A 35 años de México 86: la historia de la Azteca, la pelota con la que Maradona hizo el mejor gol de todos los tiempos


No caben dudas. Para los argentinos la Azteca de México 86 es (y será) la pelota más linda de todos los tiempos. ¡Si fue la que mejor se entendió con Diego! Además, esa pelota es el eslabón perdido entre las pelotas de cuero pesadas, esas que hacían doler la cabeza y están en la vereda de enfrente de de la Jabulani (la del Mundial de Sudáfrica 2010), aquella que entendió a la perfección el uruguayo Diego Forlán (que fue elegido mejor jugador de ese Mundial), aunque viboreaba como una pelota de voley. Vale decir, sus sucesoras, la Brazuca de Brasil 2014 y la Telstar 18 de Rusia, fueron bastante parecidas.

Pero, hagamos u n poco de arqueología. Recordemos, aquellas pelotas de tiento de los inicios que parecían de otro deporte. ¿Cómo era la pelota de la final del Mundial de 1930? Y para eso vale repasar a una anécdota. Es que, aquella final no se jugó con una pelota, sino con dos.

La Azteca fue la primera pelota de sintético.

Detalle curioso: al no haber una pelota oficial para el encuentro definitorio de los Reyes del Río de la Plata, Uruguay y Argentina, decidieron utilizar una pelota en cada tiempo. ¿En qué se diferenciaban? La pelota de “los celestes” se llamaba T-Model y, justamente, con gajos en T, además de haber sido producida con cuero uruguayo. ¿La argentina? Estaba hecha con cuero nacional y contaba con 12 paneles rectangulares. Eso sí, las dos contaban con la famosa “vejiga” que cruzaba la pelota y mostraba una cicatriz por donde había ingresado la cámara.

Para cerrar la anécdota, la paradoja fue que, en la primera mitad cuando se utilizó la Argentina, el equipo albiceleste se fue al vestuario ganando 2-1. Y en las segunda estapa, ya con el balón charrúa, se impuso Uruguay 4-2. De todos modos, corresponde aclarar: sucedieron muchas cosas en aquel entretiempo más allá de la pelota. Cuentan que hubo amenazas y hostilidades contra el vestuario Argentino. Lo contó Francisco Varallo, el último de aquel plantel en partir al más allá.

Volviendo a la Azteca, beneficiaria de tantas destrezas y de tantas polémicas, llevaba su nombre a modo de tributo a los nativos mexicanos, según cuenta la empresa que la produjo, Adidas. Los dibujos de sus cascos son un claro homenaje a la arquitectura de los pueblos originarios. Además, lleva el nombre del estadio más importante del país.

Según muy bien cuenta el diario El Litoral fue la primera pelota de microfibra sintética, que de tal modo logró adquirir una mejor absorción al agua. Lo que vendría después con ese valor en juego ya forma parte de los mitos y leyendas de toda la historia del fútbol.

La obra maestra: el mejor gol de la historia de los Mundiales y, en los pies de Diego, la Azteca. 
Foto: Reuters

La obra maestra: el mejor gol de la historia de los Mundiales y, en los pies de Diego, la Azteca.
Foto: Reuters

Tantas adhesiones encontró que las pelotas de los Mundiales siguientes mucho se le parecieron: La Etrusco Único (en Italia 90) que cuyo nombre resultaba un homenaje a un pueblo de la antigüedad en Italia. En cualquier caso la industria del fútbol ya comenzaba a interpretar una necesidad para que hubiera más goles: que la pelota fuera más liviana y tuviera mayor velocidad. Cuatro años después en Estados Unidos apareció la Questra, un nombre que proviene de una antigua palabra que significa la búsqueda de las estrellas. Por eso, claro, tenía pretendidas constelaciones incorporadas en la pelota. Paradoja o no tanto, considerando las particularidades de la FIFA y de la sede: dejaron afuera a la mejor de las estrellas, Diego Maradona. Le cortaron las piernas.

Vale la aclaración: si algún día intenta comprar la pelota de México 86 en alguna tienda de la Argentina deberá preguntar por la Jalisco; así la llamaron en nuestro país por un tema de derechos. Y vale la pena. Es que, para nosotros, quizá la pelota más bonita de la historia de las Copas del Mundo. Incluso por encima de la Tango que reinó en el Mundial 78.

Es que, a 35 años de México 86, la memoria emotiva asocia esa pelota a la magia de Maradona. A su polémico gol con la mano, claro, pero también a la contestación siguiente marcando el mejor gol de la historia de los Mundiales. Quizá por eso, aquella pelota que ahora cambiaba el cuero por el sintético y dibujó los mejores goles y jugadas de las historia de los mundiales nos parezca la más linda de todos los tiempos.



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