazzolla. /Foto Juan Manuel Foglia

En su libro “Mi vida junto a los grandes del tango”, Talín recopilo sus vivencias compartidas con figuras del género como Horacio Salgán, Osvaldo Pugliese y, por supuesto, el gran Astor Piazzolla. /Foto Juan Manuel Foglia

– Luego de Buenos Aires, ¿dónde más le gustaba estar a Piazzolla?

– Astor quería jugar siempre de local, acá, en su Buenos Aires. Y después de esta ciudad fue muy feliz en Roma. Italia era su segunda patria. Lo malo era que nos volvíamos con diez kilos de más, porque allá se morfaba bárbaro. Y a Piazzolla le gustaba morfar bien.

E.S.



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